Javier Fernández Riva

| 4/4/2003 12:00:00 AM

Enredo injustificable

La solución de la crisis del comercio bilateral con Venezuela no ofrece dificultades técnicas insuperables pero sí exige liderazgo y capacidad diplomática.

por Javier Fernandez Riva

Qué drama. Los exportadores colombianos a Venezuela no saben si quejarse o apretar los dientes y seguir callados. Lo primero suena peligroso pues se rumora que la Superintendencia Bancaria les pidió a los bancos listas de sus clientes que exportan a Venezuela y han informado de dificultades. No creemos que el propósito sea establecer listas negras financieras, pero cada quien es dueño de su miedo. Lo segundo, seguir callados, se hace cada vez más difícil porque, desde que Venezuela impuso el control de cambios, el pasado 7 de febrero el Cadivi no ha concedido ni una licencia de importación, de manera que las ventas están paralizadas.

Algunos proponen que Venezuela abandone el control de cambios, porque es ineficiente, se presta a la manipulación y estimula la corrupción. Brillante. Es como recomendarle al pobre diablo que casi se mata en un accidente, y hoy está enyesado de pies a cabeza, con menos flexibilidad que un ladrillo, que recupere su libertad de movimientos. El control de cambios de Venezuela se impuso para reducir una fuga de capitales que el año pasado excedió US$12.000 millones, casi tanto como el actual nivel de sus reservas. Chávez tendría que ser tarado para hacer algo que esfumaría las reservas internacionales en pocas semanas o elevaría el dólar a la estratosfera, quebrando a los importadores y a quienes están endeudados en dólares.

Otra opción que ha comenzado a discutirse es que los exportadores colombianos acepten el pago de sus ventas en bolívares, que luego venderían a quienes importan desde Venezuela. En principio la cosa podría funcionar, con recargos importantes en los precios para poder cubrir los elevados costos de la transacción y los riesgos cambiarios, pero solo si el gobierno de Venezuela entrega licencias para ese tipo de operaciones. En otro caso no pasarían de ser otra modalidad de contrabando.

Pero si, de todos modos Venezuela tendría que expedir licencias para las transacciones comerciales en bolívares ¿por qué no expedirlas para las transacciones dentro del mecanismo de pagos de la ALADI, que en el pasado funcionó bien, pero hoy está varado por la falta de licencias?

La base para llegar a una solución es reconocer que, si bien Venezuela requiere control de cambios para evitar una estampida de capitales, no lo precisa para reducir las importaciones. Primero, porque Venezuela ya tiene un sólido superávit comercial, pues la producción petrolera se recuperó a más de 3 millones de barriles diarios y se está vendiendo a precios altísimos. Segundo, porque las importaciones de todos modos serán pequeñas por la gran devaluación real del bolívar y la recesión. Por esa razón, no parece difícil que el gobierno venezolano, en su propio interés, acepte establecer cupos trimestrales máximos para las importaciones provenientes de Colombia que se canalicen por el Convenio de Pagos de ALADI, permitiendo que, dentro de tales cupos, la aprobación de las licencias sea muy expedita.

Las condiciones objetivas permiten que la normalización del flujo comercial encaje en el interés de ambos países. En lugar de hablar de "represalias" comerciales y de complicar más las cosas lo que se requiere es que el gobierno, al más alto nivel, tome cartas en el asunto y que la diplomacia se guíe por resultados.
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