Opinión

  • | 2006/09/01 00:00

    Falta de agua: preludio de futuras crisis

    Los gobiernos de los principales países desarrollados —sobre todo sus think tanks— han puntualizado la falta de agua y su control como una fuente segura de grandes conflictos.

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Las tres principales crisis políticas y económicas que hemos vivido en los últimos lustros han estado provocadas por disputas territoriales, pero sobre todo por el control de las fuentes de energía y petróleo en particular. Actualmente, se mantienen distintos focos de tensión en Oriente Medio con un trasfondo económico importante. Más reciente fue el conflicto entre Rusia y Ucrania que llevó a cortar el suministro de gas a media Europa a principios de este año.

Los gobiernos de los principales países desarrollados, y sobre todo sus think tanks, han puntualizado la falta de agua y el control de la misma, como una fuente segura de grandes conflictos en el mundo en el futuro. El cambio climático y sus consecuencias son, junto a las amenazas terroristas, los cambios demográficos y la demanda global de energía, los mayores factores de riesgo que enfrenta la humanidad en las próximas décadas. Un claro ejemplo es la película/documental que Al Gore, ex vicepresidente del gobierno estadounidense, ha dirigido sobre las consecuencias del cambio climático y la necesidad de hacer un esfuerzo global para frenarlo.

Entre todas estas variables, el acceso al agua y la calidad de la misma tienen un peso mayor al resto. Un informe de la Comisión Europea, presentado recientemente, hacía hincapié en que más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable en el mundo; 2.400 millones la consumen sin un tratamiento adecuado y más de 2,2 millones en países en vías de desarrollo, principalmente niños, mueren cada año por enfermedades relacionadas con la contaminación del agua y la falta de higiene.

En los próximos 20 ó 30 años, veremos las consecuencias de la explotación excesiva e irresponsable de nuestros recursos, provocando que tierras de cultivo se conviertan en desiertos, los polos se sigan derritiendo y las aguas contaminando. Hoy, ya vemos el preludio de lo que puede pasar, con conflictos bélicos en gestación en distintas partes del planeta:

• Los planes de Turquía de construir diferentes presas en el río Éufrates casi llevan a un enfrentamiento militar con Siria en 1998. Potenciales conflictos con Iraq en el futuro por el mismo problema.

• El río Brahmaputra ha causado tensiones entre India y China ante deseos de este último país de desviar su cauce.

• Egipto no se fía del uso que Sudán y Etiopía puedan hacer de sus aguas en el Alto Nilo, amenazando con intervención militar en caso de que le reduzcan su flujo.

• Israel tiene el control del río Jordán, que es fuente de agua para Jordania y los territorios palestinos, siendo uno de los orígenes de la guerra árabe-israelí de 1967.

Hemos visto recientemente fotos del cauce del Amazonas seco a su paso por Manaus; deshielo de glaciares milenarios tanto en los polos como en los principales nevados del mundo. Las consecuencias que esto está produciendo en el mundo no se pueden medir, y lo peor de todo, pueden ser irreversibles.

Las empresas privadas están intentando hacer acopio de los principales manantiales del mundo. Recientemente hubo un escándalo, por publicidad engañosa, de una multinacional sobre los beneficios del agua de sus manantiales cuando en realidad estaba embotellando agua tratada. El libre acceso al agua, a precios razonables y de forma universal, es un derecho que debemos tener todos los ciudadanos del mundo. La única forma de hacerlo es mediante un control eficiente de este recurso por parte de los poderes públicos, eso sí, si no lo hacen de forma eficiente y deciden privatizar su gestión, deben tener unos mecanismos que aseguren el acceso global a todo el mundo y en condiciones aceptables.

Por nuestra parte, la única forma de ayudar es poner nuestro granito de arena con un consumo responsable. Termino con unos datos para hacernos pensar y que cada uno actúe en consecuencia:

• En nuestro planeta, el 97,5% del agua es salada y como tal, no puede ser usada para consumo humano. Se recomienda para consumo básico 50 litros por día, pero hay países como Gambia, Malí o Mozambique por debajo de los 10 litros diarios, frente a los del mundo desarrollado con 500 por persona y día en Estados Unidos y 200 en el Reino Unido. Una ducha puede consumir entre 100 y 200 litros y lavarse los dientes con el grifo abierto entre 10 y 30.

Santiago Ulloa, CEO, TBK Investments, Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
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