Hagamos algo

| 6/23/2000 12:00:00 AM

Hagamos algo

Cada noche, diez millones de colombianos se acuestan con hambre. Las soluciones son urgentes.

por Alvaro Uribe Vélez

En 1999 se desmontó la antigua banda, la tasa de cambio superó el rezago y bajaron los intereses locales. Lo anterior, sumado al Plan Estratégico Exportador, ha permitido el repunte de las exportaciones, que ojalá se consolide como tendencia de mediano y largo plazo. Sin duda, estimulará la competitividad, el crecimiento y el ingreso de los colombianos. Pero su efecto sobre el empleo tardará, en razón de la severidad de los ajustes, el temor de los empresarios a las crisis y el alto desempleo.

La grave situación fiscal, de desempleo y miseria ha estimulado que algunos pidan financiaciones extraordinarias por parte del Banco de la República. Para asumir este debate, debe quedar en claro qué puede financiar el Banco y qué no, como intereses particulares o gastos burocráticos.



Es preciso acelerar la disminución de los gastos politiqueros. De lo contrario, aparecerá el riesgo de incumplir con la deuda y de que el fisco acuda al Banco para normalizar su servicio. En este sentido, el referendo tiene la virtud de ahorrar $600.000 millones. La dirigencia política debería entender que el gasto burocrático es con la inflación el mayor enemigo de los pobres, como lo ratifica el reciente estudio de David Dollar y Aaart Kraay del Banco Mundial.



En 1982, la Junta Monetaria creó con recursos del Banrepública un fondo para reactivación de ciudades con alto índice de desempleo. Algunas ciudades redujeron el desempleo mediante programas masivos de infraestructura. Ahora habría que hacerlo para obras públicas y también para vivienda social. El país tiene capacidad de construir 125.000 viviendas sociales por año, y en el presupuesto hay recursos para escasos 25.000 subsidios, que no están llegando porque los créditos están cerrados para usuarios y constructores. El Ministerio de Desarrollo debería pensar en una fiducia transitoria para crédito a los constructores, que permita pagar las obras de infraestructura, materiales y mano de obra. Resueltos estos obstáculos, se debería crear un mecanismo de financiación por parte del Banrepública que garantice la financiación de 125.000 viviendas por año, más un programa de obras, que genere empleo mientras la industria, la agricultura, los servicios y las exportaciones pueden hacerlo.



Hacer esto en una economía en crisis, sin capacidad instalada ociosa, es echar combustible a la inflación. Sin embargo, hacerlo en la economía colombiana, en crisis, pero con capacidad instalada disponible, es resolver problemas sociales, devolver poder adquisitivo a los sectores populares y acelerar la reactivación. Y hay que definirlo antes de perder la capacidad instalada. De las 9.000 firmas de ingeniería nos quedan 1.200. Todavía tenemos equipos, materiales y conocimientos. Cada noche, 10 millones de colombianos emprenden el sueño con hambre. Hagamos algo.
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