Opinión

  • | 2004/07/23 00:00

    Impotencia cambiaria

    Nuestra autoridad cambiaria dice que ya hizo todo lo posible, y parece incapaz de evitar una transitoria, pero desastrosa, revaluación adicional del peso

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El 20 de julio, la Tasa Representativa de Mercado, TRM, estuvo más de 8% por debajo de hace un año. Algunos consideran eso maravilloso, porque hoy un salario compra más importaciones. Otros recordamos haber visto esa película y que un exagerado abaratamiento del dólar empeora la balanza de pagos, frena el crecimiento y hace inevitable un doloroso ajuste más adelante.

He oído a algunas personas decir que la caída del dólar es un fenómeno mundial, al cual es inútil resistirse. No es cierto. Este año la mayoría de los países emergentes mantuvieron fijas sus monedas frente al dólar, como China y El Salvador, o devaluaron, como Filipinas, México y los centroamericanos.

No tengo espacio para discutir las causas del actual exceso local de dólares, pero quiero precisar que ellas tienen muy poca relación con mejoras de la balanza comercial o con aumentos de las remesas de trabajadores. Algo hay de canalización por el mercado bancario de una plata que antes se movía por vías diferentes. Adivine cuál. Y mucho hay de entradas de capitales. Dejemos la cosa así para poder ocuparnos del asunto clave: si puede o no hacerse algo más para evitar que el dólar siga cayendo, y cebando la bomba de una futura crisis cambiaria.

Cualquiera que mire las cifras del resto del mundo tendrá que reconocer que, aunque aquí el Banco de la República no se ha cruzado de brazos, es necio afirmar que la revaluación de la moneda local frente al dólar es "inevitable" cuando a los capitales externos les da por venir a un país. Los asiáticos lograron evitar total o casi totalmente la revaluación a pesar de tener, en contraste con los lastimosos indicadores externos de Colombia, enormes superávits comerciales, reservas internacionales cuantiosas y calificaciones de riesgo mucho mejores que las nuestras.

¿Cómo lo hicieron? Principalmente con dos instrumentos. Primero, mantuvieron tasas de interés muy bajas. China, con inmensas reservas y donde todo el mundo cree que viene una revaluación frente al dólar, habría sido inundada de capitales especulativos si sus tasas de interés hubieran sido tan altas como las nuestras. Pero, al menos hasta ahora, China ha resistido la recomendación de muchos analistas externos de subir sus tasas de interés pasivas, que no llegan a la mitad de las colombianas. Algo similar ocurrió en la mayoría de las otras naciones asiáticas. Sin embargo, me temo que hoy el Banco de la República se inclina más a subir sus tasas que a bajarlas.

El segundo instrumento usado por los países asiáticos para evitar la apreciación de sus monedas fue la acumulación de reservas. Por ejemplo, las reservas internacionales de China se duplicaron en los últimos dos años, hasta representar un tercio de su PIB. Ello no ocurrió porque China quisiera mostrarles una foto atractiva a los eventuales prestamistas o inversionistas externos de cartera -el necio argumento que suele usarse en América Latina para recomendar que las reservas internacionales se eleven- sino porque la compra de reservas con una montaña de renmimbis, era indispensable para evitar la revaluación y mantener la solidez real de la balanza de pagos.

En Colombia las autoridades dicen que ya se agotó el margen para la compra de reservas con emisión y que, en cualquier caso, la sustentación cambiaria anula la posibilidad de emitir para financiar una parte del déficit fiscal del gobierno. Por ello este tendrá que acudir en mayor proporción al mercado local, así se eleven las tasas de interés, o a créditos externos, aumentando así el exceso de dólares. La opción de usar el margen monetario para comprar más reservas, evitando que el dólar siga cayendo, y poner el excedente a la disposición del gobierno, para que este no tenga que elevar su deuda externa, sigue siendo descalificada con el sesudo argumento de que dañaría la foto que queremos presentarles a los prestamistas. Parece aún lejano el día cuando aquí, como en Asia, la prioridad de la autoridad económica colombiana no sea mostrarle al resto del mundo que tenemos suficientes reservas para atender la próxima crisis cambiaria, sino prevenir la crisis.
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