Opinión

  • | 2009/05/15 00:00

    Estados Unidos no tiene la culpa, presidentes Chávez y Correa

    Esta fue la respuesta del premio Nobel de Paz y presidente de Costa Rica Oscar Arias a los mensajes de sus colegas en la cumbre de las Américas.

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El gesto del presidente Chávez de regalarle el libro de Eduardo Galeano "Las venas abiertas de América Latina" al presidente Obama, fue quizás el evento más registrado por nuestra prensa. Probablemente también ha significado el mejor acto de relanzamiento para una obra ya suficientemente exitosa. Más de 70 ediciones.


Quienes han tenido oportunidad de leerlo saben que el argumento central se basa en que América Latina ha sido básicamente una víctima de la explotación de países de otras regiones a lo largo de la historia. España y Portugal durante la colonia y luego Estados Unidos a partir del siglo XIX.

La teoría de Galeano, en su versión más simple, es que la receta se basa en dedicar a América Latina a producir materias primas y commodities agrícolas y mineros, los cuales siempre comprarán a precios ridículamente bajos, mientras Estados Unidos se dedica a productos de alto valor agregado a través de los cuales podrán llevarse cualquier excedente de riqueza que se pueda generar en la región.

"Algo hicimos mal"

Por su parte, Oscar Arias se dirigió al resto de presidentes de América, con el que probablemente es el mejor discurso de toda la cumbre. Al menos el más profundo en términos de reflexiones estructurales sobre nuestros países.

Resaltó Arias la genética tendencia que tenemos a querer encontrar culpables de nuestros males siempre fuera de nuestras fronteras. Pero, sobre todo, resaltó cómo los últimos 50 años han significado un gran retroceso respecto al resto del mundo. Algunos de los datos más impactantes, traídos a colación, muestran cómo América Latina tenía universidades mucho antes de que Harvard fuera fundada, así como hace 50 años México era mucho más rico que Portugal, Brasil superaba a Corea en su ingreso per cápita y Honduras tenía más riqueza por habitante que Singapur.

Para colmo de males, muestra Arias, los gringos no siempre han sido tan ricos como nos parecen hoy en día; así, por ejemplo, hasta 1750 se consideraba que todos los americanos, de la Patagonia a Canadá, eran iguales, todos eran pobres y hasta 1950 un ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un latinoamericano mientras hoy ese indicador puede ser de 20 a 1.

Si todo lo anterior es cierto, ¿qué fue entonces lo que condujo a que hoy día tengamos un rezago tan importante frente a las economías desarrolladas o frente a los países del sudeste asiático? Estos países, de alguna forma, fueron durante la primera mitad del siglo pasado nuestros puntos de comparación. Demuestra en su intervención cómo las inversiones en educación e infraestructura son paupérrimas. Así, el promedio de escolaridad de todo el continente latinoamericano no supera los siete años, no contamos con una cobertura de servicios básicos decente, la infraestructura no alcanza para imaginarse una región medianamente competitiva y, en cambio, sí nos gastamos más de US$50.000 millones al año en armas y soldados.

Al final de su intervención dijo algunas palabras que creo vale la pena citar textualmente: "mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los "ismos" (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un "ismo" muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo... Recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: "Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que a mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones". Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que "la verdad es que enriquecerse es glorioso". Y, mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

"La buena noticia es que esto lo logró Deng Xiaoping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer."

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