Opinión

  • | 2006/04/18 00:00

    Impuestos competitivos

    La nueva reforma tributaria debe utilizarse como herramienta para mejorar la competitividad del país.

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Una vez más, como ya es costumbre en Colombia, estamos ad portas de una nueva reforma tributaria. Infortunadamente, lo único que han logrado estas reformas es armar un sistema complejo, caracterizado por altas tasas para los "grandes contribuyentes" y los asalariados. Mientras tanto, el sector "informal" y algunos sectores con poder de presión continúan pagando muy pocos impuestos. Como resultado, el actual esquema tributario no solo es ineficaz en el recaudo sino que crea enormes incentivos a la "informalización" de la economía. Esta vez, el resultado de la reforma tributaria podría ser diferente. Tras un profundo debate público en los últimos años, se ha generado un consenso alrededor de la necesidad de cambiar el esquema para fomentar la competitividad del país. Adicionalmente, dependiendo del resultado de las elecciones, el gobierno podría contar con amplias mayorías en el Senado y la Cámara para aprobar las leyes que arreglen los problemas de fondo. Para enriquecer el debate que se avecina propongo que las propuestas se evalúen en términos de tres principios clave: 1. Simplicidad y colaboración ciudadana Como ya lo expuse en esta revista en el pasado, los impuestos más eficaces en términos de recaudo son aquellos que no requieren declaraciones complejas, son de fácil cálculo y cuyo recaudo puede ser hecho por el sector financiero. El IVA es el mejor impuesto desde este punto de vista. Por tanto, es clave que la reforma tributaria amplíe la base tributaria de este impuesto. Hoy aplica a menos del 50% de la economía. También es crítico lograr que la ciudadanía colabore con las autoridades en el recaudo para evitar la evasión por parte de la "informalidad". La devolución parcial del IVA por compra con tarjetas fue una gran idea en este sentido. Se deberían introducir incentivos adicionales de colaboración ciudadana, como rifas para quienes envíen recibos de compras, como se hace en muchos países. 2. Promoción de la inversión Para que el país aumente su competitividad es muy importante que la inversión como porcentaje del PIB supere el 25%. En este sentido, desde el punto de vista tributario, la mejor medida consiste en mantener una baja tasa de impuesto de renta. La menor tasa de impuesto de renta incentiva la inversión, porque aumenta la rentabilidad de las nuevas inversiones y nos hace más competitivos como país para atraer inversión extranjera. Infortunadamente, estudios recientes indican que el sector "formal" en Colombia está pagando tasas marginales de impuesto sobre la renta cercanas al 40%. En ese nivel, somos el país con la mayor tasa de impuesto de renta en América Latina. Irlanda es un buen ejemplo para ilustrar los beneficios de una baja tasa de impuesto de renta. Allí se utilizó la baja tasa de impuesto sobre la renta como una de sus principales estrategias para atraer inversión extranjera. Hoy, Irlanda tiene una tasa del 15%. El auge en inversión que se generó en Irlanda en los últimos 25 años permitió a ese país pasar del último al primer lugar en términos de ingreso per cápita en la Comunidad Económica Europea. El Ministerio de Hacienda ha propuesto reducir la tasa al 28%. En mi opinión, es necesaria una propuesta más agresiva para que se genere un incentivo realmente interesante. Un compromiso viable podría consistir en reducir la tasa al 20%, a cambio de eliminar exenciones e introducir un impuesto a los dividendos. Esto ampliaría la base tributaria e incentivaría a las empresas a reinvertir utilidades en vez de pagar dividendos. 3. Contención al crecimiento del gasto público Finalmente, es crítico asegurar que no se borre con el codo lo que se escriba con la mano. La nueva propuesta debe tener elementos que limiten el crecimiento del gasto público. La experiencia colombiana de los últimos 15 años demuestra que a mayor recaudo, mayor déficit del gobierno central. La reforma tributaria debe servir para resolver el déficit del gobierno central de una vez por todas. Solo así se podrá bajar el peso de la deuda pública y lograr una calificación de grado de inversión en los mercados de capitales. El mejor incentivo a la inversión es un entorno macroeconómico estable, con bajas tasas de interés a largo plazo. En el caso europeo se logró contener la tendencia a mayor endeudamiento y gasto público por el tratado de Maastrich, en el cual los países firmantes se comprometieron a respetar límites en términos de la inflación, el déficit fiscal y la deuda pública con el objetivo de darle estabilidad a la nueva moneda, el euro. En el caso colombiano, tendríamos que generar estas restricciones constitucionales, de tal forma que no se puedan cambiar fácilmente por el gobierno de turno.
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