Opinión

  • | 2008/08/29 00:00

    ¿Es lo mismo educar que formar?

    Las instituciones educativas y todo el sistema deberían convertirse en centros de entrenamiento para la vida en lugar de centros de inyección de información

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A raíz de la última columna en la cual se hablaba de que una de las más grandes diferencias entre el pueblo colombiano y el pueblo norteamericano es el sentido de comunidad tan desarrollado que hay en los Estados Unidos y el papel que entidades como la iglesia o los colegios han jugado en la construcción de esa comunidad, recibí múltiples comentarios y reflexiones sobre el papel de las instituciones educativas en la comunidad.

Tan importante como la anterior reflexión es la de preguntarse ¿cuál es la educación que una comunidad quiere para sus nuevas generaciones?

No solo qué conocimientos quiere transmitirle, sino qué valores propios quiere divulgar e inculcar a través de la educación.

Siempre me he preguntado por qué es importante aprender cómo se calcula una raíz cúbica, o saber quién fue José Celestino Mutis, entender que hay plantas monocotiledóneas y otras dicotiledóneas, saber que la integral es el área debajo de una línea o aprenderse la tabla periódica de elementos. ¿Cuál es la verdadera importancia de todos estos datos? ¿Dónde radica su utilidad? ¿Por qué son unas de las primeras cosas que deben aprender las personas? Y, ¿por qué se considera que todas las personas deben saber esto?

Tratando de hacer memoria, no me acuerdo de una sola situación en la vida en que estos datos me hayan sido útiles. Bueno, con excepción de la entrada a la universidad donde luego me iban a enseñar otra buena cantidad de cosas de las cuales ya no me acuerdo.

El mundo está lleno de información, lleno de datos y conocimiento. ¿Cuáles son las razones o criterios para considerar que estos son los que todos debemos tener, además, desde las más tempranas etapas?

Reconozco el esfuerzo que hacen los grupos de expertos que diseñan y aprueban los curriculums y PEIs buscando enseñar lo que en su opinión es más importante. Pero este debería ser un tema debatido por toda la sociedad.

Sí creo entonces que nuestras sociedades actuales son completamente inconscientes respecto de la responsabilidad que implica formar a las nuevas generaciones y el papel de las instituciones educativas en ello. No hablo de los Ministerios de Educación o los colegios, sino de los ciudadanos comunes, de la gente de la calle, de los políticos o incluso de los padres de familia.

Hay que entender la diferencia entre enseñar y formar, o lo que es lo mismo, la diferencia entre transmitir información y dar herramientas para la vida.

Los procesos educativos, y por lo tanto las entidades a cargo de ellos, deberían ser más centros de entrenamiento para la vida y menos bancos de datos. La vida a su vez no debería ser considerada como una competencia a muerte de todos contra todos, sino un ejercicio de comunidad, un ejercicio de humanidad, un ejercicio de construcción de competencias para la armonía.

Por esto pregunto hoy en día, ¿cuál es la estrategia de nuestro sistema educativo para formar mejores ciudadanos? ¿Cuál es la estrategia para construir un sentido justo de comunidad? ¿Cuál es la estrategia para buscar el desarrollo sostenible? ¿Cuál es la estrategia para construir humanidad?

No tengo dudas, todas las sociedades deberían permanentemente preguntarse para qué quieren educar a sus jóvenes, en qué los quieren educar y cómo quieren hacerlo. Pero sobre todo, ¿qué hay que hacer para lograr comunidades más funcionales en el futuro?

Me atrevería a decir que una discusión mucho más importante que las competencias de las Cortes, los choques de trenes o si se puede reelegir a un presidente dos y tres veces, es definir cómo queremos formar a los niños y jóvenes. ¿En qué se deben formar? ¿Cuáles son los conocimientos que consideramos básicos para otorgar las competencias que busquen un desarrollo equilibrado?

Si sobre algo se deberían conseguir cinco millones de firmas y todos deberíamos opinar y sobre todo decidir, es sobre un tema como este. ¿Cómo queremos entonces formar nuestros futuros ciudadanos?
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