Opinión

  • | 2006/08/04 00:00

    Excesiva generosidad

    La reforma tributaria propuesta por el gobierno tiene muchas cosas buenas pero me parece demasiado generosa con la población de "estrato 6" o superior.

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Como contribuyente, cuya opinión interesada carece de mérito para consignarla aquí, excepto para ilustrar por qué el proyecto del gobierno tendrá defensores fervorosos, la propuesta tributaria oficial me luce maravillosa: no veo sino rebajas y regalos por todas partes. Imagino que en situación similar estarán otras personas que tampoco sean asalariadas y deriven sus ingresos de una o varias empresas, porque el proyecto propone reducir en más de una cuarta parte la tarifa efectiva a las empresas por la combinación de un menor gravamen teórico y la posibilidad de deducir, en forma inmediata, como costo, la totalidad de las inversiones productivas, al tiempo que mantiene los dividendos completamente exentos.

También debe gustarles la propuesta a quienes estén jubilados y, por su edad, carezcan de posibilidad o interés alguno de aplicar a otros ingresos deducciones como las relacionadas con los gastos de salud, educación y vivienda, porque en el proyecto las rentas de los jubilados siguen exentas, cualquiera sea su nivel, mientras se eliminan las deducciones que hoy existen para gastos como los mencionados, más propios del inicio de la vida productiva. Para no hablar de lo contentos que deben estar quienes consuman algunos de los bienes hoy sujetos a la tarifa del 35%, como los autos de alta gama, pues se reducirá 10 puntos. Y ni se diga quienes, además, hagan transacciones económicas como traspasos de bienes, hoy sujetas a impuestos de timbre, que se eliminará.

Como analista económico, consciente de que la propuesta debe evaluarse con una perspectiva más amplia, me complace poder decir que hay muchas cosas buenas en el proyecto oficial. La mejor, quizás, es la gran simplificación que implica reducir el inmanejable Estatuto Tributario a 282 artículos y eliminar la necesidad de múltiples referencias cruzadas. También debe aplaudirse la reducción de la tarifa general a la renta de 38,5% a 32%, en tres años pues, con el carácter no deducible de varios costos, la actual tarifa resulta confiscatoria para muchas pequeñas empresas. Además me parece que el Ministerio de Hacienda tiene un buen caso cuando defiende como otro logro de la propuesta el mejoramiento de la equidad horizontal, esto es, que las personas naturales o jurídicas que ganan igual ingreso (salvo los pensionados) estén sujetos a la misma tarifa efectiva de impuestos. La eliminación de algunos tratamientos especiales puede golpear la equidad, porque se eleva la tarifa efectiva para las rentas de trabajo mientras se reduce la que se aplica a ingresos de capital, pero acepto que en conjunto el sistema conserva suficiente progresividad.

No voy a referirme en esta ocasión al asunto que genera la mayor resistencia: la propuesta de gravar con un IVA 10% a muchos bienes y servicios hoy exentos o excluidos del impuesto, y de elevar de 10% a 16% la tarifa de IVA para otros. No lo haré porque requeriría más espacio para sopesar el valor de dos objetivos en conflicto como son el aumento del recaudo tributario y la equidad, que se verá reducida pues la propuesta por el gobierno es obviamente regresiva, así ese efecto se atenúe con la devolución del IVA propuesta para los estratos 1 y 2. En cambio, quiero mencionar mi extrañeza porque se insista en reducir la actual tarifa de 35% para algunos bienes suntuarios, como los automóviles de alta gama, porque tal reducción atenta al mismo tiempo contra los objetivos de mejorar el recaudo y de lograr equidad. ¿O es que alguien cree que actualmente el IVA del 35% se evade haciendo pasar las narcoburbujas por motocicletas? ¿O que la reducción de la tarifa va a mejorar el recaudo porque se van a comprar muchos más carros de lujo?

Otra concesión que atenta al mismo tiempo contra la equidad y contra el recaudo es la de permitir la deducción como costo del 100% de la inversión —por ejemplo, en oficinas— el mismo año en que se realiza. He leído los especiosos argumentos del Ministro de Hacienda y de otros funcionarios y no me convencen para nada. Si en una empresa privada la administración propusiera tratar como costos anuales la totalidad de las inversiones incluyendo las de largo plazo muchos accionistas pondrían el grito en el cielo. Y no creo que semejante práctica resultara aceptable para los auditores externos a cargo de la defensa de los intereses de los socios, porque es claro que se aparta de los "criterios de contabilidad generalmente aceptados" que buscan reflejar la realidad de la empresa.

Creo que la propuesta oficial mejoraría mucho en su resultado fiscal y en su equidad si se abandonara la idea de rebajar el impuesto a los bienes suntuarios hoy gravados con el 35% y la de establecer, para fines tributarios, un tratamiento de las inversiones que se aleja mucho de la verdad y las prácticas contables.
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