Opinión

  • | 2009/09/04 00:00

    Empresarios y educación de calidad

    Los empresarios podemos contribuir para que en las regiones se implementen procesos de formación de maestros y directivos y de gestión de instituciones para ofrecer una educación de calidad.

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En el gobierno actual ha habido un gran avance en cobertura en educación, hay consenso en que la prioridad para el nuevo gobierno tiene que ser mejorar la calidad, tarea bastante compleja que requiere la participación de toda la sociedad y empezar por acordar lo que es una educación de calidad.

Comienzan los debates electorales y los empresarios podemos invitar a los candidatos para que en las distintas regiones concreten sus propuestas para mejorar la calidad de la educación, tanto en el ámbito de las políticas nacionales como de las estrategias regionales, que conduzca a la convivencia, la competitividad y el desarrollo.

José Luis Villaveces, en el Reporte Anual de la Fundación Corona, de 2005, hace una excelente explicación de lo que debe ser una educación de calidad:

"Puede definirse como: El proceso bidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. La educación no solo se produce a través de la palabra, está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes.

El proceso de inculcación / asimilación cultural, moral y conductual. Así, a través de la educación, las nuevas generaciones asimilan y aprenden los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo de generaciones anteriores, creando además otros nuevos.

El proceso de socialización de los individuos de una sociedad. También se llama educación al resultado de este proceso, que se materializa en la serie de habilidades, conocimientos, actitudes y valores adquiridos".

Plantea Villaveces que "la educación es un acto de amor" y lo describe en tres niveles: amor de pareja, amor de madre y un tercero que es a través del cual transmiten los maestros a las nuevas generaciones los conocimientos y valores acumulados por la sociedad para que puedan asimilarlos y aprovecharlos en su vida. Este es el nivel de amor de las madres, de la familia humana y de lo que llamamos educación.

Y agrega: "como las otras formas de amor, la educación tiene dos componentes. Uno técnico, reglamentable, organizable por el Estado, observable, medible. Las leyes y decretos, las pruebas de conocimientos, los estándares de competencias, las observaciones de logro son formas de hacerlo".

"El segundo componente del amor en su nivel más avanzado (o de la educación) es el que tiene que ver con el afecto, con la comunicación, con la empatía entre los miembros de las dos generaciones involucrados en cada acto educativo. Sin esa empatía entre maestro y estudiante, no funciona bien la transmisión de información y la educación es de mala calidad.

¿Cómo medir si se despierta en los niños afecto por el conocimiento? No es difícil. Hay indicadores externos, que deben ser observados cuidadosamente: si el niño o la niña van alegres al salón o no. Si el colegio es para ellos un lugar amable, o fuente de temores e incertidumbres, si la relación fuera de clase con los maestros es cariñosa y no forzada, si la comunicación entre los maestros y los padres de familia es clara, franca, sincera y permanente".

No obstante, la calidad de la educación solo puede verse en profundidad después de un largo tiempo, cuando se evidencie si las personas quedaron bien preparadas para llevar una buena vida en lo personal, laboral, familiar, social, etc. Y esto es aplicable a una persona, a un colegio, a una región y al país para evaluar cómo fue la calidad de su educación y cómo se compara con otros.

"Que a corto plazo se pueden obtener indicadores que dan cierta probabilidad de que se alcanzará el fin deseado y que estos indicadores deben mirar la técnica pedagógica y el aprendizaje formal -cómo hacen los exámenes y otras pruebas-, tanto como el contenido de afecto, comunicación y placer que haya en el proceso educativo. No se han formalizado técnicas para observar estos indicadores, pero no sería difícil hacerlo, en la dirección que se propone. En todo caso, si los primeros pueden ser asumidos por el Estado, los segundos deben serlo por la franca comunicación en la comunidad educativa entre docentes, directivos, padres, madres y estudiantes".

De este brevísimo resumen del planteamiento del doctor Villaveces se concluye que los empresarios sí podemos contribuir, aprovechando las experiencias empresariales de gestión, para que en las regiones se implementen procesos de formación de maestros y directivos y de gestión efectiva de instituciones y entidades gubernamentales que conduzcan a ofrecer una educación de calidad, que ayude a cada estudiante a asimilar la experiencia acumulada de la humanidad y vivir plenamente su vida. ?

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