Opinión

  • | 2007/06/08 00:00

    Expansión Energética

    La continuidad del auge inversor que hemos observado en estos últimos años es altamente deseable y sería un gran error motivar reversas, discriminando tributaria o regulatoriamente, en su contra.

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Una apuesta: en cinco años Colombia producirá y exportará más petróleo, más gas, más carbón y más electricidad de lo que hace hoy. La apuesta es razonable por varias razones. La más importante: porque el ritmo que ha tenido la inversión en estos sectores en los últimos años carece de precedentes. Segundo, porque seguirán existiendo grandes problemas de abastecimiento a nivel global, asegurando continuidad de incentivos. Tercero: porque en Colombia la actitud hacia la inversión privada es, a diferencia de otros productores, receptiva y respetuosa.

Primero, la inversión extranjera directa en el sector petrolero, por ejemplo, que promedió US$500 millones en 1997-2004, superó los US$1,600 millones en 2006. Ecpetrol de otra parte, ha aumentado en un factor de cuatro sus gastos de capital. Así, por ejemplo, el número de pozos exploratorios perforados, en promedio 10 en 1995-2002, llegó a 57 en 2006 y probablemente supere esa cifra en 2007 (la ANH habla de 75).

Segundo, la demanda va a subir globalmente de una manera muy fuerte. En el caso del petróleo, basta comparar el consumo per cápita en los países avanzados (18 barriles anuales) con el de los vigorosos países emergentes (2.4), para concluir que la tesis es sensata. Y aunque hay todo tipo de estimativos, el consenso es que la oferta está encontrando actualmente y seguirá encontrando en el futuro próximo dificultades para aguantar este ritmo.

Tercero, Colombia sobresale en el ámbito internacional por su actitud hacia la inversión privada. En el caso del sector energético, este hecho se refleja en la percepción de los inversionistas sobre las condiciones colombianas, a su vez traducida en hechos concretos: el número de empresas activas en este sector se ha duplicado en cuatro años y el peso del Estado como empresario del sector ha caído -y seguirá cayendo- a un ritmo que nadie pensaba posible al comenzar la década.

Todo lo anterior indica, pues, que hay un cambio estructural en marcha en Colombia y todo indica, también, que la comunidad internacional está más conciente de ello que nosotros mismos. Ahora bien, en este contexto -enteramente verosímil- conviene ir pensando temas de política pública. Un área importante es la política fiscal. Hoy día, lo cierto es que el país carece de los instrumentos necesarios para que un crecimiento importante del sector sea manejado con la visión más deseable a largo plazo.

Primero, la continuidad del auge inversor que hemos observado en estos últimos años es altamente deseable y sería un gran error motivar reversas, discriminando tributaria o regulatoriamente, en su contra. La manera de manejar un potencial auge productor no es bajando la rentabilidad de quienes, años antes, le apostaron al sector y al país bajo unas reglas del juego dadas.

Segundo, la poca normativa que hay en materia de manejo de excedentes en Colombia no es la mejor. Pone el ahorro forzoso de las épocas buenas en cabeza de las empresas. Ello carece de sentido cuando la producción es privada y los mercados de capital disponibles son, en la práctica, ilimitados. Sobre todo en buenos tiempos. A nivel macro, el país termina con un presunto "ahorro", financiado con más deuda.

Sería sensato que las reglas del juego buscaran que el ahorrador forzoso no sea la empresa, sino el Gobierno. Para ello se define con precisión qué es, exactamente, una situación extraordinaria en materia tributaria y de cara a ella se define con igual precisión qué se hace con esa plata.

Creo, en síntesis, que los colombianos tenemos un tema importante por delante y que nos conviene iniciar esta discusión con seriedad y en toda su dimensión antes de que se materialicen las enormes apuestas que -por fortuna- se han hecho para que ello sea así.



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