Opinión

  • | 2010/11/26 00:00

    ¿Hay futuro para el euro?

    El panorama actual apunta a que los países desarrollados mantendrán esa puja constante por remediar un problema local utilizando una guerra sin tregua de monedas para cumplir un objetivo propio.

COMPARTIR

Las condiciones de Irlanda, Grecia, Portugal y España indicarían que, a menos que reestructuren su deuda, será muy difícil su viabilidad a largo plazo. Los europeos deben ver que han estado viviendo por encima de sus posibilidades durante muchos años. Algunos países de la Unión Europea podrían decidir dejar la moneda común.

Después de las fuertes tensiones que se vivieron en Europa antes del verano, parecía que la tormenta había pasado. Sin embargo, como hemos comentado varias veces en esta revista, no se solucionaron los problemas de fondo y lo único que se hizo fue poner un parche, sin atacar las causas del problema.

En este momento, la presión de los mercados se está cebando más en Irlanda y Portugal que en el resto de los miembros de la Unión. Hoy en día, son el eslabón más débil de la cadena, lo cual no significa que otros países no sigan sufriendo desequilibrios fundamentales que saldrán a flote si no se solucionan rápidamente. Recientemente, en Portugal, uno de los miembros del gobierno sugirió la posibilidad de abandonar el euro como forma de tener mayor flexibilidad para ajustar sus finanzas. Posteriormente se desmintió esa intención y el resto de los miembros de la UE lo negaron, pero una cosa es lo que dicen públicamente y otra lo que piensan en la realidad.

La grave situación actual de Irlanda, después del serio recorte de sus gastos que hicieron hace pocos meses, viene por el compromiso del gobierno de sostener a sus bancos para que no se produzca una quiebra provocada por una corrida de depósitos. En realidad, lo que están intentando es evitarle un riesgo a todo el sistema, que se propague como efecto dominó al resto de los países europeos. En el momento en que escribo estas líneas hay una fuerte presión de los reguladores comunitarios para extenderle una línea de salvación al país, que podría llegar a los 100.000 millones de euros. Las autoridades irlandesas niegan la ayuda, pero es muy posible que finalmente la acaben aceptando.

Lo que en realidad está pasando es que existen dos velocidades dentro de los países miembros de la UE. Unos con sus finanzas públicas más saneadas, y con un crecimiento relativamente estable después de la grave crisis, y otro grupo en una situación financiera mucho peor. Estos últimos, al estar siendo castigados por los mercados y al tener que pagar mucho más por su deuda, entran en una espiral negativa que les impide recuperarse. El diferencial de los bonos de Grecia frente a los alemanes es de 900 puntos básicos, el de Irlanda de casi 600, el de Portugal de 400 y el de España de 200. Lo que están indicando es un riesgo alto de impago o reestructuración de su deuda en los próximos diez años. Pero eso mismo les dispara su coste de financiación de la deuda y sobre todo de emisión de nuevas obligaciones, en un momento en que se les está venciendo su deuda antigua más barata.

En mi impresión, el riesgo es mucho mayor de lo que parece. Es muy difícil que antes o después no tengan que sincerar sus finanzas públicas y, sobre todo, hacer un acuerdo con sus deudores para alargar los plazos, quitar parte del capital o bajar los intereses. La canciller Merkel hizo unas declaraciones en Seúl bastante explosivas. Indicaba en las mismas que los inversionistas tienen que asumir la parte del riesgo que están tomando y que ello podría implicar que pierdan parte de su capital. Esto es una realidad difícil de evitar. A no ser que se reestructuren las deudas de algunos de estos países, es muy difícil su viabilidad a largo plazo.

Al no contar con los instrumentos de política monetaria para poder devaluar sus monedas al haber transferido ese poder al Banco Central Europeo en Frankfurt, todo el ajuste lo están haciendo mediante recorte de gastos e incremento de ingresos. Los europeos se tienen que dar cuenta de que han estado viviendo por encima de sus posibilidades durante muchos años. No hay país que soporte el sistema de gastos actual del Estado de bienestar europeo. Es necesario que alarguen las edades de jubilación de sus trabajadores y posiblemente que reduzcan sus beneficios sociales. Es muy duro, pero inevitable.

Todo ello lleva al origen de mi pregunta en el título de la columna de hoy: ¿Hay futuro para el euro? Nadie se atreve a decirlo, pero es muy posible que algunos de sus miembros opten por salir del mismo (si no son expulsados antes) y aprovechen para ganar competitividad mediante la devaluación de sus monedas. Habría otros que se quedarían e intentarían llevar unas políticas de control y de austeridad acordes con el resto de sus socios. Pero lo que será muy difícil, es mantener un euro fuerte a largo plazo y, la principal razón, es que al país más fuerte de la Unión Europea, Alemania, claramente no le beneficia, al ser netamente exportador.

No creo que sea un drama el que algunos países se salgan del euro, ya que varios de los miembros de la UE no tienen una moneda común, como es el caso del Reino Unido, Suecia y Dinamarca, entre otros. Si bien, cuando pase, lo normal es que dicha inestabilidad y, sobre todo, incertidumbre pueda llevar a la moneda única a sus mínimos de 2010 ó incluso más bajos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?