Opinión

  • | 1994/10/01 00:00

    Exito del autoevalúo

    Al fin algo bueno del alcalde Jaime Castro. Le funcionó el autoavalúo.

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A pesar de las críticas que se formularon cuando se inició el proceso de autoavalúo para determinar el impuesto predial en el Distrito Capital, éste se ha convertido en el mayor éxito fiscal de 1994. Buena parte del éxito provino de la norma que finalmente permitió que el autoavalúo fuera tomado en cuenta como costo fiscal para establecer la utilidad al momento de enajenar los bienes raíces. De esta manera, los contribuyentes procedieron a avaluar sus predios, en el entendido de que el mayor valor que pagaran por concepto de impuesto predial, se vería compensado con el menor impuesto de ganancia ocasional que deberían cancelar con ocasión de la venta del bien.

Las cifras suministradas por el Distrito Capital de Santafé de Bogotá para medir el recaudo y la ampliación de la base gravable en 1994 son asombrosas. El recaudo por impuesto predial en el presente año alcanza la cifra de $83.000 millones, lo cual significa que tuvo un crecimiento del 123.8% comparado frente al año anterior.

Antes de que se estableciera el autoavalúo, el número de predios que tributaban era de 650.000. A partir de la implantación del autoavalúo los predios que tributan aumentaron a 903.000. Es esta una muestra irrefutable de que la política del autocumplimiento es mil veces más exitosa que la acción de los funcionarios del catastro. En un año se creció lo que no se había crecido en décadas, merced a una norma que vincula al contribuyente a cumplir su propia obligación tributaria.

Algo similar ocurrió con el impuesto de vehículos. A pesar de las protestas, este impuesto creció en un 80%. En el impuesto de industria y comercio, la adopción de la declaración bimestral y de una serie de medidas administrativas implementadas por la Dirección Distrital de Impuestos, determinaron que los recaudos tuvieran un aumento del 71%.

Cabe destacar que después de muchos años, Bogotá salió de la etapa de oscurantismo fiscal en que se encontraba, para entrar de lleno en el campo de la modernización fiscal. Este hecho se muestra en el traslado a los bancos de la recaudación y la recepción de declaraciones, con lo cual se pasó de 20 cajas que funcionaban en la Tesorería Distrital a más de 600 oficinas receptoras, produciéndose así una notable mejoría en el servicio al contribuyente.

El alcalde Jairne Castro se debe declarar satisfecho con los resultados de la política fiscal en el Distrito Capital. Buena parte del éxito proviene de que al frente de la Secretaría de Hacienda y de la Dirección Distrital de Impuestos, colocó a dos expertos en la materia, que se habían fogueado ya en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales donde tuvieron un desempeño exitoso: Julio Roberto Piza como secretario cíe Haciencla y Fabiola Barraza como directora de Impuestos.
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