Opinión

  • | 1995/01/01 00:00

    "Epur non si muove"

    La tasa de cambio "non si muove", por más que lo deseen Perry y Samper. ¿Qué quieren? Es un precio de mercado.

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Cuenta la leyenda que al abjurar ante el Tribunal de la Inquisición en Rozna de sus heréticas nociones sobre la rotación de la Tierra alrededor del sol, Galileo mascullaba, casi para sus adentros: -Y, sin embargo, se mueve". Después del activismo y de repetidos llamados a la paciencia para que las medidas encaminadas a sacudir una terca tasa de cambio tengan oportunidad de surtir efectos, el señor ministro de Hacienda debe estar musitando entre dientes: °Y, sin embargo, no se mueve".

Es comprensible que después de toda una vida ambicionando ser responsable de la política económica nacional se caiga en la tentación de mover palancas de comando cuando al fin se empuña al timón, sobre todo si se posee la capacidad intelectual y los conocimientos. Pero también hay que saber cuándo conectar el piloto automático, que con frecuencia es lo más sabio. Un estudio contratado por Analdex a finales de la administración Barco muestra cómo, en seis países alrededor del globo, la apertura comercial y de capitales fue seguida por varios años de incurable revaluación, sin que valiera activismo alguno por parte de los gobiernos.

Si el mercado ha decidido apostarle a la fortaleza del peso colombiano, lo único que puede hacerlo cambiar de opinión es un déficit prolongado y creciente de la balanza comercial. Como quien dice, para cumplir las promesas electorales sobre devaluación basta tener paciencia. El déficit es creciente y ya va para prolongado. Las medidas administrativas, en cambio, son peligrosas porque distorsionan otras variables. En efecto, es triste constatar que cuando el país comenzaba a vislumbrar la perspectiva de tasas de crecimiento superiores al 5% anual después de una década mediocre- se propale el temor al recalentamiento. Y se difunda para justificar el encarecimiento administrativo del crédito externo, que ni ha tenido ni tendrá efectos devaluacionistas sobre la tasa de cambio, pero que sí ha generado el desborde de las tasas de interés internas.

También se ha acudido a señalar el descenso de las ratas de ahorro privado para explicar las bondades del taponamiento del crédito externo; al endeudamiento del sector público, que no cesa, se le aplican reglas más laxas. Es cierto, éstas han caído del 13% hace cuatro años a aproximadamente el 8% hoy. Lo que resulta menos claro es la relación de causalidad. No hay consenso entre los economistas en cuanto a qué variables tienen impacto decisorio sobre el ahorro, y bien podría argumentarse que los cambios en Colombia han sido más bien una consecuencia a corto plazo de la apertura, general en el medio cultural latino, como parece indicarlo el descenso de las tasas en todos los países americanos que han liberado recientemente sus mercados de capitales. Pero no, la versión oficial arguye que la liquidez de los bancos por la abundancia de crédito internacional (el endeudamiento externo privado ha aumentado de alrededor de US$ 3.000 millones al final de los ochenta a algo más de US$4.000 millones ahora), ha provocado una orgía de préstamos de consumo y la reducción de la tasa de ahorro privado. Dado que la clasificación de préstamos de consumo de la Superintendencia Bancaria es absolutamente arbitraria (depende de su cuantía en términos de salarios mínimos), tomar medidas sobre tan frágil evidencia es exponerse a la mofa del fabulista: "Tantas vueltas y revueltas son de alguna utilidad".

Lo malo es que las "revueltas" podrían resultar perjudiciales. Las cosas van como bien. La economía crece a buen ritmo, la tasa de desempleo disminuye, las reservas internacionales se mantienen, la tasa anual de inflación no se empeora (en esta materia también puede ser dañino el activismo pero eso es asunto para otro artículo), la inversión productiva aumenta, en fin, no todo es color de rosa -los correctivos de orden social que se han anunciado son ciertamente plausibles- pero los mercados tienden a tener fe en el futuro de Colombia. ¿A qué vienen entonces a sacudir tan rudamente una variable crítica como la tasa de interés cuya relativa moderación contribuye a sostener todo el andamiaje?

¡Que recalentamiento, ni que reducción del ahorro privado, ni que ocho cuartos! Lo que Colombia ha estado viviendo es el resultado de una política encaminada a mejorar la asignación de recursos y a estimular la productividad. Política inspirada por el convencimiento de que, por imperfecto que sea, el mercado es superior para asignar recursos que el funcionario público, por ilustrado que sea. Mientras menos se entrabe su funcionamiento con activismo decretal y resolucional mejor le irá al país. Hasta el conejo tributario -no más impuestos es otra promesa electoral- es aceptable si su producido se aplica con mayor eficacia a mejorar la condición de los más débiles y a fortalecer la infraestructura, pero en lo de la tasa de cambio, más vale por el momento, resignarse a que epur non si mouve.
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