Opinión

  • | 1998/02/18 00:00

    Etica empresarial

    Los conflictos entre la ética y los intereses de la empresa tienen que resolverse, siempre, con predominio de los principios éticos.

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Las finalidades de la empresa son proporcionar un servicio a la comunidad, generar un suficiente valor económico agregado, proporcionar a sus miembros satisfacción personal y perfeccionamiento humano, garantizar una capacidad de continuidad o permanencia y contribuir con su conducta en los negocios a construir y preservar la ética de la sociedad.



Por tanto, la empresa debe asegurar la satisfacción de necesidades humanas, para lo cual tiene que contar con la obtención de beneficios. Pero satisfacer tales necesidades no puede hacerse a costa de los derechos de los empleados ni de los proveedores, ni el beneficio de los miembros de la empresa puede pasar por delante de los derechos de los consumidores, como bien lo explica Adela Cortina en su libro Etica de la empresa.



Partiendo de la afirmación de que la empresa moderna existe para proporcionar un servicio específico a la sociedad, es necesario entonces establecer que ésta es viable solamente, si todos sus negocios y operaciones se realizan en concordancia con la ética civil, es decir, con el mínimo de valores y normas que los miembros de la sociedad moderna comparten y que pueden compendiarse esencialmente en libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia activa, pluralismo y diálogo.



La ética tiene que incorporarse en las empresas por razones positivas y como parte de su compromiso con la sociedad en la cual desarrollan su objeto económico. Además, se puede demostrar con facilidad que la práctica ortodoxa de los negocios produce buenos resultados comerciales.



A menudo se presentan actuaciones de empresarios que van en contravía con la ética civil al suponer erradamente que para hacer negocios es necesario olvidarse de la ética común, por cuanto éstos tendrían sus propias reglas del juego o porque la misión de la empresa es maximizar los beneficios, de suerte que todos los medios para obtenerlos serían lícitos o que la ética debería limitarse al cumplimiento de la legalidad y a la sujeción de las leyes del mercado. También hay quienes presionados o amenazados por terceros deciden sacrificarla. Los conflictos entre la ética y los intereses de la empresa tienen que resolverse, siempre, con predominio de los principios éticos.



La ética vende



Cada día es más clara la necesidad de legitimación moral que requieren las empresas para poder tener éxito en su actividad comercial. Por lo anterior, apelar a la ética tiene también una explicación pragmática, de eficacia. La confianza de la sociedad en la empresa se convierte explícitamente en el valor empresarial que siempre ha sido y la falta de credibilidad, por el contrario, no resulta ser una carta de triunfo en el mundo de los negocios, explica Cortina.



Al analizar las empresas que se distinguen en la comunidad de negocios y que ocupan los primeros lugares en sus respectivos sectores, se observa que en aquellas que practican por convicción y en forma rigurosa la ética empresarial, se dan los mejores resultados, se obtiene la mayor legitimación de los consumidores y se reafirma más categóricamente su continuidad, lo cual permite afirmar que la ética practicada sinceramente lleva consigo un enorme valor comercial. En el largo plazo, el más allá de la ética refuerza el más acá de la cuenta de resultados.



El entorno



El propósito de continuidad o permanencia de la empresa pertenece a la esencia de la organización productiva y contiene una responsabilidad ética muy precisa.



Con la ruptura de las barreras proteccionistas y la globalización de la economía desapareció el espacio para las empresas ineficientes que traían consigo grandes costos sociales por el despilfarro de recursos naturales, la fijación arbitraria de precios y la precaria calidad de sus productos.



Corresponde a las empresas transformarse rápidamente en núcleos competitivos, adoptando las tecnologías que les aseguren su futuro y revisando su estructura y su cultura para sobrevivir. Está reñido con la ética desconocer la realidad del entorno económico internacional y pretender conservar el statu quo o ampararse en la ineficiencia transitoria de la infraestructura nacional. Es necesario buscar el consenso con la comunidad empresarial para formular un nuevo modelo administrativo y tecnológico que permita la permanencia de las empresas en el tiempo y la de sus miembros en ellas. "No hay futuro si nuestras empresas y trabajadores no se suben al tren de las nuevas tecnologías", comentaba Hernando Gómez Buendía. Los directores de empresa que ignoren los cambios económicos, políticos o sociales conducirán a sus empresas hacia el fracaso, lo mismo que aquellos que sobrerreaccionen frente a los cambios y riesgos que perciben.



El consumidor valora y prefiere aquellas organizaciones que, además de bienes y servicios de calidad, generan soporte social y actúan con una sincera conciencia moral.



A modo de conclusión de estas primeras reflexiones, podría afirmarse que no hay porvenir para una empresa ni para el capitalismo de mercado sin ética. Las empresas duraderas tienen, todas ellas, una fuerte ética porque el capitalismo de mercado no significa que pueda hacerse cualquier cosa por enriquecerse, por cuanto éste no puede sobrevivir sino mediante la disciplina de una conducta reconocida como creíble por la opinión.
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