Opinión

  • | 2007/03/16 00:00

    ¿Es posible el microcrédito en Latinoamérica?

    El Malpensante planteó el debate: ¿es posible aplicar el modelo del Grameen Bank en la región?

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A raíz del otorgamiento del premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus y al Grameen Bank, los estudios sobre esta entidad y este modelo de intervención económica en la lucha contra la pobreza se han incrementado más allá de lo que hasta antes de esa fecha se consideraba la institución civil más estudiada del planeta.

La razón más importante para estudiar una entidad como el banco rural de Bangladesh es, entonces, identificar la verdadera posibilidad de implementar una entidad similar en países como Colombia. Hace unos días, la Primera Acción Malpensante convocó a un conversatorio para plantear esta pregunta. En este evento, su director Andrés Hoyos nos preguntaba sobre la aplicabilidad del modelo y los requerimientos para que realmente se pusiera en marcha una iniciativa de esta naturaleza.

La primera reacción de algunos economistas fue la de decir que "Colombia no es Bangladesh" (bastante obvio, pero propio de economistas), que en general las condiciones en las cuales nació y creció el Grameen Bank son muy distintas a las condiciones actuales de las sociedades latinoamericanas que, en todo caso, en casi todos nuestros países hay exitosas experiencias en el área de microfinanzas, sin la cobertura del Grameen Bank pero seguramente con mayor posibilidad de autosostenibilidad que esa entidad.

Microcrédito de acumulación vs el de subsistencia
Mi principal conclusión de las diferentes presentaciones e intervenciones es que toda la discusión sobre microcrédito en Colombia ha carecido de profundidad, en especial al poner en una misma canasta el microcrédito que se le otorga a una pyme y el microcrédito que se le da a una familia cuya situación económica está por debajo de la línea de subsistencia mínima.

Es cierto, Latinoamérica —y en concreto Colombia— cuenta con varias experiencias exitosas y muy bien estructuradas de entidades dedicadas al microcrédito, pero invariablemente se trata de entidades dedicadas al estudio y financiación de pyme y empresas familiares que, aunque están lejanas de ser pudientes, también afortunadamente están muy por encima de la línea de pobreza. No se puede negar la inmensa importancia del papel social que juegan estas entidades. Tampoco se puede negar la inmensa capacidad multiplicadora social de los recursos dedicados a esta actividad. Ejemplos hay muchos, el Banco de la Mujer, Actuar Famiempresa, Actuar por Bolívar, algunos programas de Familias en Acción, entre otros.

Sin embargo, algunos pensamos que el mayor valor del trabajo realizado por el Grameen Bank y Yunus es la creación de vehículos de acceso al crédito para personas y familias que están en la extrema pobreza. Con plena seguridad, el premio Nobel le fue otorgado por la amplia atención que les ha dado a las poblaciones más vulnerables, por haber distribuido US$27 entre 42 familias y que este acto haya cambiado el destino de las mismas, por haber sacado cientos de mendigos de las calles, por haber eliminado miles de casos de pseudoesclavismo ejercido por agiotistas, o por haber empoderado y devuelto la estima a miles de mujeres.

En otras palabras, el Grameen Bank ha otorgado un tipo de microcrédito diferente al que otorgan las entidades dedicadas a esta actividad en Latinoamérica. Otorga microcrédito para la subsistencia.

Por esto, algunas de las discusiones que tradicionalmente dan los expertos en microcrédito probablemente no sean aplicables al Grameen Bank. Por ejemplo, no es un tema de si las entidades deben ser o no vigiladas por la Superintendencia Financiera. Tampoco se trata de crear entidades autosuficientes. Por definición, una entidad que combate la extrema pobreza no puede ser autosuficiente, es una entidad que requiere donaciones y aportes del sector privado y del Estado.

Quizás sea esta sea la oportunidad de invertir recursos de Acción Social, de los Midas y los Pilas, para proponer una gran alianza entre sector público y sector privado para crear un vehículo de microcrédito social de subsistencia que conscientemente y con amplitud solo atienda poblaciones en la extrema pobreza sin aspirar a ser autosuficiente, un vehículo de redistribución puro, simple y generoso.
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