Opinión

  • | 2008/02/15 00:00

    En la encrucijada

    ¿Deben los gobiernos latinoamericanos adoptar las estrategias de Washington o las de los países europeos frente a los riesgos de la recesión de Estados Unidos?

COMPARTIR

La abrupta reducción de la tasa de interés de la Reserva Federal y el acuerdo entre demócratas y republicanos para aprobar en el Congreso un ambicioso paquete de estímulos tributarios (cuyos detalles finales aún están por definir) fueron dos decisiones sin precedentes cercanos, que rompieron con la tradición de gradualismo en política monetaria y con la tendencia al bloqueo político en periodos preelectorales en materia fiscal en Estados Unidos.

Aunque ambas decisiones sorprendieron por su magnitud y velocidad, fueron una confirmación tácita de la gravedad de la crisis financiera y de la inminencia de la recesión en Estados Unidos. El sentido de emergencia fue reforzado por el director del Fondo Monetario Internacional al invitar a otros países a tomar medidas semejantes.

Pero los ministros de finanzas y gobernadores de los bancos centrales de las otras grandes economías del Grupo de los Siete no están convencidos de que esa sea la ruta más adecuada para contener los riesgos. El Ministro japonés le ha recordado a Estados Unidos las dificultades que pueden resultar de responder con estímulos fiscales al estallido de una burbuja especulativa. El Ministro de Finanzas del Reino Unido considera que lo más urgente es reforzar la regulación financiera y mejorar las prácticas de manejo de la liquidez internacional. Alemania quiere imponer mayores requerimientos de reservas a los bancos para hacerlos más robustos frente a posibles pérdidas de valor de los activos por el contagio internacional de la crisis.

Los gobiernos y bancos centrales latinoamericanos enfrentan la misma disyuntiva entre la estrategias de Washington y las propuestas del resto del mundo desarrollado.

Las políticas de Estados Unidos no ayudarán a corregir los excesos de gasto ni las tendencias a valorar incorrectamente y encubrir los riesgos financieros, que son las causas de fondo de la crisis actual. Estas políticas son apenas un intento por moderar la recesión y ganar tiempo, mientras se precisan las ramificaciones del problema financiero y se adoptan las medidas de contención de los riesgos.

Son políticas justificables para Estados Unidos, no para los demás países, y especialmente no para América Latina. Sin ninguna duda, la recesión de Estados Unidos tendrá efectos adversos en el crecimiento de la región. Lo que está en discusión es si será una simple desaceleración o una crisis semejante a la de 1999-2002.

Aumentar el gasto público o inducir bajas en las tasas de interés domésticas para evitar que el crecimiento se reduzca uno o dos puntos en los próximos meses es una estrategia demasiado arriesgada ante la incertidumbre financiera internacional actual, que puede acarrear una crisis mayor más adelante.

Las economías latinoamericanas han desarrollado ciertas defensas para resistir las turbulencias internacionales y tienen actualmente políticas más sanas que en décadas pasadas. Los mercados parecen estar de acuerdo: los márgenes de riesgo de las deudas latinoamericanas han aumentado muy poco desde el comienzo de la crisis en Estados Unidos, y mucho menos que los títulos de alto riesgo en ese país.

Pero la región puede ser víctima de su buena imagen. Los excesos de liquidez internacional propiciados por la Reserva Federal tenderán a desaguarse en las inversiones menos conectadas con el maremagno de los mercados financieros de Estados Unidos. Y eso podría reforzar las tendencias a la apreciación de las monedas de los países latinoamericanos. La caída que sufrirán las exportaciones por la recesión de Estados Unidos se agravaría por la pérdida de competitividad cambiaria. El consecuente deterioro de la cuenta corriente y de los ingresos fiscales crearía las condiciones para una crisis de proporciones mayores más adelante.

Es más prudente aceptar el riesgo conocido de una desaceleración que los riesgos menos predecibles pero posiblemente mayores de una crisis futura. Es mejor seguir la estrategia europea.

Nota: el autor está vinculado al BID, pero se expresa a título personal.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?