Exclusión, corrupción y parálisis

| 5/12/2000 12:00:00 AM

Exclusión, corrupción y parálisis

Los sistemas políticos de América Latina tienen graves deficiencias. Colombia debería aprender de esas experiencias.

por Eduardo Lora

La democracia es un sistema muy imperfecto de gobierno, pero en unos países es más imperfecto que en otros. El problema radica en que todo sistema político debe buscar tres objetivos que no son fáciles de conciliar entre sí. El primero es que haya representación, es decir, que los intereses de todos los grupos y sectores sean tenidos en cuenta. Cuando esto no se logra se genera exclusión. En América Latina, las reglas electorales generan exclusión porque recompensan mucho más la relación de los políticos con sus dirigentes partidistas que con los electores. Colombia intentó resolver este problema permitiendo desde 1991 la multiplicidad de listas en cada partido y estableciendo un distrito electoral único para una de sus cámaras.

El remedio resultó peor que la enfermedad porque se ignoró el segundo objetivo de todo sistema político: alineamiento de los políticos, es decir, que las reglas del juego político conduzcan a que los políticos persigan los intereses colectivos para los cuales fueron elegidos, no intereses privados ilegítimos. Cuando esto no se logra se genera corrupción. Las siguientes circunstancias, comunes en América Latina, y evidentes en Colombia, facilitan la corrupción:



* Sistemas electorales que debilitan el control de los electores sobre los partidos.



* Falta de mecanismos de democracia y transparencia interna de los partidos.



* Falta de controles al financiamiento de los partidos.



* Baja participación política.



* Sistemas débiles de pesos y contrapesos entre los órganos de gobierno.



Las democracias deben lograr además un objetivo de agregación de los intereses, a menudo contrapuestos, de unos grupos y otros. Cuando esto no se logra se genera parálisis: el sistema no logra reaccionar a tiempo ante las crisis y los problemas tienden a agravarse pues unos grupos políticos se encargan de bloquear a otros. Los sistemas presidenciales con representación proporcional, típicos de América Latina, suelen generar fragmentación partidista y gobiernos minoritarios, que conducen a frecuentes bloqueos políticos. El viejo bipartidismo colombiano reducía este riesgo, aunque a costa de un problema de exclusión. En los últimos años, con la pérdida de cohesión de los partidos tradicionales y la multiplicación de movimientos "suprapartidistas", la tendencia a la parálisis se ha vuelto cada vez más evidente.



No existe una fórmula mágica para resolver simultáneamente los problemas de exclusión, corrupción y parálisis que caracterizan a los sistemas políticos de América Latina. Pero cualquier solución que se busque debe tener en cuenta que la democracia es un difícil compromiso entre estos tres objetivos. Correctamente, muchos países de la región están preocupados hoy con el problema de la corrupción. Pero en algunos casos esta preocupación ha conducido a reformas políticas que han debilitado seriamente los otros objetivos. Colombia tiene la oportunidad histórica de hacer una reforma política profunda, aprendiendo tanto de sus errores del pasado como de los de otros.



¿Quiere saber más? Vea una presentación sobre el tema en http://www.iadb.org/oce/presentations/Seminario%20Politica.



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual está vinculado el autor.
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