Eduardo Lora

| 2/8/2002 12:00:00 AM

Falta crédito

A menudo, se proponen soluciones para superar la escasez crediticia peores que la enfermedad, en particular si debilitan la capacidad de los bancos de seleccionar sus clientes.

por Eduardo Lora

La escasez de crédito es la queja más frecuente de los empresarios de América Latina. No les falta razón, pues los mercados crediticios de la región son poco profundos y especialmente inestables. Por cada $100 de producción anual, en América Latina el sector privado tiene apenas $30 de crédito bancario. En los países desarrollados o el Sudeste de Asia, por cada $100 de producción hay $100 de crédito.



Pero, además, en nuestros países son muy frecuentes las situaciones en que el sector privado tiene que pagar en intereses más de lo que está recibiendo por nuevos créditos. Según un estudio reciente de Matías Braun y Ricardo Haussman, de la Universidad de Harvard, 40% del tiempo, los flujos netos de dinero se mueven en la dirección equivocada, es decir, del sector privado hacia los bancos, y no al revés.



La escasez de crédito tiende a ser más severa cuando la economía ha sido golpeada por una situación de escasez de recursos financieros externos o por una caída de las exportaciones. Es decir, el crédito escasea más cuando más se necesita. En estas condiciones, no es sorprendente que sea tan difícil superar los períodos de recesión causados por factores externos.



Pero no todos los países sufren inestabilidad crediticia con igual severidad. Los más afectados son aquellos donde los derechos de los acreedores gozan de poca protección, y donde hay más banca pública o poca banca extranjera.



Las soluciones que a menudo se proponen para superar la escasez crediticia pueden ser peores que la enfermedad, en particular si debilitan aún más la capacidad de los bancos de seleccionar sus clientes. La oferta de crédito al sector privado depende muy poco de cuánta sea la liquidez primaria que pone a circular el Banco Central o de cuál sea el coeficiente de reservas bancarias exigido a los bancos. Como en cualquier otro negocio, la oferta depende ante todo de la rentabilidad esperada del negocio. Y esa rentabilidad es menor cuando los bancos no pueden distinguir entre clientes buenos y malos por falta de información.



Puesto que la base del crédito es la información, los países que cuentan con mejores centrales de información crediticia tienden a tener sistemas financieros más profundos y menos propensos a la inestabilidad. Especialmente en momentos de crisis, la reputación de un buen deudor es un activo más valioso que una garantía de valor incierto. La reputación se construye y se prueba con el tiempo, de ahí que las mejores centrales de información son aquellas que han logrado acumular muchos años de información, como lo analiza un reciente estudio de Arturo Galindo y Margaret Miller publicado por el BID.



En Colombia, la Corte Suprema de Justicia determinó recientemente que los registros de información crediticia solo pueden mantener la información actual de los deudores que se encuentren en mora, no la historia pasada de los deudores, haya sido buena o mala. La consecuencia de semejante medida será dejar sin acceso al crédito a los pequeños deudores y a los individuos de menores recursos, cuyo único colateral es la reputación. Esta decisión se suma a otras anteriores que han violentado los derechos de los acreedores y destruido el negocio financiero. Se aleja así la posibilidad de tener una economía moderna, dinámica y competitiva.
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