Opinión

  • | 2008/11/07 00:00

    Impacto de la crisis ¿Qué hacer?

    El Gobierno debería aumentar la inversión pública para contrarrestar el ciclo depresivo. Pero no podrá hacerlo porque no ahorró lo suficiente en los buenos tiempos.

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En estos días se discute mucho qué hacer frente a los impactos de la crisis internacional. La discusión parece suponer que la fuerte desaceleración que estamos viviendo se debe a la crisis externa. Pero no es así. Las exportaciones, la inversión extranjera y las remesas han seguido creciendo a buen ritmo. Los precios de la mayoría de nuestros productos básicos de exportación (petróleo, carbón, café) están aún a niveles altos en comparación con las últimas dos décadas, a pesar de las caídas recientes. Los efectos de la suspensión reciente del acceso al crédito externo apenas comienzan a sentirse. Entonces, ¿por qué una desaceleración tan fuerte? ¿Qué se puede esperar cuando los efectos de la crisis internacional nos golpeen de lleno, como sin duda ocurrirá en los próximos meses? y ¿qué puede y debe hacerse al respecto?

Las cifras de desaceleración son en verdad dramáticas. El crecimiento del PIB cayó del 8%, en el último trimestre de 2007, a apenas 3,7% en el segundo trimestre de 2008. La actividad manufacturera cayó cerca de un 9% en año completo, según el Dane. Los indicadores de confianza industrial y de condiciones para la inversión de la encuesta de opinión empresarial de Fedesarrollo, que han demostrado ser indicadores líderes de lo que ocurre en la actividad real, se han desplomado. Lo mismo sucede con los indicadores de la actividad constructora (licencias y ventas). Asimismo, las cifras de crecimiento del comercio minorista han venido cayendo, aunque tuvieron un pequeño repunte en julio. El Índice de Confianza del Consumidor también se ha desplomado.

La gráfica adjunta muestra que la caída del crecimiento del PIB se ha debido exclusivamente a la reducción del crecimiento de la demanda doméstica, de la inversión y el consumo privado y público. El comercio exterior, por el contrario, ayudó a que la caída no fuera mayor: las exportaciones continuaron creciendo y, en cambio, se contrajo el crecimiento de las importaciones. En otras palabras, la fuerte desaceleración que estamos sintiendo es hecha en casa. Las cifras indican que a la Junta del Banco de la República se le fue la mano en el ajuste monetario, a pesar de lo que digan sus miembros y sus defensores.

Y los próximos meses serán duros. El acceso al crédito externo privado estará virtualmente suspendido por causa de la crisis financiera internacional. Por fortuna, esta situación nos encuentra con un nivel alto de reservas internacionales y con menor deuda externa de corto plazo. No obstante, el país tiene un alto déficit en cuenta corriente que requiere financiamiento externo. Este déficit ha estado financiado por altos niveles de inversión extranjera, que han evitado un creciente endeudamiento externo. Sin embargo, los flujos de inversión extranjera decaerán, ya que muchos inversionistas internacionales recortarán sus inversiones globales, como consecuencia de una mayor dificultad para financiarlas y una mayor aversión al riesgo. Algunas inversiones externas, como las de portafolio, son además sensibles al menor crecimiento de nuestra economía. Por fortuna seguirá viniendo inversión extranjera a la minería y los hidrocarburos, gracias a que sus precios aún se mantienen a niveles altos, lo que las hace todavía muy atractivas. Eso, por supuesto, siempre y cuando China e India sigan creciendo a ritmos altos, pues si estas economías sufrieran una desaceleración fuerte su menor demanda, aunada a la de los países industriales en recesión, causaría un colapso en los precios de los productos básicos.

La recesión que el Fondo Monetario pronostica en los Estados Unidos y Europa, y la fuerte desaceleración que se espera en Venezuela y Ecuador, terminarán por afectar las remesas de colombianos trabajando en esos países, que están sufriendo una reducción en sus ingresos. Impactarán también el ritmo de crecimiento de nuestras exportaciones menores, a pesar de que la devaluación reciente las ayudará a mitigar el impacto de la menor demanda externa.

¿Qué hacer entonces? En estas circunstancias el Gobierno Nacional debería aumentar la inversión pública para contrarrestar el ciclo depresivo. Pero no podrá hacerlo porque no quiso ahorrar lo suficiente en los buenos tiempos. Tiene aun un alto déficit fiscal. Verá reducir sus ingresos corrientes por los menores precios del petróleo y otros productos de exportación, por el menor crecimiento económico doméstico y por el peso creciente de los múltiples beneficios tributarios que ha venido otorgando. Asimismo, tendrá dificultades en realizar todas las privatizaciones planeadas y un menor acceso al financiamiento externo, aun con la ayuda de la Banca Multilateral. Los Departamentos y Municipios pueden ayudar algo, porque tienen finanzas más sanas, pero sus niveles de inversión son modestos. El Banco de la República está en mejor posición para ayudar. Como antes se le fue la mano en el apretón, ahora tiene mucho campo para soltar. Sobre todo, porque la inflación será más baja el año entrante, como consecuencia de la propia desaceleración doméstica y de la caída de los precios internacionales de energéticos y alimentos. Por fortuna, la Junta ha comprendido bien la situación y ya comenzó a tomar medidas, como la reducción de encajes, que van en esta dirección.

La desaceleración y la menor inflación esperada para el año entrante plantean otro reto clave: es necesario actuar con suma prudencia en materia salarial. Si los salarios se ajustan con base en el nivel excepcionalmente alto que se registró en 2008, habría un incremento importante de los costos salariales reales en 2009, en plena desaceleración. En esas condiciones, la inflación bajaría más lentamente y la tasa de desempleo, que aumentará de cualquier manera, se dispararía a niveles muy peligrosos. Todos los participantes en las negociaciones del salario mínimo, de los salarios públicos y de los salarios privados, deben tener estas realidades muy en cuenta. Además, un ajuste alto de salarios públicos obligaría a un recorte mayor en la inversión pública, lo que resulta completamente contraindicado bajo las tendencias recesivas actuales. Preocupa que el Gobierno aún no se haya desmontado de las iniciativas en favor de la reelección inmediata, pues esta circunstancia le otorga un desafortunado tinte electoral a estas decisiones cruciales para el bienestar de todos los colombianos.

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