Opinión

  • | 2004/04/02 00:00

    Impuestos: una nota discordante

    En los debates sobre la próxima reforma tributaria echo de menos algunas consideraciones realistas, aunque antipáticas.

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En las discusiones tributarias entre los miembros del acuerdo político veo prolongarse la tendencia de los últimos años a esquivar aspectos claves del problema e ir tejiendo, vía aprovechamientos oportunistas, omisiones interesadas y claudicaciones veloces, una colcha de retazos que no alcanzará a taparle ni las pantorrillas al déficit, y que seguirá exigiendo recortes fiscales de emergencia y nuevas reformas tributarias año de por medio.

La primera consideración antipática que quiero hacer es que la próxima reforma deberá allegar recursos muy superiores a los de la última, solo para poder mantener un déficit fiscal similar al actual, que estimo adecuado bajo condiciones de crecimiento económico aceptable. La proposición adquiere un significado preciso cuando se reconoce que esa reforma deberá asegurar durante muchos años no solo ingresos similares a los que generará, en forma transitoria, la reforma tributaria de 2002, sino cubrir el hueco que dejará el final del Plan Colombia y sustituir los impuestos sobre importaciones que se perderán como resultado del TLC.

Respecto al Plan Colombia, comparto la opinión de quienes han señalado que las Farc están esperando que, una vez termine el aporte de Estados Unidos, del orden de US$600 millones por año, el esfuerzo presupuestal para la recuperación del orden público descienda en forma dramática. Validar esas expectativas sería fatal. En cuanto al sacrificio fiscal del TLC, todos los estudios muestran que podría ser de US$300-500 millones por año. En conjunto, estamos hablando de unos US$1.000 millones de ingresos que van a tener que reemplazarse.

La segunda consideración antipática es que, contra todo lo que se ha venido machacando, no solo no es realista sino inapropiado apuntar a una estructura tributaria de largo plazo en un país cuyo principal problema hasta el final de la década será recuperar la paz y, luego, consolidarla. Una cosa es evitar medidas tributarias tan provisionales que exacerben la incertidumbre, y otra es no reconocer que la financiación de una guerra exige instrumentos impositivos diferentes a los de una economía de paz. Si ello no se reconoce podría incurrirse en el error de rechazar soluciones tributarias transitorias válidas. En particular, el empleo de los tradicionales criterios de eficiencia y equidad para evaluar la estructura tributaria puede llevar a conclusiones inadecuadas.

Un ejemplo. Creo que el IVA propuesto por el gobierno de 2% para los bienes y servicios hoy exentos de ese impuesto, como la salud y la educación, es muy regresivo cuando se considera en forma aislada, y hasta ineficiente pues, desde el punto de vista del largo plazo, a la sociedad colombiana le convendría subsidiar en lugar de gravar la demanda de salud y educación. También creo que un impuesto al patrimonio combinado con una tasa de renta de 38,5% como la actual puede ser un serio obstáculo a la inversión en el largo plazo. Pero la coexistencia de esos impuestos tendría el mérito de hacer una contribución fiscal importante al tiempo que aseguraría cierta compensación distributiva. La combinación me parecería aceptable, al menos mientras se recupera el orden público, pero la eliminación del impuesto al patrimonio o la reducción de la sobretasa a la renta para ser reemplazados por el IVA a la salud y la educación, como se ha sugerido, sería aberrante.

El último punto que quiero mencionar es que en todos mis cálculos un "impuesto inflacionario" como el actual, que implica una emisión monetaria anual del orden del 1% del Producto Interno Bruto, puede y debe jugar un papel clave en la optimización fiscal. No creo que ese impuesto inflacionario esté causando daño a la economía y estimo que sería un grave error renunciar a ese impuesto, que en las actuales circunstancias es más eficiente y quizás hasta más equitativo que cualquier otro posible reemplazo.

En Dinero puedo darme el lujo de especular ocasionalmente sobre lo que debería hacerse. Normalmente estoy muy presionado a hacer conjeturas sobre lo que va a ocurrir, pero eso es fácil en esta ocasión: por razones tácticas los funcionarios van a restarle importancia a las consecuencias fiscales del TLC; se va a continuar botando corriente -y plata en consultorías- en recomendaciones sobre una estructura tributaria "permanente", que no tiene posibilidad ni mérito en las actuales circunstancias; y se seguirá emitiendo dinero en montos inferiores al óptimo y siempre de manera encubierta y no programada.
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