Opinión

  • | 2009/01/23 00:00

    En busca del negocio ideal

    La pasión, la crisis, la necesidad, grandes movilizadores de ideas.

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En la década de los 50´s, después de recibir el primer cheque de su pensión de jubilación, el coronel estadounidense Harland Sanders decidió subirse en su automóvil y viajar a lo largo y ancho de Estados Unidos para promover su producto de restaurante en restaurante. Buscaba que probaran su pollo frito. Si la reacción era favorable se cerraba el trato con un apretón de manos. Así nació la cadena de restaurantes Kentucky Fried Chicken, KFC, uno de los emporios de alimentos más grandes del mundo. Actualmente KFC sirve más de tres millones de comidas al año y cuenta con más de 32.500 establecimientos en los cinco continentes.

Pero, ¿cómo le surgió al coronel Sanders esta idea? Fácil: de pequeño, Harland cocinó para su familia. A los 7 años era todo un experto en platos regionales y, a pesar de los muchos oficios desempeñados a lo largo de su vida, fue este el que se robó su mente y su corazón.

La pasión, un gran motor: sinceramente, creo que el gusto por una labor constituye un ingrediente mágico para hacer que esta se convierta en fuente de beneficios para clientes, empleados, accionistas y relacionados. De la pasión surge la energía para mantenerse, para convertir una actividad determinada en un negocio rentable.

Cuando uno decide trabajar en un proyecto sobre el que tiene intereses auténticos, allí irrumpirán con fuerza la intuición y la creatividad. Cualquier cosa que se produzca podrá ser un suceso, porque será posible ver lo que otros no ven. El gusto por la actividad permite mantener la atención puesta en el proceso, llevando a mejorar de manera permanente la operación, a diversificar el portafolio de productos y por supuesto a ampliar los nichos de mercado.

La crisis, una oportunidad: sin lugar a dudas, una gran oportunidad para desarrollar negocios de éxito está en las crisis. Noticias como la caída del mercado inmobiliario o la escasez de alimentos nos conducen a preguntas puntuales: ¿cómo contrarrestar la debacle? E incluso ¿cómo podré ganar dinero en estas circunstancias?

Es un hecho comprobado. Algunos millonarios han hecho sus fortunas con la retoma de negocios a punto de desaparecer. En tanto que para muchos, la crisis es sinónimo de temor y de preocupación, para los emprendedores es la oportunidad. Y lo es, precisamente porque entienden que la crisis, como la vida, es cíclica. De este modo, en la caída se reorganizan para la bonanza. El hecho está en saber administrar el negocio durante el ciclo negativo, pues la amplitud y el alcance del mismo no siempre son previsibles.

Entre las oportunidades derivadas de las crisis están las relacionadas con las facilidades dispuestas para la compra o adquisición de negocios y/o activos en difícil situación; la posibilidad de imprimirle un nuevo aire a una marca o a un producto con trayectoria, de cubrir mercados abandonados y/o suplir procesos que firmas grandes subcontratan en busca de ahorros y simplificación. La clave estará siempre en la capacidad para crear alternativas y ofrecer soluciones.

Reconocer y atender una necesidad: finalmente, creo que con crisis o sin ella, siempre es posible darle marcha al desarrollo de una idea. Eso sí, antes de iniciar, el emprendedor debe plantearse y reconocer si existe o no una necesidad no satisfecha en el mercado. Si se es capaz de generar una necesidad en el consumidor. Más aún, si se es capaz de competir con un producto o servicio ya existente. Independiente de las ganas y de las oportunidades que presente el entorno, toda idea requiere un tiempo para su implementación y otro tanto para su posicionamiento y la consecuente obtención de los resultados esperados.

De este modo, cualquiera que sea su idea de negocio, es importante empezar por aclarar el valor que su producto o servicio le brinda al cliente. El siguiente paso debe ser la elaboración de un modelo de negocio. Redactar un plan nos enfrenta a los desafíos que implica el proyecto: fuentes de ingreso, mercado al que va dirigido, fondeo, conocimientos y nivel de formación del equipo de trabajo. Todos estos elementos son fundamentales y deben tenerse claros.

Y, por supuesto, cuando ya está listo el proyecto, viene la acción. Aún cuando en ocasiones se debe tener la visión y el coraje para dar un paso atrás y esperar para dar dos adelante, siempre será necesario moverse con determinación. El temor a fallar no debe ser una razón para desistir del intento. Es peor no decidir que afrontar las consecuencias de una mala decisión.

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