Eduardo Lora

| 10/3/2002 12:00:00 AM

Exportar es la clave

El éxito exportador depende mucho más del ambiente para la inversión que del tipo de cambio o del crecimiento de la demanda externa.

por Eduardo Lora

Las exportaciones han sido la única fuente de crecimiento de América Latina en los últimos cinco años. La situación fiscal en muchos países es demasiado frágil para adoptar políticas keynesianas de expansión del gasto. Los inversionistas están asustados en vista de la inestabilidad económica y los crecientes riesgos políticos. Mientras que en Estados Unidos, la confianza de los consumidores ha impedido la recesión; en la mayoría de los países de América Latina, el consumo privado ha sufrido por cuenta del desempleo, las devaluaciones y la falta de crédito.



Décadas atrás, los economistas teníamos la convicción de que la tasa de cambio real era prácticamente lo único que contaba. Hoy, está claro que el desempeño de las exportaciones refleja ante todo la calidad del ambiente económico e institucional, porque de ello dependen los incentivos para la innovación y la toma de riesgos por parte de las empresas. Sin embargo, las exportaciones de petróleo y otros recursos naturales sin elaboración son poco sensibles a estos factores. Por eso, los países peor gobernados y con menor capacidad institucional solo pueden llegar a los mercados externos con productos de baja elaboración.



Desde hace décadas, también hemos tendido a creer que los países que exportan materias primas están condenados a tener tasas modestas de crecimiento exportador, porque estos productos tienen una demanda mundial poco dinámica, a diferencia de ciertos segmentos de productos industriales, especialmente en los sectores de alta tecnología. De allí se salta incluso a la conclusión de que es esencial dar apoyo directo a estos sectores para tener éxito exportador.



Ambas creencias son equivocadas. La verdad es que el ritmo al que crecen las exportaciones de los distintos países alrededor del mundo no tiene ninguna correlación con el ritmo de crecimiento de la demanda mundial de sus canastas de exportación. Los campeones latinoamericanos en los 90 fueron México, República Dominicana, El Salvador y Costa Rica, cuyas canastas de exportaciones no tenían una mezcla de productos más dinámicos en los mercados mundiales que las de Colombia, Honduras, Barbados o Haití, cuyo desempeño exportador fue bastante mediocre.



Por tanto, no tiene fundamento la creencia de que si un país no exporta productos de alta tecnología no tiene futuro exportador. Lo que sucede más bien es que un país que tiene éxito exportador tiende a moverse naturalmente hacia canastas de productos con mayor contenido tecnológico. Y esto no depende tanto de que sus sectores de alta tecnología reciban o no apoyo directo, como de que haya un ambiente favorable a la iniciativa privada, a la innovación y al aumento de la productividad. Si estas condiciones existen, cuenta mucho también que haya un ambiente de cooperación y confianza entre el gobierno y el sector privado, que facilite coordinar esfuerzos para realizar las inversiones públicas y privadas y conquistar los mercados mundiales.



En las difíciles condiciones de Colombia y de otros países de la región, las exportaciones serán claves para darle aliento al crecimiento y para fortalecer la balanza de pagos, e incluso las finanzas públicas. La cuestión no es devaluar ni dar subsidios, sino crear confianza y estabilidad en las reglas del juego. Aunque los mercados externos hayan perdido dinamismo, el éxito depende sobre todo de nuestros propios esfuerzos.



DNota: ¿Quiere saber más? Vea el capítulo 4 de Competitividad: motor de crecimiento, BID, Informe de Progreso Económico y Social, 2001, en http://www.iadb.org/RES.
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