Opinión

  • | 2010/10/01 12:00

    Evitando la enfermedad holandesa ¡Pongámosle julepe!

    Resulta clave tener políticas sólidas que permitan obtener y ahorrar ingresos fiscales en los buenos tiempos para los periodos de vacas flacas.

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Es legítima la preocupación de que los altos ingresos de divisas y fiscales provenientes del petróleo y la minería se desaprovechen. Más aún, de que, a través de la revaluación y el aumento del precio relativo de los servicios no transables, causen daño a la agricultura y la industria. Para muchos países, como ha sido el caso de Venezuela y Ecuador en el vecindario y de Nigeria, Zambia y muchos otros algo más lejos, la riqueza petrolera y minera acabó convirtiéndose en una maldición, no solamente por los efectos económicos adversos sobre otras actividades económicas, sino por su impacto demoledor sobre la política al permitir y financiar el deterioro de la democracia y el surgimiento de líderes autoritarios. Aunque es poco probable que en Colombia lleguemos a estos extremos, sí resulta fundamental asegurarnos de que aprovechemos bien esta riqueza, como en su momento lo hicieron Estados Unidos, Canadá, Noruega y Australia y como lo están haciendo hoy Chile y Bostwana, y que evitemos los síntomas de la llamada enfermedad holandesa (el deterioro de la agricultura y la industria de exportación).

¿Qué ha hecho la diferencia entre los países que han aprovechado la riqueza natural y los que no? Una multitud de investigaciones económicas e históricas permiten concluir que hay cuatro factores fundamentales: 1) instituciones y políticas fiscales sólidas que permiten obtener y ahorrar ingresos fiscales en los buenos tiempos para el futuro y para los periodos de vacas flacas; 2) instituciones presupuestales y de control sólidas que evitan que haya captura o desperdicio de las regalías y los otros recursos fiscales originados en estas actividades y que, por el contrario, se invierten bien en infraestructura, educación e innovación para aumentar la productividad de las demás actividades económicas; 3) una política cambiaria activa del Banco Central que, en conjunto con la política fiscal indicada en (1), evita revaluaciones excesivas en los buenos tiempos y devaluaciones muy fuertes en los malos tiempos; 4) un sistema político competitivo y sano y unos gremios, asociaciones civiles y medios fuertes e influyentes, que eviten la captura y la utilización indebida de los recursos por parte de autoridades nacionales o regionales para lucrarse o concentrar el poder y que, por el contrario, aseguren que se utilicen de forma eficiente y equitativa.

En Colombia no se han cumplido ninguna de las tres primeras condiciones y la cuarta no opera en muchas regiones beneficiarias de las regalías petroleras. Las iniciativas legislativas del Gobierno en materia de regla fiscal y regalías contribuirían a cambiar en mucho las dos primeras. Pero, a mi juicio, tanto el Gobierno, como Congreso, el Banco de la República, el sector privado y los medios tienen que ir mucho más lejos.

Para comenzar, el Gobierno tiene que ponerle prioridad y julepe a la propuesta de regla fiscal, y actuar en consecuencia. Aunque ha dicho que apoyará la iniciativa del Gobierno anterior con algunos cambios, ¡esta es la hora en que no ha presentado aún su proyecto a consideración del Congreso! Una regla fiscal a la chilena, debidamente colombianizada, sería el instrumento fiscal más importante para contribuir a evitar la enfermedad holandesa. El Ministro de Hacienda tiene que ponerse las pilas y dejar de dar la impresión de que su problema es ver cómo se gasta los ríos de miel que vienen, al tiempo que pide adiciones presupuestales al Congreso.

En segundo lugar, el Congreso tiene que cumplir en esta materia y, con respecto al Acto Legislativo y la Ley sobre Regalías que permitirían evitar la enfermedad holandesa en los departamentos productores (y contribuir a evitarla a nivel nacional), asegurar una distribución más equitativa y eficiente de las regalías y mejorar los controles para que se usen bien. Como ha señalado Antonio Hernández Gamarra, muchos de estos objetivos se pueden lograr ya mediante reformas legales, sin recurrir a cambios constitucionales. Congreso y Gobierno podrían por tanto mejorar en mucho los proyectos iniciales y aprobarlos en forma más expedita.

El Gobierno debe utilizar el enorme prestigio que le han dado sus éxitos iniciales en materia de seguridad y política exterior para exigirles a las directivas de los partidos de la coalición un compromiso fuerte con estos proyectos y la aplicación estricta de la Ley de Bancadas en su aplicación. Los palos en la rueda que están poniendo los presidentes del Senado y de la U, seguramente empujados por miembros de esa bancada, buscan prolongar el manejo clientelista de las relaciones entre ejecutivo y legislativo que tanto daño ha hecho a la imagen del Congreso y son inaceptables. La opinión pública y el Gobierno deberían condenar con vehemencia estos comportamientos.

Por su parte, el Banco de la República tiene que contribuir en serio. Las compritas anunciadas de divisas, de poco o nada sirven: o está dispuesto a intervenir en grande y en forma no anunciada, para quebrar a algunos especuladores e imponer disciplina en el mercado cambiario, o tendrá que asumir ante la historia la responsabilidad de haber contribuido, por omisión, al desaprovechamiento de la bonanza y al debilitamiento estructural de la economía.

Ante la inacción del Gobierno, el Congreso y el Banco, comienzan a hacer carrera otras propuestas, como la de poner más impuestos a las actividades minero-energéticas para frenar su expansión. Aumentar técnicamente la carga fiscal de estas actividades, eliminando las deducciones innecesarias que hoy pueden aprovechar o estableciendo un impuesto al exceso de utilidades puede justificarse con facilidad. Pero recurrir arbitrariamente a impuestos a la exportación, como en Argentina, o a aumentos en las regalías, como en Bolivia, equivaldría a botar al niño con el agua sucia de la bañera.

Estamos dejando pasar el tiempo y la luna de miel. Presidente: por favor apriete las tuercas que el país se lo sabrá agradecer.

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