Connie Cárdenas de Santamaría

| 2/21/2003 12:00:00 AM

Etica en la vida cotidiana

La ética se manifiesta en los actos más sencillos de la vida.

Como parte de la formación de los estudiantes de posgrado se ha diseñado un taller de "Etica y formación humana en el trabajo", en el cual estoy colaborando.

La primera tarea que se les pidió a los estudiantes fue describir algún dilema ético al cual se hubieran enfrentado. Al leer sus ensayos se evidencia la dificultad que encontramos permanentemente en nuestras relaciones tanto en el trabajo como en la familia y con nuestros amigos por el hecho de separar lo que hacemos de lo que pensamos y sentimos, y los conflictos que surgen por esta distancia.

Uno de los estudiantes menciona que cuando estaba en el colegio discutía largas horas con sus compañeros sobre las diferentes posibilidades de acción ante situaciones hipotéticas del futuro. Ahora, cuando se ha visto confrontado con decisiones concretas, ve la distancia tan grande entre aquellas situaciones hipotéticas y las condiciones reales de la vida y señala cómo una cosa es pensar en una posibilidad de acción y otra muy distinta es actuar ante una situación real.

Seguir la orden de un jefe de botar a un empleado porque al gerente no le cae bien, y además convencerlo de que es mejor que renuncie por "su bien", cuando la verdad es que la compañía no lo quiere indemnizar, va contra los propios principios y plantea un claro dilema ético. Es probable que, si lo miráramos en abstracto, nos parecería evidente nuestro proceder, en cualquier dirección. Pero ya confrontados con obedecer o renunciar, la cosa no es tan clara. Lo mismo ocurre cuando en un proceso de selección tenemos que escoger entre un candidato amigo propio o de otro amigo, quien sabemos que necesita el puesto, pero es menos calificado que otro candidato para el cargo. Y qué decir de aquellas circunstancias en las cuales la persona con mayor autoridad que uno comete una falta e intenta, y a veces lo logra, ocultar su falta inculpándolo a uno o a alguien de menor poder y jerarquía. También en este caso, destapar "la verdad" nos puede costar el puesto o generarnos una situación amenazadora. Como les ocurre a los empleados del sector oficial hacia fin de año cuando tienen que ejecutar la orden de "gastar el presupuesto" a como dé lugar para garantizar el presupuesto del siguiente año, así sea comprando materiales que luego tendrán que botar.

Ahora, los abusos de poder y las fallas éticas no ocurren solamente cuando se está en posiciones subalternas. También cometemos estas faltas como jefes. Tal es el caso del jefe de sección que por congraciarse con sus superiores exige un rendimiento desmedido y abusa del castigo y la amenaza, perdiendo así las relaciones de amistad con sus antiguos compañeros y todo por un reconocimiento económico o social.

La facilidad con la que nos dejamos engañar o nos autoengañamos sumergidos en la comodidad de un buen salario o en la adulación de los subalternos, o con la que nos dejamos "comprar" con un viaje o algún beneficio, nos muestra lo fácil que es dejarse corromper y perder el sentido ético. Y nos pasa todo el tiempo.

Decir la verdad, decirse la verdad, es un principio que debe guiar nuestras acciones. No es fácil porque muchas veces una pequeña mentira parece tanto mejor que enfrentar las consecuencias de decir la verdad y ser consecuentes con lo que pensamos y sentimos.

Como dice un gran maestro:



"Di la verdad. Este es un valor moral.

Dila de manera agradable. Este es un valor ético.

Nunca digas la verdad de manera desagradable. Este es un valor espiritual".
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.