Opinión

  • | 2007/10/12 00:00

    Impresiones de un viaje: Vivir para ver

    Myanmar, o sea la antigua Birmania, es tal vez el último país en que una cultura diferente a la ‘capitalista, democrática y occidental’ aún subsiste.

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Tuve la oportunidad de estudiar a mediados de los 60's en la República Democrática Alemana (RDA), más conocida como Alemania Oriental o Alemania Comunista.

Era entonces el momento más álgido de la guerra fría, cuando se generó la clasificación de países del primer mundo -los industriales capitalistas desarrollados-, del segundo mundo -aquellos que buscarían el desarrollo por la vía del socialismo- y los del tercer mundo que no pertenecían a ninguna de esas dos categorías.

Alemania quedó dividida por las cuatro potencias victoriosas en cuatro zonas de ocupación, quedando la británica, la americana y la francesa a un lado y del otro la soviética que para forzar la separación construyó el famoso Muro de Berlín.

Era entonces la RDA un Estado independiente, el más duro como régimen por las condiciones ya anotadas, y el más pobre por la destrucción sufrida durante la guerra y por no recibir como la otra Alemania la ayuda del plan Marshall.

En el otro extremo del mundo el desarrollo de esa 'guerra fría' estaba también en su momento más caliente, con los americanos tratando de acabar con la República Democrática del Vietnam, apoyando el régimen que ellos mismos habían inventado de Vietnam del Sur.

Dentro del principio de solidaridad de los pueblos, la RDA becaba centenares de estudiantes del Vietnam para que pudieran prepararse mientras se desarrollaba la guerra.

Recuerdo cómo me impresionaba la dedicación de ellos al estudio y sobre todo la razón que daban y el énfasis que ponían en que lo hacían porque ese era el frente de guerra que les había correspondido, o sea el de prepararse para el momento en que derrotaran a los americanos.

Al ver el VietNam de hoy no puedo menos que pensar en la cantidad de paradojas que el transcurso del tiempo crea.

Ya no existen dos Alemanias ni dos Vietnams, y en la práctica en ambos casos desaparecieron esa porción de su historia; si acaso los mencionan es como episodios pasajeros, como si no hubieran marcado la historia del mundo, ni hubieran sido los momentos más críticos de su propia historia.

Hoy esos dos países -cada uno a su manera- se entregan a la filosofía contraria, a aquella de la cual se convirtieron en símbolo: Alemania Oriental, ya integrada a la Alemania Federal, forma parte del país más capitalista de Europa Occidental y Vietnam del Norte, después de haber conquistado a su contraparte del Sur y haber despachado a los americanos, hoy los recibe con brazos abiertos, ya sea con sus cámaras fotográficas o con sus millonarias empresas trasnacionales.

Por otro lado, llama la atención lo controversial que puede ser el sentido de 'democrático', cuando las dos repúblicas que lo incluían en su nombre fueron consideradas no solo contrarias y enemigas de la democracia, sino un supuesto peligro para ella. De las dos acepciones de esa palabra (la que la define como la búsqueda de una mejor distribución de los recursos, riqueza y poder en una comunidad, y la que se refiere únicamente a los procesos con los que eso eventualmente se logra), desapareció la que fijaba un objetivo, la que suponía ser la esencia, y se preservó solo la de la forma.

Pero más difícil de entender aun es el caso de Myanmar, o sea la antigua Birmania.

Mi percepción superficial -de solo hablar con el guía y la poca información que se puede recibir en cuatro o cinco días- es que es el último país en que una cultura diferente a la 'capitalista, democrática y occidental' aun subsiste.

Siendo el último país en 'abrirse' al resto del mundo, se puede decir que no ha superado la etapa preindustrial. Sorprende por ejemplo que hasta hace dos años, con una población de 60 millones de habitantes, tenía una capacidad de generación eléctrica de solo 400.000 kilovatios (Colombia supera los 8 millones); se puede considerar casi como una teocracia, en la medida que el budismo es el que define el modo de vida de sus habitantes. Con 400.000 monjes y ningún otro poder sobre las masas, son ellos quienes representan y defienden el interés público -no existen medios de opinión masiva fuera de una radio oficial, y por razones económicas y de infraestructura los canales de televisión extranjera tienen un mínimo acceso a la población-.

El principio de la organización social es alrededor de la solidaridad, pero no entendida como la caridad con la mendicidad; en reemplazo se ubican diferentes urnas en los templos para que los monjes cumplan diferentes propósitos específicos -alimentación, iluminación, culto, protección de animales, etc.-; es la costumbre, además, que cualquier individuo puede pedir hospitalidad (alimento y hospedaje) durante un par de días en cualquier casa -y en principio mal visto no cumplirla, por lo menos en los caseríos-.

Ese país se ha convertido en símbolo de violación a los derechos humanos, pero entendidos estos solo como los llamados de primera generación, o sea los civiles y políticos (libertad de opinión, de asociación, de expresión); contradictorio esto con que en el momento en el mundo ya se acepta que estos no tiene prioridad sobre los de segunda generación, o sea los sociales, económicos y culturales (educación, salud, etc.), y que los de tercera generación o colectivos (medio ambiente) comienzan a ser prioritarios. En esto la paradoja no solo consiste en que cumplen mejor que otros estos propósitos (por ejemplo 95% de alfabetización), sino que sean los Estados Unidos los que promueven sanciones contra ese país, cuando al mismo tiempo el Gobierno americano expide leyes que anulan el habeas corpus, definen que tortura solo existe si se produce lesión física, legitiman las guerras 'preventivas' y en general violan lo que en relación a otros países son los derechos humanos y desaparecen internamente las garantías del ciudadano.

Es una muestra de hasta dónde la 'occidentalización' se ha vuelto la única opción del mundo, pues la revuelta de Myanmar no es propiamente por violaciones a derechos humanos en el sentido que lo entendemos nosotros, sino en el de la valoración que el gobierno americano ha impuesto en el mundo: lo que pretenden es tumbar un gobierno que les impide globalizarse y tener autoridades elegidas electoralmente... Y la última paradoja es que la sanción por no hacerlo es justamente impedirles el comercio exterior -o sea la globalización- y violar los hoy llamados Derechos Humanos de cuarta generación o sea el derecho al desarrollo, castigando a la población para forzar a que esta se rebele contra los militares que hoy la gobiernan.

Al encontrarse uno con estas paradojas no puede menos que pensar cómo son de pasajeros los grandes conflictos y qué poco dejan como resultado. Ni los enfrentamientos de los 'frentes populares' contra el fascismo que culminaron en la Segunda Guerra Mundial, ni la Guerra Fría con casos como Alemania o Vietnam produjeron avances a la humanidad. Sin embargo, todavía existen gobernantes como Bush que buscan en forma mesiánica imponer su forma de ver el mundo y que hoy directamente o indirectamente a través de gobiernos 'aliados' siguen construyendo muros (en Israel o en la frontera con México), o siguen declarando guerras contra 'El Mal' ya sea con el nombre de comunismo, de droga o de terrorismo.
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