Opinión

  • | 2005/03/18 00:00

    Europa del Este: ¿oportunidad o riesgo?

    La integración económica de los países de esta zona con Europa Occidental trajo oportunidades de inversión similares a las de Portugal y España a mediados de los 80.

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El mapa económico y político de Europa está cambiando desde mediados de los 50. En los dos últimos decenios y desde la caída del Muro de Berlín, su aceleración es exponencial. Con estos cambios, es difícil recordar qué países son miembros de un bloque económico, cuáles de ellos existen o si se han dividido en las diferentes regiones que los componen.

El pasado año, diez países, varios de ellos del antiguo bloque socialista, entraron a la Unión Europea. Cuatro más están negociando, Bulgaria y Rumania con fecha en firme para enero de 2007 y Croacia y Turquía en etapas preliminares.Esto ha supuesto reformas estructurales importantes para adecuar sus economías a las del resto de la Unión, lo que requiere cantidades enormes de dinero de fondos comunitarios para reducir las diferencias económicas y sociales entre todos los países miembros.

Esta integración económica ha originado unas oportunidades de inversión similares a las que se dieron en Portugal y España a mediados de los 80, cuando los diferenciales en tipos de interés, inflación y sobre todo tasas de crecimiento eran muy amplios y se fueron acercando a la media de las naciones de su entorno en pocos años. Hubo un proceso posterior de integración, con la entrada en circulación del euro, por parte de algunos de los países miembros, llegando a unos acuerdos muy rígidos respecto a inflación y límites de deuda que les obligaron a fijar unos controles más férreos en sus economías. En 2004, se dio una situación que nadie habría creído diez años atrás. El "rating" de la deuda de España estuvo por encima del de Alemania, siendo el coste de emitir deuda de este último superior al de la primera.

Ahora se producirá un proceso muy similar en los países que entraron en la Unión en 2004, sobre todo en economías grandes, como Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa. Todas ellas tienen características muy similares, aunque con diferentes matices: tasas de crecimiento en el último año superiores al 5% y cercanas al 4% para este ejercicio, niveles de inflación controlados y un endeudamiento relativo a su Producto Interno Bruto inferior al 50%. En todos ellos, hay tipos de interés muy superiores a los de la Zona Euro, por lo que, con seguridad, habrá una reducción de los mismos convergiendo a los del resto de los países de su entorno. Tampoco habrá subidas importantes de intereses en Europa Occidental (a diferencia de Estados Unidos, en donde subirán por lo menos otro 1% en los próximos meses), pero sí bajadas entre 1,5 y 3% en Polonia y Hungría.

Todos ellos han tenido entradas importantes de capital que han producido apreciaciones de sus monedas tanto contra el euro como contra el dólar. Es posible que sigan, aunque más controladas, en los próximos meses, por sus altos tipos de interés locales, por las mejoras económicas hechas y sobre todo por la gran inversión directa de compañías europeas y estadounidenses.

Fuera de este círculo, hay dos oportunidades puntuales de inversión, en bolsa y en instrumentos de renta fija. Una de ellas es Rusia y la otra es Turquía. Rusia, con un crecimiento económico superior al 7% en los últimos años, superávit comercial, superávit fiscal y con un nivel de deuda pública frente a su PIB de un 20% sigue siendo, para inversores con apetito de riesgo, una de las mejores oportunidades del mercado. Con reservas superiores a los US$120.000 millones y con precios del petróleo por encima de US$53 por barril, podrá realizar las reformas económicas, políticas y sociales que necesita. Por supuesto, tiene el riesgo de la inseguridad jurídica y la falta de transparencia, pero es el mismo de cualquier país emergente.

El caso de Turquía es diferente, porque si bien sus proporciones de deuda e inflación son peores que en los países ya citados, su tasa de crecimiento sigue muy fuerte (8,5% en 2004) y está haciendo importantes reformas económicas y sobre todo políticas para poderse adecuar a los parámetros requeridos por la Unión Europea. Si finalmente avanza en su proceso negociador y se vencen las reticencias de algunos miembros, los retornos que se pueden conseguir en moneda local, donde aún tienen los intereses a corto plazo en el 16%, son muy altos. Por último, hay que pensar en las ventajas sobre la crispación mundial que produciría aceptar a un país musulmán en un entorno económico y político occidental.



* Santiago Ulloa, CEO TBK Investments, Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
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