Opinión

  • | 2005/10/15 00:00

    Empresarios, gobierno y sociedad civil

    El desarrollo económico y la reducción de la pobreza se aceleran cuando gobierno, empresarios y sociedad civil colaboran.

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La evidencia empírica de los últimos 100 años es clara en el sentido de que el crecimiento económico y la reducción de la pobreza dependen de la dinámica de los negocios y del comercio. El sector privado ha sido el motor del desarrollo de los países que han logrado altos niveles de bienestar. Esto es así porque el crecimiento del sector privado genera un círculo virtuoso: cuando las empresas crecen, se crean nuevos empleos, lo cual permite que los trabajadores adquieran nuevas habilidades y, en consecuencia, aumenten sus ingresos. Luego aumentan los índices de productividad, la innovación y la capacidad de producción de los productos y servicios que la gente necesita. El gobierno aumenta sus fuentes de ingreso y su capacidad de invertir en infraestructura y para apoyar a la población más necesitada. En paralelo, los ciudadanos mejoran su capacidad de consumo y ahorro, así como su sentido de dignidad.

Sin embargo, este ciclo virtuoso no siempre gira a la velocidad suficiente para promover altas tasas de desarrollo económico y de reducción de la pobreza. En el caso colombiano, sin duda, le ha faltado dinamismo.

Rajat Gupta, el anterior presidente de McKinsey, argumentó en un reciente discurso ante las Naciones Unidas que la causa fundamental para que este ciclo virtuoso no tome el dinamismo requerido es la falta de colaboración entre las empresas, el gobierno y la sociedad civil. Es un problema de mentalidad. Al encontrarse en situaciones de conflicto, las partes no hacen el esfuerzo de analizar rutas de colaboración. La sociedad civil y el gobierno comienzan a ignorar la simple realidad de que no hay esperanza de desarrollo económico sin el éxito de las empresas, y las empresas ignoran que sin menores niveles de pobreza no hay buenas perspectivas para los negocios.

Comencemos por los empresarios. Para proteger sus negocios a largo plazo, ellos deberían ser más proactivos al apoyar al gobierno en la definición de estrategias de desarrollo económico, aunque estas les causen algunas dificultades en el corto plazo. Como ejemplo, ellos deberían estar dando mayor apoyo al gobierno en el desarrollo de una reforma al régimen impositivo que permita aumentar los ingresos de la nación, reduciendo la evasión y los privilegios de algunos sectores, aumentando la cobertura y disminuyendo las tasas a niveles competitivos internacionalmente.

Los empresarios también deberían estar promoviendo alianzas con instituciones públicas, como en el sector educativo, y asignando mayores recursos y energía a actividades filantrópicas. Así estarían ayudando a crear comunidades más fuertes y prósperas, que serían una excelente fuente de empleados y consumidores en el futuro.

La sociedad civil debería tener un papel más proactivo al apoyar el éxito de las empresas. En Colombia, la triste realidad es que la movilización de la sociedad civil normalmente se da para atacar el desarrollo de los negocios o proteger la ilegalidad. Por ejemplo, los movimientos ambientalistas se organizan para prevenir el desarrollo de sectores clave como la producción de petróleo o evitar la fumigación de cultivos de coca. Los sindicatos se movilizan para proteger privilegios que acaban debilitando a las empresas. Los gremios de transportadores se movilizan para proteger la informalidad del transporte urbano. Alternativamente, la sociedad civil podría buscar formas de organización para colaborar con el gobierno en sus esfuerzos de disminuir la violencia y la ilegalidad, mejorando así la competitividad del país. Esto traería más inversión, más empleo y mayor bienestar.

En cuanto al gobierno, es importante que trabaje más de cerca con los empresarios para crear las condiciones en que los negocios puedan prosperar. Como mínimo, debería poner sus finanzas en orden para disminuir el costo del dinero en el país y frenar la revaluación. También debería buscar formas de agilizar dramáticamente el funcionamiento de la justicia para que asuntos que afectan los negocios se resuelvan rápido. Curiosamente, a pesar de que el liderazgo del gobierno, en todas sus ramas, está a cargo de personas que se formaron en derecho, no se ha logrado que la justicia funcione.

Hay que cambiar de mentalidad. El gobierno, los empresarios y la sociedad civil deben trabajar como socios -no como partes en conflicto-, buscando rutas de colaboración, gana gana. Así lo hicieron en España a partir del Pacto de Moncloa.
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