Opinión

  • | 2004/10/01 00:00

    En defensa de la equidad tributaria

    La equidad y la progresividad tributaria son logros de una sociedad democrática, que sería absurdo echar por la borda.

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Aunque los impuestos son tan antiguos como la existencia del Estado algo ha avanzado el mundo en la concepción de su papel social. El progreso más significativo se presentó a raíz de la Revolución Francesa, cuando se superó la definición prefeudal y feudal de los impuestos como simples medios para que el Estado apropiara parte de la renta nacional, y se concibió un sistema tributario equitativo, que incorporara principios de universalidad y de relación de la carga tributaria con la capacidad de pago de los contribuyentes.

Revolucionario, en verdad. Hasta ese momento ni los nobles ni el clero tributaban, y los impuestos directos a la renta o a la riqueza, que recaían sobre el resto de la población, eran insignificantes frente a los tributos indirectos. Impresiona la lista de ministros de Hacienda franceses que durante los últimos años del antiguo régimen fueron destituidos, cuando se atrevieron a proponer impuestos directos y generales. La furiosa reacción de la nobleza y el clero fue comparable a la que uno podría esperar en Colombia de muchas personas acaudaladas si alguien pretendiera acabar con sus privilegios y exenciones.

Subrayo: la equidad tributaria no es una vieja querencia ideológica de economistas anticuados. Es un ingrediente esencial para la legitimidad de un Estado democrático. Esa equidad brillaba por su ausencia en los estados feudales, y sería inimaginable en un Estado mafioso. Nada detesta más la mafia, desde la que floreció en torno a la "prohibición" del licor en Estados Unidos de los años 30 hasta nuestros narcoterratenientes, que pagar impuestos.

Pero en Colombia está haciendo carrera la idea de que carece de importancia que el sistema tributario sea progresivo, esto es, que la carga relativa de impuestos se eleve cuando aumente el ingreso. Que basta con que la combinación total de impuestos y gasto público sea "progresiva". En la práctica suele predicarse progresividad de cualquier esquema donde el Presupuesto Nacional incluya programas asistenciales como el SISBEN, orientados a paliar la miseria extrema. Mejor dicho, limosnas estatales. En mi opinión, ese es un error grave por dos razones.

La primera es que es necio suponer que quienes viven al nivel de subsistencia serán afectados por los impuestos. No tengo espacio para recordar los argumentos de los clásicos de la economía a ese respecto, pero no es necesario. ¿Alguien cree que el ingreso real de, digamos, los mendigos, los cuidacarros y los vendedores de los semáforos será influido por los impuestos? Obviamente no. Si los bienes que consumen se encarecen tras la imposición de más impuestos tendrán que pedir más limosnas, vender un poco más caro en los semáforos o, si es del caso, robar, para no morirse de hambre. El riesgo de disminución de nivel de vida por aumento de la carga tributaria solo es pertinente para quienes viven por encima del nivel de subsistencia.

La segunda razón por la que no es válido olvidarse de la equidad tributaria es que para el grueso de la población, mejor dicho todas las familias con ingresos por arriba del nivel de miseria pero por debajo de la pequeña fracción de los más ricos, no existe ninguna posibilidad de compensar la inequidad del sistema tributario recibiendo subsidios del presupuesto nacional. Ni siquiera las personas de menores ingresos de ese amplio grupo serían elegibles para el SISBEN, o considerarían entrar en ese tipo de programas. Desde el punto de la legitimidad de la tributación de un Estado democrático no es indiferente que, por la vía del IVA a productos de consumo masivo coincidente con generosos beneficios a las empresas, más la exención total a los dividendos, la mayoría de la población acabe tributando más, como proporción de su ingreso, que el escaso porcentaje de los más pudientes.

La sociedad colombiana, sus representantes en el Congreso y sus líderes políticos cometerán un serio error estratégico si insisten en menospreciar la importancia de la equidad tributaria y permiten que Colombia retroceda hacia patrones tributarios de un estado feudal o mafioso.
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