Opinión

  • | 2010/10/15 00:00

    Fortalezas y retos de América Latina para la década del 2010

    Mientras en el mundo desarrollado persisten los temores de una recaída y están agotadas las municiones para estimular el crecimiento, en América Latina se discute si existen las bases para un auge sostenido y qué debe hacerse para aprovechar los buenos tiempos.

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América Latina es la zona emergente mejor preparada para aprovechar la década de 2010. Las fortalezas de la región residen, entre otras, en la solidez de sus instituciones macro y de su sistema financiero.

Las mejoras de las instituciones macro de América Latina quedaron demostradas en estos dos últimos años, cuando la región superó sin contratiempos la crisis financiera global. La mayoría de países cuenta ahora con bancos centrales políticamente independientes, comprometidos con la estabilidad de precios. Los países de la región más integrados financieramente con el resto del mundo tienen regímenes cambiarios flexibles y sólidas posiciones de reservas internacionales. Y en unos cuantos países se han adoptado reglas fiscales con objetivos predefinidos que imponen disciplina fiscal.

Gracias a las mejores instituciones macro, América Latina logró superar en la última década tres problemas críticos con nombres exóticos: la vulnerabilidad a los frenazos, el pecado original y la prociclidad.

La vulnerabilidad a los frenazos consistía en que una interrupción súbita del financiamiento externo llevaba a la parálisis crediticia doméstica, a aumentos en las tasas de interés y en los tipos de cambio y, por consiguiente, a quiebras de empresas y deterioros fiscales.

El pecado original era la incapacidad de los gobiernos de financiarse en moneda doméstica, lo que los dejaba expuestos al riesgo de que una devaluación aumentara desproporcionadamente el valor de sus obligaciones de deuda.

La prociclidad de las políticas fiscales era la tendencia a recortar el gasto público en los momentos de recesión, en parte debido a los dos problemas anteriores, y en parte a falta de disciplina fiscal para ahorrar en los periodos de vacas gordas.

Estos tres problemas, que estaban fuertemente arraigados, se corrigieron en gran medida en la última década, lo cual hizo posible que, por primera vez en la historia, durante la crisis financiera internacional la mayoría de países de la región pudiera adoptar políticas fiscales y monetarias contracíclicas efectivas, sin poner en riesgo la sostenibilidad macro de mediano plazo.

La solidez de los sistemas financieros es la otra gran fortaleza de la región. América Latina tiene el mejor sistema financiero regional del mundo, a juzgar por los niveles de capital regulatorio, los moderados coeficientes de apalancamiento de los balances bancarios, los modestos niveles de morosidad de la cartera bancaria, las altas tasas de provisiones y la alta rentabilidad.

En adición a estas fortalezas macrofinancieras, América Latina tiene abundantes recursos naturales y una población joven, más sana y mejor educada que nunca.

Los grandes retos

Todas estas razones han llevado a diversos analistas y observadores a afirmar que esta puede ser la década de América Latina… siempre y cuando se enfrenten bien diversos retos; entre ellos, el que plantea la abundancia de divisas provenientes de las exportaciones de productos básicos y de las entradas de capitales.

Para crecer en medio de la abundancia de divisas es esencial elevar la productividad, no solo de los sectores manufactureros sometidos a la competencia de productos importados baratos, sino también la de los sectores de servicios. Puesto que los servicios absorben cerca de dos terceras partes del empleo, no será posible elevar la productividad agregada sin concentrarse en este sector. La baja productividad de los servicios está estrechamente vinculada al problema de la informalidad laboral y al reducido tamaño de las empresas y unidades productivas de este sector. Si América Latina quiere ser más productiva y competitiva tiene que usar mejor sus recursos laborales y facilitar la expansión de las firmas más productivas, en lugar de subsidiar firmas pequeñas e improductivas.

Otro gran reto consiste en utilizar las rentas de los recursos naturales en forma productiva. No basta con evitar que esas rentas sean fuente de inestabilidad macro, además, hay que usarlas bien. América Latina es la región en desarrollo más urbanizada del mundo, pero muchas de sus grandes ciudades están perdiendo productividad por falta de inversiones en infraestructura vial y de transporte, por ineficiencia en el uso de las fuentes de energía y por falta de conexiones adecuadas con otras ciudades y puertos. Parte de las rentas de los recursos naturales debe ser invertida en remover estos cuellos de botella. Parte puede servir también para cubrir los déficits actuales y futuros de los sistemas de seguridad social, de modo que no sean una carga creciente para los trabajadores formales y pueda reducirse la informalidad. Y parte debe ser ahorrada para las generaciones futuras.

Para que la década que ha empezado bien, termine bien, es preciso que los líderes de la región se concentren en hacer las reformas para enfrentar estos retos y se resistan a los cantos de las sirenas de la abundancia, cuyo objetivo será bloquear las reformas y distribuirse el festín.

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