Javier Fernández Riva

| 2/8/2002 12:00:00 AM

Ganar la paz

No hay inversión socialmente más rentable que la que se haga para ganar la paz, siempre que alcance el esfuerzo crítico y no se deje inconclusa.

por Javier Fernández Riva

El mensaje de las encuestas es claro: la población colombiana está harta de los crímenes de la guerrilla y de un "proceso de paz" que no va a ninguna parte, y considera que el restablecimiento del orden público debe ser la prioridad del próximo gobierno.



Una pregunta de quienes preferirían, a falta de concesiones de la subversión, que el caos actual se prolongara en forma indefinida, con tal de evitar una confrontación abierta, es si quienes plantean la opción de someter a la guerrilla han calculado el costo de la guerra. Aunque la pregunta suele ser retórica me parece que un buen punto de partida es precisar el costo de seguir como vamos, para tener una idea de cuánto valdría la pena invertir para cambiar el rumbo.



El costo del "conflicto interno" ha sido estimado en varios estudios en 2% del Producto Interno Bruto, PIB. Cada punto del PIB vale hoy $2 billones, de manera que seguir como vamos cuesta $4 billones por año. Si, mediante un esfuerzo crítico, Colombia lograra acortar 10 años la duración del "conflicto" el valor presente del ahorro, usando una tasa de descuento de 6% real anual, valdría casi $30 billones de hoy, o unos US$14.000 millones. Esa cifra es 30 veces la inversión programada para este año en el Plan Financiero 2002, aprobado hace seis semanas por el CONFIS.



En la práctica, en las circunstancias del país, con abundancia de recursos que carecen de usos alternativos mientras no se recupere la paz, el costo económico de hacer el esfuerzo requerido para acelerar la recuperación del orden público, evitando que el actual caos continúe varias décadas más, sería mucho menor que el costo contable.



Pero una cosa es creer que la inversión para acelerar la recuperación del orden público costaría menos que continuar como vamos y otra muy distinta creer que no habría que multiplicar el esfuerzo para tener éxito, y sacrificar cosas importantes: por ejemplo, reorientar el gasto público posponiendo mucha "inversión social" no asociada con el esfuerzo de guerra, elevar transitoriamente la tributación, efectuar reformas de fondo para poner a tributar la tierra ociosa y, en general, adoptar un manejo económico apropiado para la guerra.



Mi mayor temor en la actual coyuntura no es a las FARC que, al fin y al cabo, del crimen no pueden pasar. Me preocupa que, aun después de conocerse el clamor del país, la inversión para ganar la paz no alcance el tamaño requerido para ser eficaz y que la obra quede inconclusa debido a una clase dirigente demasiado inclinada a pedir rebaja, y a una burocracia y tecnocracia económica que considera que la cosa no va con ella y que es impertinente sugerirle que, quizá, la estrategia económica apropiada para un país que lucha por su supervivencia no es la misma que para otro que ya disfrute de paz.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.