Opinión

  • | 2010/05/14 00:00

    Ideas para aspirantes a Premio Nobel de Economía

    Estamos en mora de crear el Mercado Ambiental Global como única herramienta racional para regular eficientemente el medio ambiente.

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En anteriores columnas he planteado la posibilidad de propiciar un mecanismo que contribuya a regular y a estimular al mundo económico, a los gobiernos y a los ciudadanos a actuar de acuerdo con los intereses de largo plazo de la humanidad y del planeta.

La hipótesis general es la de que las principales razones por las cuales la humanidad no enfrenta el tema del calentamiento global son dos. Por un lado, no hay temor suficiente a las consecuencias de no detener el efecto climático; no estamos, por ejemplo, frente a una amenaza nuclear que haría reaccionar a todos sin egoísmos. Y, por el otro, hay demasiados intereses económicos envueltos en las causas del calentamiento global y no se ha construido un esquema que solucione el modelo

Como la mayoría de los grandes problemas de la humanidad, las causas están en cabeza de múltiples agentes. Cada uno de ellos siente que no está en sus manos la solución al problema y, más aún, la mayoría siente que si pone "su granito de arena" sin que el resto haga lo mismo, se produce entonces una carga injusta en su contra. En otras palabras, ¿será que estoy asumiendo solo la solución de un problema que es de todos? O, ¿lo que hago solo no tiene ningún efecto real sobre la solución? Estas son preguntas frecuentes en los grandes temas de la humanidad. Los problemas de guerra y paz, o de reducción de pobreza son, la mayoría de las veces, de este mismo corte.

La gran virtud de este dilema es que una buena parte del mismo puede ser considerado como un problema económico, lo que lo vuelve medible, subsidiable, compensable, tasable y, por lo tanto, solucionable. Casi todo lo que se puede medir es sujeto de ponerle precio y se podría transar.

Los intereses económicos incorporados son de diversa índole. Algunos países que viven de la explotación de maderas tendrían que reducir su actividad, ¿cuántas personas perderían sus empleos? Otros países y compañías cuentan con el petróleo como su gran fuente de recursos, ellos tienen que moderar su producción e implementar nuevos sistemas de refinación. Están las industrias que deberían implementar sistemas de reducción de los gases emitidos y los países cuya frontera agrícola está en el límite de utilización. Están los consumidores, los pescadores, los agricultores.

¿Quién debería asumir el costo? ¿Unos? ¿Todos? ¿Es lo mismo no usar el carro, que cerrar una industria o invertir en reducir los gases? ¿Es lo mismo no talar un árbol que utilizar un automóvil híbrido? En la definición de las equivalencias y en cómo transarlas está la clave del modelo. El mercado de certificados de carbono es un primer, aunque tímido paso, tras ese objetivo. Pero está lejos de ser suficiente.

No nos digamos mentiras, compromisos derivados de los pactos y protocolos de Kyoto o Copenhague nunca producirán la solución a un problema de tantas aristas. ¿Cómo alinear los intereses de tantos agentes distintos?

Creo que la única solución es profundizar en una propuesta hecha hace unos meses: se deberían dedicar grandes esfuerzos en crear e impulsar un mercado ambiental global que permita cobrar, pagar y transar por los costos y beneficios de contar con un planeta menos contaminado, más limpio. Hay que cobrarle a cada individuo, compañía, industria o país, el daño que le haga al medio ambiente. Al tiempo que hay que pagarle y reconocerle a quien hace un esfuerzo por reducir emisiones o tiene procesos que limpian el aire o los ecosistemas. Así, por ejemplo, si un país como China decide acelerar su crecimiento a costa del medio ambiente, debe pagar por ello o, si por el contrario, decide acometer una acción de reducción de emisiones, en contra de su desarrollo, habría que reconocérselo.

No es sencillo, es un gran reto, quizás del mismo calibre que inventarnos un combustible que no produzca emisiones. Pero, por lo mismo, es un esfuerzo que se justifica. Puede ser tan sofisticado que me atrevería a decir que, quien sea capaz de especificar un modelo así, será candidatizado al Premio Nobel, de forma que ahí les dejo esta idea a todos los economistas brillantes de este mundo.

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