Endeudados hasta el cuello

| 5/11/2001 12:00:00 AM

Endeudados hasta el cuello

Para eliminar el exceso de deuda externa es preciso mantener durante varios años un gran superávit comercial, y eso algo tiene qué ver con el tipo de cambio.

por Javier Fernández Riva

Los viejos judíos sefarditas sabían bien que, cuando los cristianos comenzaban a pelarles las barbas de mala manera a sus vecinos de la diáspora, era hora de poner las propias en remojo. Hoy, claro, no se estila pelar las barbas de nadie pues es más lucrativo y civilizado pelarles los bolsillos.



El pogrom económico ya comenzó. Echele, no más, un vistazo a Argentina que hoy se da por bien servida porque las tasas de interés de sus bonos externos cayeron de 19% a 16% en dólares. O a Ecuador, que paga 22%. Aunque, la verdad sea dicha, en ese caso deberíamos hablar más de las tasas que pretenden cobrarle que de las que paga, pues hace rato Ecuador cayó en default.



¿Qué tienen en común Argentina y Ecuador para que los prestamistas les cobren tan caro? La característica pertinente para los acreedores no es que ambos países carezcan de flexibilidad cambiaria, aunque en eso también se parecen. Lo clave es que ambos están endeudados hasta las orejas --bueno, en el caso argentino, solo hasta el cuello-- lo que los hace sospechar que, a larga, solo van a recuperar una fracción de sus créditos. Para cubrirse les cobran tasas entre el triple y el cuádruple de las que ofrecen los bonos del Tesoro de Estados Unidos.



¿Y Colombia? En estos días el gerente del Emisor, Miguel Urrutia, manifestaba su preocupación por el nivel que ya había alcanzado la deuda externa y con el cual, como es fácil adivinar, la política macroeconómica del Banco no tuvo nada qué ver. Y el codirector Sergio Clavijo acaba de publicar un trabajo en el cual muestra que aunque nuestra deuda externa es alta, con suerte y maña todavía podemos evitar que nos aplaste. Estoy de acuerdo con ambos, lo que no suele ocurrir. Pero para saber qué se requiere para salir del atolladero es necesario hacer tres precisiones.



La primera es que la verdadera deuda externa de un país no se limita a la de tipo contractual, como créditos o bonos, sino que incluye todos los pasivos con el exterior, y en particular el saldo de la inversión extranjera directa recibida. El pago a los inversionistas directos no es contractual pero, en el largo plazo, suele implicar un retorno sobre el capital mayor que el que cobran los prestamistas.



La segunda precisión es que el problema de un exceso de deuda existe con independencia de si el resto del mundo está dispuesto a que el país siga elevando sus pasivos netos. La resistencia de los mercados a seguirnos prestando, a partir de 1998, al ritmo loco del pasado no fue, como lo sugirió el Emisor, la causa del desastre económico a partir de ese momento sino el comienzo de la solución. El problema real era que nuestros pasivos con el exterior venían aumentando desde 1992 mucho más rápido que la producción.



El año pasado pagamos al exterior, por concepto de intereses, utilidades y dividendos, US$3.276 millones, 48% más que en 1999. El aumento anual de esos pagos, US$1.063 millones, se llevó la mayor parte del aumento real del producto, estimado en US$2.432 millones, a tipo de cambio constante. A Colombia le pasa hoy lo que a tantas empresas endeudadas: está trabajando para sus acreedores. Ese problema no se arregla aumentando todavía más la deuda externa, como hubieran hecho nuestras autoridades en los últimos años si el resto del mundo no nos hubiera cortado el chorro.



La última precisión es que el crecimiento de los pasivos netos del país no es más que la contrapartida del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Cuando un país tiene un déficit corriente, para financiarlo tendrá que aumentar sus pasivos netos con el resto del mundo con cualquier combinación de crédito, colocación de bonos, inversión extranjera o reducción de sus depósitos y otros activos en el exterior.



La deuda externa contractual de Colombia aumentó US$17.268 millones entre 1992 y 1998. Pero en ese período los pasivos netos con el exterior, equivalentes al déficit acumulado en la cuenta corriente, crecieron US$26.448 millones. En otras palabras el aumento de los pasivos netos del país con el resto del mundo fue 53% mayor que el ya impresionante crecimiento de la deuda contractual.



La única forma de evitar que los pasivos netos del país sigan creciendo, y que Colombia deba dedicar una parte cada vez mayor de su magro producto a pagarles a los acreedores, es eliminar el déficit corriente de la balanza de pagos y buscar un superávit. Pero, como la balanza corriente no es más que la suma algebraica de la balanza comercial y de un hueco de casi US$3.000 millones por año (representado por pagos netos de intereses y dividendos al exterior, por los pasivos adquiridos en el pasado) es obvio que el país requiere mantener en el futuro un gran superávit comercial. Una cosa nada fácil, ahora que el petróleo entró en franco declive.



Llegamos así, inevitablemente, al tema cambiario, y debemos prepararnos para oír por enésima vez aquello de que, para lograr un superávit comercial, lo que el país requiere es aumentar su productividad en lugar de buscar una "competitividad artificial" mediante el alza del dólar.



Decir que lo que se debe hacer es aumentar la productividad y criticar que se permita que, vía el ajuste cambiario, los precios relativos de las importaciones y exportaciones aumenten en relación con los del resto de los bienes y servicios, les suena a muchas personas moderno e inteligente pero no es más sofisticado que salir, ante un problema de escasez de arroz o de cualquier otro bien, con que "lo que debería hacerse es elevar la productividad en lugar de elevar los precios". Es lastimoso confundir un problema de productividad con uno de precios relativos. No existe ningún sustituto eficiente al mecanismo de los precios para racionar los bienes en un mercado (sean arroz o dólares) ni para transmitir a los empresarios las señales adecuadas para que orienten su esfuerzo productivo a remediar la escasez.



Debido a la política de sobrevaluación cambiaria adelantada durante varios años hoy Colombia está muy endeudada y los dólares que genera difícilmente le alcanzan para servir la deuda ya adquirida. La única manera eficiente de enfrentar esa situación es dejar que el precio del bien escaso --el dólar-- responda a su escasez y se eleve, encareciendo su uso y estimulando que se generen más dólares vía exportaciones. Pero conozco cuán difícil es vencer la perenne ilusión latinoamericana de escamotear la realidad económica con decisiones legales o constitucionales.
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