Diego Vélez Montes

| 7/25/2003 12:00:00 AM

¿Exito pasado, futuro garantizado?

"Yo no soy un hombre de anécdotas porque en 40 años no he tenido nunca un susto, un accidente o un naufragio", decía E. J. Smith, el capitán del Titanic.

por Diego Vélez Montes

Hoy todas las empresas enfrentan retos y situaciones complejas, diferentes a los de épocas anteriores vividas por nuestros padres y abuelos. Las empresas familiares tienen condiciones especiales adicionales de cultura. A pesar de todo, muchas han logrado sobrevivir.

Hoy, la innovación tecnológica es más rápida, el ciclo de vida de los productos más corto, los consumidores más exigentes e informados; los mercados están más segmentados, la gente vive de forma diferente, y el mundo se ha globalizado. Las empresas compiten no solamente en el mercado nacional, sino en el mundial. Aun los negocios grandes hoy son frágiles, como lo describe Michael Lewis1 y lo expresa bien Juan Enríquez en su libro When the Future Catches you.



"Aun compañías...

Que tienen mucho efectivo...

Que tienen mucha información...

Y que han llegado a ser aún más grandes...

Que muchas economías nacionales...

No tienen garantizada la supervivencia...

O ellas se vuelven más inteligentes...

Y crecen. O alguien se las comerá"... 2



Además, la "cultura empresarial", ese elemento invisible pero perceptible, juega especialmente en las organizaciones familiares con su "orgullo del pasado", para convertirse en uno de los principales enemigos del cambio. Es frecuente escuchar: "si siempre hemos hecho las cosas así, ¿por qué hemos de cambiar?". Sin embargo, hay que tener en cuenta que el éxito del pasado no es ninguna garantía para el futuro, si no se asumen los retos que se presentan diariamente.

La experiencia del pasado es importante, pero sabiendo que no siempre garantizará el futuro. E.J. Smith, capitán del Titanic, no pudo evitar el naufragio, a pesar del hecho de que nunca antes había tenido uno. E.J. Smith estaba experimentando en ese entonces un nuevo barco, y de un momento a otro. el mar tampoco era el mismo.

Las empresas que han sobrevivido a esas nuevas situaciones, entre otras cosas, han mejorado en calidad, conseguido aliados internacionales, aumentado la rata de introducción de nuevos productos, trabajado en reducciones de costos y precios, elaborado planes de entrenamiento para su personal, y se han dado cuenta de que el consumidor no está amarrado como antes. Estas firmas han mirado en cuáles segmentos agregan valor para especializarse, han hecho alianzas con proveedores y con consumidores; y han observado que la lealtad y la antigüedad de los empleados no son la panacea. Los empleados antiguos y leales también deben ser productivos.

Las empresas de familia, adicionalmente, han desarrollado sus esquemas de planeación empresarial y familiar de forma paralela, inculcando a sus accionistas desde muy jóvenes la responsabilidad de la propiedad. La misión y la visión de la empresa, puntos de partida para la elaboración de las estrategias, se han coordinado con las familias de los accionistas. Se han separado bien los temas familiares y empresariales para reducir los conflictos. Han organizado juntas directivas con miembros externos, consejos de familia para dirimir conflictos familiares, y equipos gerenciales muy profesionales. Además, se han preocupado de planear bien la sucesión de los líderes, haciendo énfasis en la educación de los accionistas.3

Señor empresario, volviendo a Juan Enríquez:

"Aquellos que se aproximan a las grandes cataratas en canoas, Sin un mapa. Probablemente no sobrevivirán si la caída del agua es realmente alta.

Esto mismo les sucede a las familias, regiones, y países. Particularmente cuando fallan en hacer que las generaciones siguientes sean más inteligentes. O deciden acabarse a sí mismos, remando desesperadamente en contra del cambio. Ellos serán irrelevantes o desaparecerán".4



1. Lewis, Michael. The New New Thing: A Silicon Valley Store. New York: W.W. Norton, 1999.

2. Enríquez, Juan. When the Future Catches you. Crown Business. NY 2001.

3. Algunas de estas ideas fueron tomadas de la charla de Jon Martínez en Bogotá en septiembre de 1999.

4. Enríquez, Juan. op. cit.
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