Opinión

  • | 2009/10/02 00:00

    Enfrentarse a la fortuna. ¿Pobres niños ricos?

    El heredar una gran fortuna sin estar preparado para ello puede conllevar graves problemas como falta de autoestima, retrasos en el desarrollo emocional y falta de motivación y autodisciplina.

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Acostumbro a escribir estas columnas con la intención de ayudar a preservar y crecer el patrimonio de aquellos que las leen. En esta ocasión quiero tocar un tema que por suerte o desgracia afecta a un menor número de personas pero que no por ello deja de ser importante.

Heredar un vasto patrimonio puede hacer afortunado a alguien, o suponer una catástrofe para él y quienes le rodean. No son pocas las personas que piensan que, si bien no es fácil llegar a ser rico, tampoco lo es mantener ese patrimonio y acarrear con la "responsabilidad" que ello conlleva.

Dentro de la sociedad y cultura en la que vivimos quizá nos quita demasiado tiempo el pensar en cómo aumentar nuestro patrimonio actual sin prestarles la atención debida a la educación y preparación de las próximas generaciones. En el caso de las familias multimillonarias, estos temas cobran una importancia aún más visible, dado que el "cómo" se herede puede hacer la diferencia entre la felicidad en una vida productiva y realización personal, y la ansiedad, depresión y sensación de estar perdido.

Como en todo lo que compete al ser humano, no hay una solución única en cuanto a cómo informar, educar, traspasar y mantener el patrimonio. En este artículo intentaré abordar brevemente los "problemas" y "soluciones" al respecto.

Como asesor patrimonial he escuchado frases como "quiero que mis hijos tengan suficiente para pagar la cuenta del restaurante, no para comprar el establecimiento" o "mi hijo heredará suficiente como para vivir varias vidas, siempre que no intente crear otra nueva empresa que se vaya a la quiebra".

El heredar una gran fortuna sin estar preparado para ello puede conllevar graves problemas como falta de autoestima, retrasos en el desarrollo emocional, falta de motivación y autodisciplina, aburrimiento, sentimiento de culpa y un sinfín de consecuencias causadas por el hecho de haber estado protegido en exceso y de no saber o tener miedo de tener que "ganarse la vida" uno mismo.

Desde fuera de este panorama todo se ve más sencillo y envidiable ya que estas personas tendrán un amplio abanico de alternativas a las que dedicar su tiempo y podrán hacer lo que ellos verdaderamente deseen, independientemente de si es o no rentable. Podrán, incluso, descubrir que el trabajo no solo sirve para hacer dinero, desarrollando vocaciones como la filantropía, la ayuda social o las artes.

Para conllevar esta trasmisión de patrimonio de forma positiva hay varios puntos que hay que tener en cuenta y a los que dedicar el tiempo y formación necesaria. Es fundamental educar y transmitir el sentido y valor del dinero cuanto antes y que los padres lo promulguen con su ejemplo. También el saber el cuánto, cuándo y cómo repartir la herencia. Dependiendo de cada caso se encontrará una solución distinta siendo a menudo una buena idea que esta sea gradual y que por ejemplo se entregue una tercera parte de la herencia a una edad temprana, y el segundo tercio tan solo se entregará años más tarde si han demostrado que la usaron responsablemente. Como con cualquier otro asunto, es importante que los padres respondan de forma directa las preguntas que los hijos puedan tener respecto al patrimonio e irles mostrando y enseñando para que la riqueza no se convierta en un tabú o algo de lo que les avergüence hablar. A menudo he visto casos en los que los hijos no supieron de estos patrimonios hasta después de fallecidos los padres y el punto en común de todos ellos es que terminaron en un fracaso familiar y personal.

El comenzar desde pequeños a asignarles una paga y que ellos aprendan a administrarla o el simple hecho de que realicen trabajos remunerados durante los veranos puede ser un buen estímulo que les ayude no solo con sus finanzas sino a desarrollarse como personas, crear su autonomía y sentirse realizados. Es común en este tipo de casos que los hijos no quieran o sepan asumir riesgos. Como en el caso de las aves, estas se quedarían en su nido sin saber siquiera si pueden volar si sus padres les dieran comida y todas las facilidades de por vida.

El heredar grandes fortunas es una gran responsabilidad para la que no todo hijo de millonario está preparado. Quizá sea por ese motivo que algunos de los hombres más ricos del planeta como Bill Gates tan solo dejarán una minúscula parte de su fortuna en herencia para su familia, como él mismo dijo «no quiero que mis dos hijos vivan sin motivación y se conviertan en paranoicos».

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