Opinión

  • | 2004/10/29 00:00

    Falta de interés económico

    La dualidad entre falta de interés económico y limpieza étnica acusada campea en Sudán. En este país, se está presentando el mayor genocidio mundial desde la crisis de Ruanda.

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En los últimos meses, he estado escribiendo tanto de macroeconomía, como de alternativas, formas y productos de inversión. Pero viendo la situación que se está presentando en Sudán, no puedo dejar de hacer un artículo sobre un tema mucho más importante que cualquiera de los otros: el valor de las vidas humanas.

Es muy difícil hacer un análisis político de los distintos conflictos mundiales sin tener en cuenta su motivación económica. Ello nos lleva a reflexionar sobre los verdaderos intereses de nuestros líderes políticos y de nuestras clases dirigentes y al mismo tiempo sobre el mensaje que, como civilización occidental, queremos enviar a aquellos países en una fase de desarrollo más tardía.

El estandarte de esta dualidad entre falta de interés económico y limpieza étnica acusada se está izando actualmente en Sudán. En este país, frontera entre el mundo árabe y el África negra, donde se mezclan ambas culturas y razas, se está produciendo el mayor genocidio mundial desde la crisis de Ruanda. Actualmente, y según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 10.000 personas mueren cada mes, sin contar todas aquellas que son mutiladas, o las mujeres y niños violados por motivos políticos y religiosos. A esto hay que añadir el más de un millón de desplazados que apenas sobreviven al hambre hacinados en campos de refugiados.

Es sorprendente el poco interés político que ha generado un drama de esta magnitud. Después de una gran presión mediática, finalmente el secretario de Estado estadounidense Colin Powell hizo unas declaraciones hace unos días calificando la situación de "genocidio" y prometiendo unas ayudas económicas cercanas a los US$200 millones para intentar paliar la situación. Si esto se compara con los más de US$200.000 millones que está costando la intervención militar en Iraq, hace que nos avergoncemos aún más de los valores que nos mueven. El problema es la falta de interés económico en Sudán, donde no hay reservas petrolíferas ni minerales importantes; tampoco se encuentra situado en una zona geográfica de alto interés político ni militar.

Es llamativo que tanto Francia como Alemania, que mostraron una oposición férrea ante la guerra en Iraq, tampoco hayan dado ningún paso significativo para enfrentar este drama. Y es más llamativa aún la actitud de los países árabes, que no muestran un mayor apoyo, a pesar de que la mayor parte de las víctimas es musulmana. La Media Luna Roja está haciendo un excelente trabajo, pero los damnificados están recibiendo más ayuda de ONG occidentales, que de las islámicas.

La mayor parte de los conflictos mundiales tiene en su origen una base económica, aunque en muchos casos se vistan de otra forma. El más reciente ejemplo es la atrocidad producida por los terroristas en Rusia, que buscan la independencia de Chechenia tanto por sus intereses diferenciales como por ser el principal productor de petróleo y gas natural en la antigua Unión Soviética.

Siempre queda la esperanza de que vaya creándose una conciencia colectiva de ayuda, sin basar las decisiones en intereses económicos, sino humanísticos. Es significativo el paso dado en la reunión del FMI por parte del Reino Unido, condonando la deuda a los países más pobres del planeta. Es posible que aún haya esperanza para ellos, si se reciben las ayudas adecuadas de parte de los más ricos. Siempre y cuando el dinero llegue a los que lo necesitan y no se quede en manos de sus dirigentes en bancos de Occidente.



Santiago Ulloa

CEO TBK Investments Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
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