Opinión

  • | 2011/03/04 00:00

    ¿Estamos acaso informados?

    Los casos de los asesinatos de los estudiantes universitarios en Córdoba y del escándalo de contratación de los Nule son claros ejemplos de cómo funcionan los medios.

COMPARTIR

Es una perogrullada decir que los medios de comunicación más que informar manipulan la opinión pública: como cualquier poder, este sirve los intereses de quien lo ejerce. Informar no es realmente su objetivo sino solo el instrumento para sus propios propósitos.

Los intereses son varios. Están los del 'cargaladrillos', que normalmente hace una reportería buscando noticias que por el rating que logra lo proyecten dentro de la profesión. Los columnistas, que en una forma u otra aspiran a hacer proselitismo de sus ideas, inquietudes o puntos de vista. Los de los propietarios, que naturalmente buscan una rentabilidad en dinero pero igualmente en influencia. Y, recíprocamente, quienes tienen acceso a los que deciden en los medios intentan usarlos para su beneficio y su promoción política.

Con filtraciones y chivas y excitando las emociones se maneja ese mundo; pero también con los vacíos que se dejan.

Un ejemplo reciente es el caso de los jóvenes estudiantes de los Andes asesinados en Córdoba. Ya se ha hecho notar lo desequilibrado del despliegue en comparación a la poca importancia que se había dado al contexto dentro del cual se produjo. Antes de ellos se habían presentado otros 30 homicidios en la misma zona en los primeros 18 días del año; además de la cantidad, esto representaba una escalada local y regional imposible de no destacarse: en el departamento, en los últimos cinco años, se había producido un promedio de dos asesinatos cada tres días (cerca de cien por 100.000 habitantes), y al final del mes de enero este promedio se había más que doblado con 48 muertes en treinta días. El control que ejercían las bandas sobre la zona era conocido, conocida la actividad de embarcación de droga que allí se realizaba y los enfrentamientos que por eso se daban entre ellas.

La noticia no fue desarrollada en razón de esto, ni para que la ciudadanía supiera que esto sucedía; giró alrededor de las entrevistas a familiares, el recuento de la historia de los estudiantes y la movilización de los sentimientos y las emociones que podían producir repercusión mediática.

Y agitó a las autoridades: Consejos de Seguridad, envío de fuerzas adicionales, oferta de grandes recompensas. Toda la reacción que no producía la situación existente fue disparada por la presión de los medios. Pero hasta ahí llegó el 'interés noticioso'; el asesinato de otros dos estudiantes del Sena ocho días después ya no tuvo tanta exposición (cuando lo esperable es que por ser la continuidad o la repetición se usara para mostrar lo terrible que allí sucedía) y hoy nada se sabe de lo que sigue pasando en ese territorio (excepto lo que se refiere a la captura de los responsables de ese crimen).

Indiscutiblemente, algo de positivo tuvo el que apareciera en la prensa la información sobre esas muertes, pero es igualmente claro que esa información estaba orientada a objetivos diferentes de estudiar y denunciar lo que esa región vivía; en otras palabras, no se cumple la función que uno esperaría y que la prensa dice estar cumpliendo: ser instrumento de la ciudadanía para 'ver' lo que pasa en el mundo y en especial en el que nos rodea.

Otro caso es el del escándalo de la contratación de los Nule. Estamos informados paso a paso de cada declaración que ellos dan, de cómo se consideran víctimas y no culpables de unos delitos, de las acusaciones que presentan.

Pero el interés mediático es alrededor de las personas y no de los hechos, no se busca informar -estudiar y denunciar lo grave que puede estar sucediendo- sino 'comer Alcalde, comer Contralor, comer Congresista', permitir que el ciudadano desahogue sus pasiones en contra de quienes por el mismo manejo de la opinión pública son presentados como responsables de sus males.

El qué pasó y porqué pasó no 'vende'. No es posible que esto sea un caso aislado y único; si el delito nace en las autoridades del Distrito, este se debería reproducir en todas las licitaciones; en las de Obras Públicas, pero además en Educación, Salud, Servicios Públicos, etc. Y de ser así no serían pocos los contratistas que funcionan también bajo esas modalidades. Y si los 'malos' son los Nule, lo que uno supondría es que usaron los mismos métodos en buena parte de los contratos que concretaron a nivel nacional, departamental, municipal, etc. De todo esto nada se sabe.

Y, si daban comisiones del 6% más el 2% de los contratos que firmaron, habría perdido la ciudadanía $200.000 millones. ¿Será que todo el sistema de contratación está montado para que así funcione, pagando muchísimo más de lo que valen las cosas? ¿O sería el caso Nule único y solo ellos tuvieron esa habilidad u oportunidad?

Se ofrece la posibilidad de estudiar todo eso; pero no es eso lo que nos trae o atrae a la prensa. ¿Cómo se mueven esos contratos y esos dineros? Eso interesa más a la ciudadanía que la eventual repartición o participación en una comisión de $3.500 millones entre unos señores Dávila, Tapias, Liliana Pardo, Gómez, y otros cinco o diez más que siguen apareciendo como si fueran Alí Babá y los cuarenta ladrones y no parte de unas instituciones que así funcionan.

Cada denuncia de los Nule debería generar aunque sea un comentario más allá de la enunciación de la acusación. Que el Señor Iván Moreno extorsionaba pidiendo la adjudicación de los puestos para las estaciones de gasolina: ¿cómo se adjudican o reparten estos? ¿No puede cualquiera montarlas? ¿Cuánto costaría ese derecho? ¿Es tan rentable que contra ello se negocia la adjudicación de una obra como la Autopista del Sol?

Lo que se trata aquí de señalar es que para el ciudadano solo existe aquello sobre lo cual tiene información; y que los medios de comunicación, a pesar de ser el poder más grande -la realidad se convierte en lo que ellos presentan, y, excepto para quienes lo viven en directo, desaparece lo que ellos minimizan-, no están regulados ni les están asignadas unas responsabilidades que los pongan al servicio de lo que afecta a los ciudadanos. Tienen en el fondo más poder que las autoridades (decía el Fiscal que producía la investigación contra Bernardo Moreno, porque si no la prensa lo 'cocinaba'), pero nada les es exigible como función social institucional.

Es paradójico, pero el interés que tienen por 'la noticia' hace que menosprecien la información: la barbarie de los paramilitares (que han confesado 173.000 homicidios y 37.000 desaparecidos) aparecía a raíz de un acto atroz o de la captura de un capo, pero no como el proceso que ahora se viene a divulgar (y no porque no se conociera); la catástrofe institucional que representó el gobierno Uribe se ocultaba enfatizando los golpes dados a la guerrilla (en la práctica casi siempre sobredimensionados para volverlos algo 'noticioso'), como si nada de lo que ahora escandaliza se hubiera sabido. El caos del sector minero pareciera que solo existe cuando aparecen las tragedias. De las inundaciones se muestran las imágenes de impacto, pero después nada se sabe de la situación en la cual quedan los dos y medio millones de colombianos que las sufrieron ni de las expectativas que ahora les esperan. Se multiplican las denuncias de policías vinculados a toda clase de delitos pero sin ningún intento de indagar el porqué.

En fin, no es exagerado afirmar que es más (y de más importancia) lo que no informan los medios que lo que informan.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?