Opinión

  • | 2004/06/11 00:00

    ¿Escribir para qué?

    Escritos cuyo propósito es dar contexto al debate son insertados dentro del marco de 'por o contra' el Presidente.

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Los resultados económicos del primer trimestre fueron menores a las expectativas creadas por el gobierno. Desde el punto de vista analítico -no de adhesión política- el panorama es otro. Finanzas, construcción y exportaciones mineras jalonaban el crecimiento del PIB; pero vale la pena profundizar:

- El sector financiero creció en utilidades por recuperación del valor de los bienes castigados en la crisis, no por mejor manejo o mayor volumen operacional; sí aumentaron los depósitos y los créditos pero más aumentó la inversión en papeles del Estado, lo cual no cumple la función de intermediar entre el ahorro y la inversión. Y aún falta el efecto del 4 x 1.000.

- La construcción fue el único sector que en términos reales creció. Pero disminuyó la vivienda de interés social y aumentó la del estrato 6. Como señalan dirigentes del sector, el panorama tiene luces amarillas pues los costos se dispararon, la diferencia entre oferta nueva y usada se está volviendo abismo (en una relación de casi 300%), y la demanda está sobreabastecida.

- Las exportaciones tienen síntomas de catástrofe, por los altos precios del petróleo -su renglón principal- pero con una caída del 40% en la producción; o sea, tendremos que comprarlo en dólares a más tardar a principios de 2006. En el otro extremo, hasta el doctor Hommes destaca que el crecimiento de las exportaciones menores de 5,5% es prácticamente despreciable por ser bajo y aplicarse a un universo marginal.

- El hecho de que Colombia haya superado el promedio latinoamericano los dos últimos años y ahora pase a la saga de ese crecimiento, señala lo cuestionable de la satisfacción de los gestores de este resultado.

- Se resalta un aumento del 138% en la utilidad de las 9.000 empresas grandes, inscritas en la Cámara de Comercio. Eso confirma que a la gran empresa le ha ido bien, pero no implica que la economía esté mejor. Estas mayores ganancias se amarran al deterioro del empleo.

- Según el DANE, de mes a mes el desempleo disminuyó 0,1%; pero respecto a igual fecha de 2003 (como se comparan las estadísticas) aumentó 1,1%, mientras el subempleo creció de mes a mes 10 veces más de lo que se redujo el desempleo. Si el gran crecimiento fue el de la construcción, que es el sector que más empleo genera, los otros redujeron en forma impresionante sus nóminas. Dada la precariedad en estabilidad y calidad de tales trabajos, es evidente que a la crisis cuantitativa se agrega el deterioro cualitativo.

- La inversión interna, que depende del ahorro, tiende a desaparecer absorbida por los impuestos y la externa fue una ilusión creada por los bajos intereses estadounidenses. Los spreads de la deuda, que estaban en 425 puntos básicos hace un trimestre, rondan los 650.

- Si a lo anterior se suma la distorsión por la devaluación del dólar, que con la misma producción hace ver valores mayores, la conclusión es que en términos generales ni el aparato productivo ha aumentado su capacidad, ni la instalada se ha reactivado en verdad.

Recuperación puede ser cuando, como Argentina o Venezuela, tras uno o dos años de crisis hay aumentos del 8%. Pero crecer 3,8% tras 4 años de deterioro, significa lo contrario: se consolidó el daño y podemos esperar crecimientos normales sobre la base de que no hay recuperación posible.

La consecuencia y el complemento que confirma lo triste del panorama es el aumento de la pobreza, la indigencia y la desigualdad.

Pero es justo repetirlo: nada de esto es inesperado. Cualquier análisis objetivo permitía preverlo.

Lo lamentable es que cualquier invitación al país, y a sus dirigentes, a reflexionar sobre esto o sobre el manejo y las propuestas de gobierno, se topa con que el tema que se trate no tiene importancia porque lo determinante no es lo que las medidas pueden producir sino si se está apoyando o no al doctor Uribe.

Esta polarización es inherente al sistema político del 'culto de la personalidad', pues escritos cuyo propósito es dar contexto al debate, con información y elementos de análisis invitando a una reflexión sobre un proyecto o una política, se insertan en el marco de 'por o contra' el Presidente, y se presentan como oposición, subversión o traición por los medios adictos al poder.

Así se tratan el cambio constitucional para permitir la reelección, el TLC con Estados Unidos y las leyes antiterroristas. Estos temas tienen argumentos en pro y en contra, que permiten un estudio a fondo, antecedentes y análisis académicos para tomar la mejor decisión y manejar cada una de estas problemáticas. Pero no: nuestra decisión se centra en si se está con Uribe, o contra él. Se pregunta uno entonces: ¿escribir para qué?
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