Opinión

  • | 1999/05/07 00:00

    Impacto social de la crisis

    Para financiar un plan de empleo, es necesario reasignar ciertos recursos como los del Sena y el ICBF.

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Las recientes cifras que sitúan el desempleo en casi el 20% son sumamente preocupantes. Esto evidencia una crisis económica con efectos sociales considerables, que se reflejan en reducción del consumo familiar, desnutrición y aumento de la deserción escolar, como ha ocurrido en otros países. Lo más preocupante es que el alto desempleo durará mucho tiempo. En Chile, por ejemplo, el alto desempleo de inicios de los 80 sólo se pudo reducir a menos del 10% seis años después, aun cuando el país crecía a más del 6% anual. Esto porque, cuando aumenta el desempleo, se crea un alto stock de personas que habrá que absorber cada año además de las nuevas que buscan trabajo.



¿Qué hacer?



Una opción son los programas intensivos en mano de obra, como los subsidios directos a vivienda ya anunciados. La duda es si éstos podrán implementarse o si, como ha ocurrido antes, los recursos se quedan sin desembolsar en bancos y cooperativas. Estos programas ya se han ensayado en Colombia, siguiendo las experiencias de Chile y Costa Rica. En Colombia no han funcionado porque se ha descuidado la logística, la selección de beneficiarios y el pago a los constructores se han politizado y se ha perdido el dinero.



Otra medida adecuada sería el entrenamiento de menores de 30 años. Dada la baja calificación de nuestra mano de obra, deberíamos implantar programas masivos de capacitación en el trabajo. Para esto se deben introducir programas de aprendices que permitan el pago de becas en vez de salarios por el sector privado.



Reactivación del campo, mediante el saneamiento (reprogramación u otra medida) de las deudas de los agricultores para que puedan ser sujetos de crédito. También mediante subsidios directos para pequeños agricultores, muchos de los cuales no han recibido crédito alguno, como se ha hecho en México y varios países de Europa del Este, bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio, OMC.



Subsidios alimentarios a pobres y vulnerables (ancianos, mujeres jefes de hogar, desplazados) que han reducido su alimentación y nutrición. A éstos se les pueden dar bonos o vouchers para comprar alimentos y aliviar los efectos adversos de la crisis sobre el consumo.



Para financiar estos programas frente al ajuste fiscal, es indispensable racionalizar los recursos existentes, entre ellos los del Sena y el ICBF. También debe verse si en vez de capitalizar entidades públicas, subsidiando a los más pudientes, se pueden destinar recursos a programas de subsidio directo a pequeños campesinos y a los grupos vulnerables de la población fuertemente afectados por la crisis.
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