Opinión

  • | 2008/10/10 00:00

    Entre riqueza y pobreza que lluevan luces y centellas

    Habría que pensar en que la erradicación de la pobreza sea combatida a partir de la erradicación de la extrema riqueza.

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En estos días de incertidumbre y turbulencia financiera por causa de la crisis americana, me pregunto si es posible erradicar la pobreza, una de las Metas del Milenio acordada por todos los jefes de estado en el año 2000 y que hace parte de sus discursos, al igual que de los de los ministros de finanzas del mundo.

Parte de la respuesta se encuentra en el más reciente libro de Lester Brown, el legendario fundador del Earth Watch Institute. Por mas de tres décadas, Brown nos ha deleitado con sus publicaciones sobre el estado del planeta y ahora, como presidente del Earth Policy Institute de Washington, entidad dedicada a la investigación interdisciplinaria que busca promover una economía ambientalmente sostenible, plantea un plan B para rescatar un planeta bajo estrés y una civilización en dificultades. Por sus planteamientos, es considerado por el Washington Post como uno de los pensadores mundiales más influyentes.

Brown hace especial énfasis en la relación existente entre los sistemas naturales como soporte de la economía y plantea que si estos colapsan será imposible erradicar la pobreza. Lo grave es que todos los datos científicos muestran que ya nos hemos pasado de la raya y excedimos esa capacidad. Varios ejemplos de su libro demuestran con cifras que China ya sobrepasó a Estados Unidos en el consumo de recursos básicos y hoy ya lo supera en productos líderes como cereales y carnes, carbón y acero. La excepción es el petróleo, producto que ha empezado a fijar los precios de los alimentos en la medida en que estos han adquirido un mayor valor para la producción de agrocombustibles como sustitutos del oro negro. De esta manera, los propietarios de los 800 millones de automóviles que circulan en el planeta compiten con 1.200 millones de pobres que viven con menos de un dólar al día por los productos alimenticios hoy convertidos en combustibles. Tremenda paradoja ética. La salida a este dilema para alcanzar un progreso económico sostenible, como lo plantea Brown, es sustituir una economía basada en combustibles fósiles y centrada en automóviles y productos desechables por un nuevo modelo económico basado en energías renovables y el cambio en los hábitos de transporte masivo y el consumo de productos reciclables. En otras palabras, sus esperanzas están cifradas en los desarrollos tecnológicos y en el control de la población. ¿Será esto suficiente? Yo creo que no.

Brown no aclara si lo deseable para todos los habitantes en el planeta, por aquello de la equidad, es alcanzar el mismo nivel de vida de los norteamericanos, país que con un 5% de la población mundial consume una tercera parte de los recursos mundiales. Su preocupación se centra en el aumento del consumo por parte de China, que concentra una sexta parte de la población mundial y demuestra cómo este país emergente consume más toneladas de hamburguesas que gringolandia; además, proyecta que los chinos estarán consumiendo en 2031 dos terceras partes de los cereales cultivados mundialmente. ¿Qué pasaría si todos los chinos alcanzaran el mismo nivel de vida de los norteamericanos? Sin duda sería el ocaso de la civilización.

Lo anterior nos lleva nuevamente a la pregunta inicial sobre la equidad y la viabilidad de la erradicación de la pobreza. Algo que a mi manera de ver, tal como van las cosas, es un imposible.

Hoy, cuando hasta los más reconocidos pensadores y economistas, como es el caso del Nobel Joseph Stiglitz, plantean la necesidad de repensar la forma de organización económica ante su insostenibilidad, bien valdría la pena montarse en esa ola para reflexionar de manera conjunta y revolucionaria sobre un nuevo contrato económico, ambiental y social. Puesto que los signos de agotamiento que presentan los modelos económicos capitalistas son coincidentes con el evidente estado de deterioro de nuestro planeta y de los sistemas naturales que lo fundamentan, habría que pensar en que la erradicación de la pobreza sea combatida a partir de la erradicación de la extrema riqueza; la cual, en muchos casos, ha violado todos los códigos éticos, morales y los derechos de las sociedades y del mundo natural. Una reflexión atrevida para que lluevan luces y centellas.

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