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Eduardo Lora, Economista jefe del Departamento de Investigaciones del BID.

| 12/10/2010 12:00:00 PM

En busca de soluciones para la crisis europea

América Latina puede ser fuente de inspiración para Europa.

por Eduardo Lora

La crisis europea se ha recrudecido desde comienzos de noviembre cuando Angela Merkel, canciller alemana, declaró que los tenedores privados de bonos tendrían que asumir parte de los costos de las posibles reestructuraciones de deuda soberana de los países periféricos.

El nerviosismo atacó primero a Irlanda, agobiada por un déficit fiscal del 32%, causado en gran parte por la decisión del gobierno de garantizar todos los pasivos de su hipertrofiado sistema bancario. En respuesta a esta situación, en los últimos días de noviembre los gobiernos europeos pusieron a disposición de Irlanda un paquete de rescate por 85.000 millones de euros. Simultáneamente, la Canciller alemana aclaró que su propuesta solo regiría a partir de 2013, cuando entraría a operar un sistema "permanente" de reestructuraciones.

Los anuncios no causaron mayor alivio. El rescate ofrecido a Irlanda fue considerado demasiado costoso y puso de presente las dificultades que implicará redimensionar el sistema bancario irlandés. Y aumentaron las inquietudes sobre el costo para los inversionistas de las futuras reestructuraciones para otros países. Los temores de contagio se agudizaron y el costo de aseguramiento de los títulos españoles y portugueses alcanzó niveles récord. Incluso en Italia y en Alemania se elevaron los rendimientos de los bonos soberanos, por el temor de que estos países tengan que sufragar en parte las reestructuraciones de las deudas de los países periféricos.

Tuvo mejor recepción la reacción del Banco Central Europeo, al anunciar pocos días después su disposición a ampliar considerablemente las compras de bonos para estabilizar los mercados. Sin embargo, quedó claro que la estrategia de los rescates país por país no ofrece tranquilidad a los mercados.

El virus del contagio será difícil de contener sin una estrategia más ambiciosa. El objetivo no es solo contener las crisis de deuda de los países periféricos, sino salvar el euro y la unidad europea. Algunos analistas creen que, de no adoptarse medidas más coherentes que las adoptadas hasta ahora, el valor del euro caerá hasta ponerse a la par con el dólar en 2011.

Están sobre el tapete las más diversas propuestas. Una es establecer una versión europea del Fondo Monetario Internacional con suficiente músculo financiero y capacidad disciplinante sobre los gobiernos. Otra parecida es consolidar en una sola entidad europea la autoridad fiscal y la capacidad de emisión de bonos de deuda de todos los países. Pero enfrentan oposición política y son difíciles de implementar porque implican una redistribución de las potestades y obligaciones fiscales.

Nicholas Brady, ex secretario del Tesoro de los Estados Unidos, ha propuesto establecer un mecanismo para Europa semejante al que dio origen a los bonos Brady y puso fin a la crisis de la deuda latinoamericana a fines de los ochenta. Si se ciñe a esa experiencia, el mecanismo consistiría en canjear los títulos de deuda de los países periféricos que están en poder de los bancos europeos por bonos de plazos mayores a bajas tasas de interés (lo cual puede implicar algún subsidio y una regulación prudencial especial). En lugar de la pérdida inmediata que tendrían los bancos si liquidaran en este momento los títulos actuales, tendrían una pérdida gradual durante varios años, que podrían acomodar más fácilmente, evitándose así posibles quiebras bancarias y efectos de contagio. Desde el punto de vista de los gobiernos deudores, los nuevos bonos representarían un alivio, no solo por la extensión de los plazos sino por la posibilidad de obtener recursos frescos en los mercados a tasas menores que las actuales.

Pero una solución para Europa debe involucrar no solamente a los bancos, sino a otros tenedores privados de bonos. También hay experiencias latinoamericanas exitosas en esta dirección. Uruguay en 2003 y Jamaica en 2010 reestructuraron sus deudas en forma amigable con el apoyo del Fondo Monetario Internacional. En ambos casos, se canjearon los bonos por otros de mayor plazo y tasas menores, con un recorte moderado del valor nominal que resultó atractivo para la gran mayoría de los acreedores.

La complejidad de la crisis europea exigirá adoptar una mezcla de medidas. Es preciso tranquilizar los mercados con abundante liquidez, pero además es indispensable enfrentar cuanto antes los problemas de solvencia bancaria y fiscal de los países periféricos. En efecto, la variedad de experiencias de América Latina ha dejado una lección clara que Europa haría bien en aceptar: cuando los mercados anuncian que se avecina una crisis de deuda, las soluciones incompletas suelen resultar extraordinariamente costosas, no solo para los sistemas bancarios o las finanzas públicas, sino para la población en su conjunto. Es mejor reconocer los costos tan pronto como sea posible y establecer un plan para que puedan ser asimilados gradualmente y en forma compartida por los acreedores y los deudores.

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