Opinión

  • | 2008/11/07 00:00

    Gestionando los riesgos

    La actual crisis demostró la fragilidad de instituciones financieras previamente consideradas líderes en gestión de riesgos.

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La actual crisis en el mercado financiero internacional ha sorprendido por su severidad y por la rapidez con que doblegó a algunas de las instituciones financieras más prestigiosas de Estados Unidos y Europa. En la medida en que ha evolucionado la crisis, continúan apareciendo nuevos efectos colaterales que afectan cada vez más la economía real.

Ahora es claro que el problema se inició en el mercado de hipotecas subprime, causado por el bajo rigor con que se originaron y luego se titularizaron estos activos. Estos papeles generaron grandes pérdidas a inversionistas e intermediarios financieros, lo cual eventualmente causó una crisis de confianza alrededor de la solidez de las instituciones financieras y la calidad de los títulos no gubernamentales. Esta desconfianza, a su vez, ha generado el congelamiento del flujo de crédito en la economía.

Lo que aún no está claro es la causa raíz que permitió que todo esto ocurriera. Entre las posibles explicaciones se encuentran la falta de regulación en el origen y titularización de hipotecas, así como el exceso de apalancamiento de ciertos tipos de intermediarios financieros. También se menciona el efecto acelerador de las normas contables de mark-to-market; la volatilidad del mercado de swaps de riesgo de crédito; y la creciente globalización de los mercados financieros.

¿Cuál es la verdadera causa raíz?

Aunque está claro que todas estas variables están jugando un papel importante en el desarrollo de la crisis, creo que la verdadera causa raíz está en el exceso de complejidad en el mercado financiero. Parecería que esta complejidad fue más allá de la capacidad de las instituciones de gestionarla.

La variedad y complejidad de los instrumentos financieros ha ido aumentando a través del tiempo. El desarrollo de derivados se inició en los años 70 con contratos futuros de moneda extranjera y luego con opciones sobre acciones. En los 80 se desarrollaron los mercados de futuros de materias primas, como el petróleo, y los swaps de tasas de interés. Sin embargo, fue en las últimas dos décadas que se disparó el mercado de derivados con productos como swaps de índices de acciones, swaps de riesgo de crédito, obligaciones de deuda colateralizadas, futuros sobre el clima, etc.

El desarrollo de estos mercados se consideró un gran avance porque permitió distribuir los riesgos a los agentes del mercado más capacitados para asumirlos. Por ejemplo, a través de un swap de riesgo de crédito un proveedor de autopartes podría eliminar el riesgo de crédito de sus cuentas por cobrar a una ensambladora de vehículos. De esta forma se podría concentrar en producir autopartes.

El problema, sin embargo, es que el desarrollo de nuevos productos fue tan veloz que las mismas instituciones financieras no fueron capaces de desarrollar las habilidades para gestionarlos. Aunque sí se generaron nuevas herramientas de gestión, como el cálculo de 'valor en riesgo', estas acabaron creando un falso sentido de seguridad. La realidad es que estas herramientas han sido útiles para predecir los efectos de la volatilidad normal del mercado, pero no lo han sido para predecir los riesgos en momentos de grandes sobresaltos como el que hemos vivido últimamente.

Implicaciones sobre Colombia.

Nuestro mercado financiero es bastante sencillo. Solo ahora se están introduciendo al mercado los productos que fueron introducidos en Estados Unidos en los años 70 y 80, como los futuros de moneda extranjera y los swaps de tasas de interés. Estas innovaciones son bienvenidas porque permiten a los agentes económicos transferir riesgos indeseados, como la fluctuación de la tasa de cambio o los tipos de interés.

Sin embargo, debemos tener cuidado de asegurar que nuestras entidades financieras desarrollen las capacidades para gestionar estos riesgos, de tal forma que no pongan en peligro los recursos de los depositantes ni la solidez del sistema en general. Es bueno que se continúen introduciendo novedades, siempre y cuando los operadores del mercado consigan acompañar el ritmo de innovación.

La tranquilidad relativa de mercados como el nuestro durante la crisis demuestra las virtudes de la transparencia y la simplicidad en el mercado financiero. Por eso, ahora en Estados Unidos desean regresar a un modelo para el sector financiero mucho más sencillo, transparente y con mayor vigilancia por parte del regulador. ?

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