Opinión

  • | 2005/04/15 00:00

    Globalización y tributación

    Con su hiperactividad legisladora, Colombia ha logrado muy poco recaudo tributario adicional y, en cambio, ha perdido mucho en eficiencia y neutralidad.

COMPARTIR

De todas las grandes reformas estructurales de la última década, la tributaria es la que menor atención ha recibido. Esto es paradójico, porque la intensidad reformadora en este campo ha sido impresionante: en cada país de América Latina se aprobaron en promedio 2,5 reformas tributarias de importancia entre 1990 y 2002.

Una mirada superficial a los resultados de estas reformas ofrece un panorama poco alentador: después de todos estos esfuerzos, los ingresos tributarios apenas llegan en promedio al 14,7% del PIB, cuando en la segunda mitad de los 80 eran 15,4% y en los países desarrollados son 30%.

Entre todos los países de la región, solo Brasil, Bolivia y República Dominicana han logrado aumentar la recaudación tributaria en más de tres puntos del PIB. En Colombia, como en la mayoría de los países, los aumentos han sido apenas modestos.

Pero esta evaluación superficial resulta equivocada: tras este aparente estancamiento tributario se esconden cambios muy profundos que los países han tenido que hacer a los regímenes tributarios para responder a la globalización.

La globalización ha reducido la capacidad de tributación por tres canales: ha inducido a los países a bajar los aranceles a las importaciones, ha obligado a moderar las tasas de tributación de las empresas y ha erosionado el potencial tributario de los ingresos de capital de las personas. Todo esto es el resultado de la creciente movilidad internacional de bienes, inversiones y capitales financieros en todo el mundo.

Presionados por la globalización, los países latinoamericanos han aprovechado las reformas para introducir métodos de tributación menos distorsionantes. El IVA ha sido el impuesto número uno en las agendas de reforma. Actualmente, genera ingresos que en promedio representan 5,5% del PIB, es decir, más del 37% de todos los ingresos tributarios de la región.

A pesar de la mayor movilidad de las bases de tributación, los impuestos a los ingresos de empresas e individuos han aumentado del 2,7% del PIB en los 80 a 3,9% en la actualidad, aunque siguen siendo muy bajos para los patrones mundiales o en comparación con los países desarrollados, donde son 12% del PIB.

Como efecto de todos estos cambios, la calidad de los sistemas tributarios ha mejorado mucho, aunque el recaudo total no se ha elevado. De acuerdo con un índice que califica la neutralidad de los sistemas tributarios en una escala de cero a uno, en promedio la región ha pasado de una calificación de 0,34 a mediados de los 80 a más de 0,5 desde mediados de los 90.

Aunque un índice de 0,5 implica que la mitad de la tarea está todavía por hacer, es notorio que prácticamente todos los países han mejorado la calidad de sus regímenes tributarios desde mediados de los 80 (aunque hay un cierto estancamiento a finales de la década del 90 y principios de la actual, posiblemente por la recesión que atravesó América Latina).

Colombia y Bolivia son los únicos países de América Latina donde la calidad del régimen tributario ha echado de para atrás. En la segunda mitad de los 80, Colombia llegó a tener un sistema tributario comparable en calidad al chileno. En la actualidad, califica como uno de los peores de la región.

Como Argentina y otros pocos países con hiperactividad legisladora, Colombia ha logrado muy poco recaudo adicional, con un sacrificio muy elevado de eficiencia y neutralidad tributaria. A menudo se afirma que los sistemas tributarios menos distorsionantes son los más regresivos, sobre todo cuando el IVA es la principal fuente de recaudo. Quizás, pero lo cierto es que en materia de capacidad redistributiva Colombia tampoco lo ha hecho muy bien, sencillamente porque los ingresos tributarios se mantienen muy bajos y el aumento del gasto social ha resultado financiándose, no con impuestos, sino con deuda, que aún no sabemos quién terminará pagando.



Nota: El autor está vinculado al BID, pero sus opiniones no comprometen a esta institución.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?