Opinión

  • | 2008/05/22 00:00

    Frente a la revolución de los biocombustibles

    Mientras el mundo tiembla pensando en qué hacer respecto a la crisis de alimentos y la producción de biocombustibles, nuestro Ministro nos dice que eso no tiene que ver con Colombia.

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La crisis alimentaria mundial tiene como una de sus principales causas la alternativa de sustituir los combustibles fósiles por biocombustibles.

Esta relación se da a través de tres aspectos: 1- la disminución por cambio de destinación, tanto en cuanto a áreas de siembra como a la naturaleza de los productos (v,gr. la reducción del arroz y el reemplazo por maíz en estados Unidos); 2- por aumento de precios, el cual se causa tanto por el lado de la demanda -puesto que se reduce la oferta en el momento mismo que debía aumentar por la mejora del ingreso de la población china e india-, como por el lado de costos -puesto que los abonos, transporte y demás factores dependientes del petróleo se han disparado (como lo han destacado las autoridades mundiales, esto aleja del acceso a la alimentación a centenares de millones de pobres que quedarían condenados a morir de hambre); y 3- el aspecto supuestamente positivo de ser menos dañino en lo que tiene que ver con el cambio climático.

Esta podría o parecería ser una de las revoluciones económicas más grandes de la humanidad y en todo caso equivaldría a un cambio en el principal factor de producción actual, con todas las consecuencias que esto implica. Estas aún no se han podido establecer, pero sí las inquietudes al respecto:

-El verdadero costo del biocombustible (sea etanol o biodiesel) depende del precio del insumo agrícola; era rentable cambiar el destino alimentario por el energético antes del alza producida por la nueva demanda, pero tras el ajuste de precios ya no lo es (en EE.UU., de 250 pequeñas plantas de trasformación de concentrados balanceados que habían iniciado su conversión a etanol, 194 han retornado a la venta de alimentos para animales)

-Dependiendo del potencial de la materia prima y de la eficiencia en la conversión, se puede gastar más en combustibles fósiles en la etapa de producción que el sustituto que resulta después del proceso, (v. gr. la caña de azúcar no tiene ese problema pero no es claro qué pasa en cuanto al maíz)

-Los biocombustibles no producen daño ambiental por óxidos del carbono, pero su combustión genera derivados del nitrógeno que no se sabe hasta donde pueden generar efectos ambientales negativos

-La totalidad de la producción de alimentos que eventualmente se pudiera destinar a usos energéticos alcanzaría para remplazar apenas el 10% de los combustibles fósiles

-En un estudio comparativo de 17 fuentes diferentes de energía lo único que tenían de más interesante los biocombustibles era ser alternativa directa del petróleo -otras fuentes como la energía nuclear, solar, eólica, del mar, de putrefacción, etc. son más baratas y presentan diferentes opciones, pero solo son utilizables donde se generan- (no reemplazan el petróleo que consume los Estados Unidos).

La razón por la cual no se ha profundizado más sobre estas dudas es porque quien impulsa tal revolución es el Gobierno americano y la política del mandatario actual lo justifica: contra la tradición americana de que no tienen amigos o enemigos sino intereses, Bush al 'diplomar' de enemigos a Irán, a Irak y a Venezuela estableció una confrontación con quienes le suministran más del 30% de sus necesidades. Los intentos de apoderarse del control de esas reservas fracasaron y, ni por la vía de la guerra ni por la vía de las amenazas a través de conciertos internacionales logró ese resultado.

En otras palabras, la transformación del mundo, tras el ataque del 11 de septiembre, y la subsecuente imposición de la clasificación de terrorismo como problema de la humanidad, por parte de la administración Bush, ha traído como secuela este nuevo problema.

Colombia, o nuestro actual gobierno, tiene como única política internacional adherir a la voluntad americana para esperar que ello nos saque adelante. Al igual que Uribe tiene su 'Uribito', nosotros creemos que podemos ser una pequeña reproducción de esa potencia. Es lo que estamos viendo cuando tomamos caminos como el de ataques preventivos en territorios extranjeros o cuando por la vía mediática intentamos satanizar a todo el que no siga las directrices de este gobierno, buscando que el mundo comparta nuestras posiciones y nuestros problemas.

Razón tiene el presidente Correa al decir que el problema del continente es Colombia, que es donde se da la guerrilla, el narcotráfico, la narcopolítica, la parapolítica, la siembras de coca, etc. Pero nosotros en vez de reconocer que es fruto de nuestro ordenamiento social e institucional, que es producto de las medidas y las políticas que se han adelantado, intentamos encontrar la solución culpando a quienes no son responsables del manejo del país y buscamos que sean terceros, ajenos a nosotros, quienes nos la den, como si ella dependiera de ayudas y directrices americanas o de forzar a nuestros vecinos a participar en nuestros conflictos.

El argumento del terrorismo y el desplazamiento de la producción energética hacia los combustibles son la política americana, para beneficio de los americanos, y responde a la situación de Estados Unidos en el mundo y a la prioridad que da a sus intereses por encima de los del conjunto de la humanidad y de la comunidad de países (ya el candidato McCain lo dijo con más claridad: el objetivo del Presidente de los Estados Unidos debe ser el bienestar de sus ciudadanos y no el del planeta; por eso no comparten Pactos de Kyoto, de Copenhaguen o de Rio, ni Cortes de la Haya o Estatutos de Roma).

A pesar de lo que parece creer este gobierno, Colombia no es los Estados Unidos: ni puede actuar en la misma manera, ni los objetivos que busca deben ser los mismos, ni seguir sus pasos producirá iguales resultados.

En lo diplomático, el resultado obtenido hasta hoy es ser considerados el problema del vecindario y, como Estado y como Gobierno, un régimen semimafioso.

Seguir los lineamientos de las estrategias americanas en la explotación del campo, o sostener que Colombia no tendrá problemas de alimentos y promover la producción de biocombustibles, suponiendo que con ello se compensarán los faltantes que se puedan presentar, nos puede llevar a una crisis alimentaria y del sector rural peor que la que estamos viviendo en lo internacional y en lo institucional.

Actualmente, las actividades del campo más rentables son la caña de azúcar y la palma aceitera, justamente por la alta demanda que tienen para etanol y biodiesel. El gobierno, como parte de su política de incentivos, escogió esos rubros para subsidiarlos. El resultado es que en este momento se incrementa el precio de los alimentos para los pobres y la política estatal sigue siendo subsidiar a quienes hoy más ganancias están obteniendo.

La idea de que un país no debe depender de un modelo de desarrollo sino de las circunstancias del mercado, y de que 'pegarse' a las políticas americanas es la solución de todo, hace que no se busque una organización del país tomando medidas estructurales y prospectivas sino que nos contentemos con no hacer nada o con seguir lo que para Estados Unidos es conveniente. Por eso, mientras el mundo tiembla pensando en qué hacer respecto a la crisis de alimentos y la producción de biocombustibles, nuestro Ministro nos dice que eso no tiene que ver con Colombia y nuestro Gobierno sigue tratando el tema como si nada hubiera cambiado.
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