Opinión

  • | 2010/03/05 00:00

    ¿Es la Derecha mejor opción que el Derecho?

    La doctrina del actual gobierno ha sido priorizar los objetivos sobre los medios y, bajo el lema de 'todo se vale', ha subordinado el respeto por la Ley y el Derecho a lo que digan las políticas y las convicciones del Ejecutivo.

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Aunque lo parezca, la pregunta no se refiere a un tema de 'género'.

Es algo como el meollo de la ciencia política y, para el momento que está viviendo Colombia, es la reflexión que nos debe llevar a la decisión más importante que como ciudadanos debemos tomar.

En efecto, por 'de Derecha' se entiende el pensamiento que hoy se identifica con el modelo económico y político neoliberal; que admite que los hombres no son iguales por naturaleza, que el orden social debe crearse alrededor de esa realidad, y que esa la expresa el principio del mercado; que considera que a la defensa y promoción de la libertad se le debe dar preferencia sobre propósitos como la igualdad o la equidad.

Y como Sistema de Gobierno, por 'de Derecha' se entiende uno que considera el control social como una necesidad, y/o para el cual los medios que se usen son secundarios.

El modelo idealizado para esa corriente de pensamiento sería el soberano benevolente, que gracias a su ilustración y habilidades dirigiera la sociedad por el mejor camino, sin más guía o limitación que su convicción y la confianza que inspira.

Suponían serlo los jefes de tribu o los monarcas, pero como pocos llenaban esas condiciones ideales, las sociedades de la civilización occidental han evolucionado hacia unas 'reglas del juego' en que la participación de ciertos estamentos en la selección del mandatario, y el sistema de normas que prescriben y limitan sus funciones, sustituyen ese modelo. Es lo que denominamos el Sistema Democrático y el Estado de Derecho. Por eso reivindican el nombre de 'progresistas' o son calificados como 'de izquierda' quienes buscan profundizar esta tendencia. Un corolario de lo anterior es que para la Derecha el buen gobierno depende de las calidades del gobernante, mientras en el otro extremo del espectro es en el Derecho, en la Ley y en las instituciones jurídico-políticas del Estado, donde se juega la suerte de una nación.

Este tipo de clasificaciones se puede debatir indefinidamente y no es el propósito de este artículo. El punto es que, entre más de Derecha es un gobierno, más tiende a ser una alternativa al Estado de Derecho. Y que lo que es motivo de consenso es que el Gobierno de Colombia actual es uno de Derecha -y, podría ser más exacto, de extrema derecha-, con la reivindicación del orden natural a través del mercado y la figura providencial de Uribe.

Desde el momento en que el Dr. Uribe confundió o fusionó los Ministerios de la Política (Gobierno e Interior) y el de la Justicia (o sea el del Derecho) fuimos preavisados que a sus ojos estos ámbitos para él no son diferenciables. La doctrina del actual gobierno ha sido priorizar los objetivos sobre los medios y, bajo el lema de 'todo se vale', han subordinado el respeto por la Ley y el Derecho a lo que digan las políticas y las convicciones del Ejecutivo.

Por supuesto, es en los pasos para volver viable una segunda reelección donde más se ha manifestado recientemente esto, tanto porque sería la aplicación misma de esa propuesta teórica de la derecha, como porque es un desafío personal que asumió el actual mandatario. Pero no menos expresivo es lo que sucede en otros campos. Los últimos capítulos -estudiantes informantes y emergencia social- confirman que para el Presidente el tema nunca es el orden legal sino los fines que él busca; o sea, tanto lo inmediato con la eliminación de las Farc como imponer su concepción de Estado.

Es claro que el resultado tan cuestionado nace de la improvisación y el desespero ante unas situación que en estos y en otros campos se ha salido de las manos del gobernante; pero no es posible que todas estas violaciones expresas a leyes más que conocidas se deban a la ignorancia o se hayan producido sin que haya mediado la decisión de no tener en cuenta lo que ello significaba.

Lo que se debe destacar no es la cantidad de violaciones al Derecho que se ven en todas las actuaciones del Gobierno y los cuestionamientos que suscitan, sino el que estas no pueden ser por error o accidentales. Detrás de ello hay un menosprecio por la importancia de las normas y el propósito de dar prevalencia a los objetivos por encima de ellas. Es decir está planteada la propuesta de fondo de la derecha.

Y, por supuesto, aún más detrás está el cambio que se está imponiendo en la percepción de la ética de lo público para que el Gobierno no sea llamado a cuentas por aplicar la filosofía de 'el fin justifica los medios', y para que la ciudadanía entre a respaldar y compartir ese pensamiento, como si no fuera el progreso de la humanidad -y de la cultura política- el que lo ha calificado como bárbaro e indeseable.

Parte del pensamiento de la Derecha -tanto en cuanto a doctrina como para quienes la siguen- es que es aceptable que nuestro Congreso haya sido fruto de la 'refundación de la Patria' y que con él haya gobernado un Presidente que, por haber sido elegido para continuar el 'trabajo' de los paramilitares, haya dado legitimidad política -y cuasi amnistía penal- a su accionar, y negociado con ellos como si sus delitos no fueran 'de lesa humanidad'; es un pensamiento indiferente a que para ello y como consecuencia de ello los 'efectos colaterales' sean más de 2'000.000 de desplazados; cerca de 30.000 desaparecidos; más de 2.000 'falsos positivos'; casi tres millones de exilados, etc.; y es el que por motivos pragmáticos considera de menos trascendencia esos delitos que el narcotráfico, y de menos jerarquía la justicia colombiana que la americana; también admite el 'cohecho unilateral' -que no es sancionable para quien lo comete para fines del Gobierno-, o que la repartición de Notarías contra votos de parlamentarios es una forma de 'persuasión'; aprueba que el Gobierno use los instrumentos del Estado contra quien considere como oposición, y que para ello el DAS 'chuce' hasta al Presidente de la Corte Suprema; como modelo plantea que los ricos deben ser apoyados pues son quienes producen riqueza (v.gr. Agro Ingreso Seguro y Carimagua, o exenciones tributarias), y que temas como la injusticia social, la inequidad y la redistribución se pueden relegar a un segundo tiempo (aún en el país con mayor desigualdad en la región con la mayor desigualdad del mundo); también contempla que la prioridad de la guerra acapare los recursos que podrían destinarse a la atención social (solo para aquella se decretan 'impuestos extraordinarios'); y que la salud sea manejada como mercancía le parece ideal, y natural que se use la vía de 'Diktats' para imponer esa visión sin participación de nadie; natural también la alianza incondicional con el Gobierno de Derecha más cuestionado del mundo -hasta acompañarlo en una declaratoria de guerra contra Irak-, y su 'costo necesario' de pésimas relaciones con el resto de naciones -hasta rupturas diplomáticas y riesgos de guerras con los vecinos-, para defender una ideología que no aspira a la paz o a buscar consensos de convivencia sino a un unanimismo y una hegemonía alrededor de ella.

Por eso la decisión a tomar es si estamos con la Derecha o con el Derecho; o sea, si nuestro voto apoya el continuismo o si se va a una izquierda liberal en defensa de la prioridad de los propósitos sociales, del respeto por unos principios éticos y de las vías que enmarcan la Constitución y las Leyes.

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