Opinión

  • | 2011/01/21 00:00

    Esperanza para el año nuevo

    Se nota un sentimiento más positivo y ganas de asumir riesgo en los portafolios de inversión.

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Una vez más nos encontramos analizando el pasado ejercicio y planificando para el actual. Afortunadamente, las cosas se ven mejor después de la resaca de las fiestas. Si bien la situación macroeconómica de los países desarrollados no fue buena, se empezó a ver la luz al final del túnel. En la región latinoamericana, con carácter general, fue un muy buen año. Como se pronosticaba, se produjo una diferenciación clara entre los países que están sólidos, con poca deuda y creciendo, y aquellos que no.

A nivel de rendimientos para los inversionistas, 2010 fue mucho mejor de lo que todos esperábamos. El mercado rindió muy bien en la parte de renta fija, tanto corporativa como soberana en la mayor parte del mundo, exceptuando los países periféricos europeos. Las bolsas se dispararon a partir de septiembre, y salvo la toma de ganancias de noviembre, los retornos fueron de dos dígitos en prácticamente todos los mercados. Hubo casos como Perú, Colombia y Chile con subidas espectaculares que serán difíciles de repetir en el futuro cercano. Los fondos de inversión alternativa tuvieron resultados moderados, pero protegieron el capital, y el capital riesgo private equity se recuperó muy fuertemente. En general, debió ser un año en el que los inversores conservadores y diversificados deberían haber obtenido rendimientos netos entre 8% y 10% en dólares.

Hablando con empresarios y bancos de inversión, notamos un sentimiento más positivo y ganas de asumir riesgo en los portafolios. Los motivos pueden ser varios. El primero, que los rendimientos en certificados de depósito en monedas fuertes siguen bajos y no se espera que suban significativamente en los próximos doce meses. El segundo motivo, que la renta fija parece que ya ha dado de sí todo lo que se le podía ganar sin asumir riesgo. El margen de apreciación de los títulos es bajo o nulo, y lo único que queda es cortar cupones o esperar apreciación vía divisas y rendimientos en moneda local. Esto último puede tener sentido en muchos casos, pero dentro de porcentajes limitados. Sin embargo, cuando vemos las valoraciones de las compañías cotizadas en bolsa, sus perspectivas de crecimiento, dividendos actuales y, sobre todo, niveles de efectivo que tienen, pueden resultar atractivos.

En mi opinión, la incertidumbre actual sigue siendo alta, pero las perspectivas son mucho mejores. Estamos subiendo ligeramente la exposición a los mercados bursátiles, principalmente en cuatro mercados: el norteamericano, en compañías multinacionales consolidadas; seguimos apostando a los mercados emergentes, tanto directa como indirectamente; vemos consolidación en los mercados de materias primas, dando estabilidad a la región latinoamericana y a las acciones relacionadas con las misma y, finalmente, en el Oriente, nos siguen gustando los países que se benefician del crecimiento chino, pero evitamos invertir directamente en China. Vemos buenas valoraciones a largo plazo en los mercados de deuda y de bolsa en Australia y Nueva Zelanda, y en países como Corea e India. Una vez más, los analistas pronostican que este será el año de la recuperación de Japón, pero a riesgo de equivocarme, preferiría evitar la inversión allí hasta que no se vean señales claras de que consiguen salir de su espiral deflacionaria. Estamos empezando a seguir con mayor interés el mercado mexicano, ya que puede ser la sorpresa positiva de este año si, como se espera, la economía estadounidense sigue creciendo a buen ritmo y empuja hacia arriba a México.

Es muy posible que aumente la volatilidad. Hemos visto un alza casi continua de todos los mercados desde marzo de 2009 y, si bien la tendencia puede seguir siendo alcista, la posibilidad de sustos permanece. El principal es la deuda soberana en Europa y lo que pueda pasar con el euro a largo plazo. Es posible que los miembros de la Unión compren tiempo y vayan solucionando poco a poco sus problemas y, sobre todo, los de sus bancos (que son los tenedores de la mayor parte de la deuda pública europea), pero no descarto que a lo largo de 2011 tengamos la sorpresa de una reestructuración de deuda de alguno de los países pequeños que produzca una caída fuerte de los mercados. Es difícil que ello lleve a una crisis grave, pero sí pondría en duda muchos de los paradigmas creados con la viabilidad de la comunidad europea en su estado actual. La salida más fácil para los miembros de la UE sería imprimir dinero, como se ha hecho en Estados Unidos, con las consecuencias que ello tendría para su moneda.

Por último, seguimos viendo valor en los hedge funds y en el private equity por su objetivo de ayudar a reducir volatilidad y a encontrar oportunidades de inversión difíciles de ejecutar mediante vehículos tradicionales. Habrá grandes diferencias entre los buenos y los malos, y más que nunca la diversificación ayudará a reducir riesgos en el largo plazo. No debemos olvidar de la tolerancia al riesgo de cada uno de nosotros y en mercados con alta incertidumbre, como los que aún nos quedan por ver, cada uno debe asumir en qué instrumentos está dispuesto a invertir y en cuáles no, y recordar que no se deben poner todos los huevos en la misma cesta, por muy bonita que parezca.

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