Formulaciones autóctonas

| 11/29/2002 12:00:00 AM

Formulaciones autóctonas

El actual debe ser el único Plan de gobierno que, en medio de una guerra, propone reducir la inversión pública.

por Javier Fernández Riva

No me imaginaba que pudiera llegar a decir esto: por ahora los responsables de la política económica, gobierno, Congreso y Banco de la República, lo están haciendo muy bien. Del gobierno no me asombra, pero quiero destacar que presentó al Congreso un paquete de reformas económicas muy superior a los tímidos y desganados proyectos de Pastrana, y que no les hizo caso a algunas sugerencias de la Comisión de Ingresos, que tenían mayor capacidad de daño que los bombazos de las Farc. Del Congreso, en cambio, no me lo esperaba, pero los ponentes mejoraron las propuestas oficiales y las mayorías van camino de aprobar un paquete de leyes claves para el desarrollo pero que, por un tiempo, no les gustarán a los pobres y van a enfurecer a los ricos. Estadistas ante los que habrá que quitarse el sombrero. Y el Emisor, como si quisiera redimirse de sus errores históricos, mantuvo todo el año tasas de interés bajas y una gran liquidez en medio de las perturbaciones cambiarias, y ha venido emitiendo sin escándalo para el fisco (¿para quién más podría y debería emitir?), dentro de límites compatibles con la estabilidad económica.



Lo único que no me gusta de las recientes iniciativas económicas del gobierno es el Plan de Desarrollo. O, más exactamente, la parte "macroeconómica" del Plan, pobre en sus metas cuantitativas y deficiente en su articulación. El director del DNP afirma que el Plan es así porque el gobierno no quiere vender ilusiones, pero creo que podía aspirarse a más, y lograrlo. Ese debe ser el único Plan de Desarrollo que, en medio de una guerra, decide una reducción en el total del gasto público y, especialmente, en la inversión.



Ahora, si el país realmente puede recuperar el orden público y salir de su recesión con esa combinación de aumento de los impuestos y recorte de la inversión pública, vaya y venga. Mi propia estimación es que el efecto multiplicador sobre el ingreso gravable que podría lograrse con una inversión adicional bien diseñada (en contraste con una inversión adicional definida a las volandas, como creo que acabará resultando) es tan positivo que el costo fiscal neto de la inversión extra sería muy pequeño. Pero lo que realmente me preocupa es que el consumo y las exportaciones no crezcan como lo prevé el Plan y que, por esa razón, la caída de la inversión se traduzca en recesión. Tirofijo se frotaría las manos.



En el fondo la diferencia entre quienes creemos que es peligroso combinar una reducción de la inversión pública con un aumento de impuestos, y quienes creen que esas son tonterías "teóricas" tiene que ver con la caracterización del consumo de los hogares. Los del primer grupo nos atenemos, quizá con reprochable falta de confianza en el poder del liderazgo mesiánico, a los hechos establecidos por la teoría y la evidencia local e internacional: el consumo de los hogares depende principalmente de cuánta capacidad de gasto le queda a la gente después de pagar sus impuestos. Los del segundo grupo les otorgan una gran importancia a la confianza y a las expectativas: la gente aumentará el consumo, aun después de un descenso en su ingreso neto de impuestos, si confía en el líder y cree que el país va bien.



Quién quita. De pronto lo que durante décadas habían venido pidiendo muchos académicos locales, generalmente asociados con la vieja izquierda, esto es, el desarrollo de teorías económicas autóctonas, está a punto de concretarse. Los caminos de Dios y del gobierno son inescrutables.



De todas maneras me parece oportuno advertir, desde ahora, que el margen para tolerar equivocaciones es muy estrecho. Y que, después de años de culpar de todos los males a la indisciplina fiscal, por fin hemos llegado a una situación en la cual ese factor no podría usarse para explicar una nueva recesión.

Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.