Opinión

  • | 2007/10/26 00:00

    Fondos soberanos: un nuevo jugador en la mesa

    La subida del precio del petróleo desde los mínimos de US$10 de 2002 a los casi US$90 de la última semana, han llevado a que muchos países que no tenían capacidad ninguna de ahorro estén con sus arcas llenas buscando qué hacer con ese dinero.

COMPARTIR

Hemos visto, recientemente, un cambio importante de actitud por parte de los fondos de reserva de los países productores de petróleo, exportadores de materias primas y en las reservas públicas de los países asiáticos. Tradicionalmente todos ellos colocaban sus fondos líquidos en bonos del tesoro americano, y en mucha menor proporción, en títulos públicos de gobiernos del primer mundo. Sin embargo, llevan un tiempo buscando alternativas de inversión que puedan ser más rentables y que les den una influencia económica y política en el nuevo orden mundial.

La subida del precio del petróleo desde los mínimos de US$10 del 2002 a los casi US$90 de la última semana, han llevado a que muchos países que no tenían capacidad ninguna de ahorro estén con sus arcas llenas buscando qué hacer con ese dinero. Algunos, como Rusia, gran productor de gas natural y petróleo, o Chile, mayor exportador de cobre, han creado fondos de reserva para el futuro, con una finalidad dual: contar con un colchón económico para el momento que cambie el ciclo, y por otro lado, invertir en infraestructuras e industrias que pongan las bases para un desarrollo sostenido de sus países. Por otra parte, las economías asiáticas lo están utilizando como instrumento de política comercial, al invertir sus recursos en dólares, con la finalidad de mantener su tipo de cambio bajo y de esa forma seguir exportando competitivamente. Varios de ellos están reduciendo la deuda pública de sus países, solidificando sus estructuras financieras. Por último, un pequeño grupo se está dedicando a dilapidarlo, en políticas populistas de corto plazo, que difícilmente van a repercutir en una creación de riqueza para el futuro.

Sin embargo, los nuevos excedentes los están comenzando a invertir de forma diferente. Si bien la utilización de esos recursos se ha invertido tradicionalmente de forma muy opaca, sin dar información de lo que estaban haciendo, se sabe que están diversificando cada día más en otras divisas fuertes, como euro, franco suizo, libra y dólar australiano, que les ayude a protegerse contra las devaluaciones del dólar. Sin embargo, dicha devaluación al mismo tiempo ha estado apoyada por el movimiento de fondos desde la divisa americana hacia las otras. Otro de sus objetivos es balancear más claramente el peso de sus socios comerciales con las divisas que compongan sus fondos de reserva. Hay información que apunta a que los más de un trillón de dólares de reservas de China ya se están diversificando en otras divisas. Y otros de sus vecinos están haciendo lo mismo.

Otro de los movimientos que algunos de estos países están haciendo, es invertir en compañías públicas y privadas fuera de sus países. Un ejemplo claro fueron los US$3.000 millones de dólares que invirtió el fondo público del gobierno chino en la salida a bolsa de la empresa Private Equity Blackstone hace unos meses. (¿Qué van a hacer ahora que el valor de su participación ha bajado un 20% en tan solo unos meses

). También los países del golfo pérsico están invirtiendo en compañías cotizadas, en los distintos mercados financieros. Todo esto lleva a hacer un análisis adicional: si bien en el pasado, este tipo de inversionistas habían sido pasivos, sin influir en los consejos de las empresas ni en sus políticas, no tengo claro que vayan a seguir de esa forma en el futuro. Los volúmenes tan grandes que han acumulado en inversiones, muchas de ellas en sectores estratégicos de los países desarrollados, no deja de preocuparme. Y si ellos quisiesen les daría derecho a sentarse en sus directorios e influir claramente en las decisiones de los mismos. El problema es que los países occidentales y Japón han abierto sus puertas a inversionistas públicos de economías totalmente cerradas, con objetivos políticos poco claros y que no aplican la reciprocidad de apertura de sus mercados.

¿Significa esto que debamos aplicar políticas restrictivas a los fondos públicos en sectores delicados para nuestras economías? Yo creo que en principio no, pero sí, que se deben fijar unas reglas del juego claras que eviten aplicar un doble rasero a unos gobiernos contra otros. Al mismo tiempo, puede ayudar a que gobiernos autoritarios se vean obligados a invertir internamente, creando las infraestructuras adecuadas para que puedan competir más eficientemente en productos de valor agregado, que no estén sujetos a los vaivenes de los mercados financieros internacionales. Deben invertir esos fondos en educar a sus ciudadanos y en establecer las estructuras sanitarias mínimas que les ayuden a salir de la pobreza.

Espero que no pase como hemos visto en muchos casos en la historia pasada, una generación ha creado la riqueza, y las siguientes la han dilapidado. Un mal manejo de recursos, unido a falta de información y control y a una corrupción galopante es una muy mala combinación para el éxito. Deseo, por el bien de todos, que se aprovechen las oportunidades y no lloremos más adelante sobre la leche derramada.

Santiago Ulloa

Presidente. GenSpring Family Offices

Santiago.ulloa@genspring.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?