Opinión

  • | 1998/04/27 00:00

    "Empresarios" del narcotráfico

    Un balance en el alba del crepúsculo: más reflexiones en torno del espíritu empresarial en Colombia.

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Como recordamos en nuestra pasada columna, la última lectura de El Mexicano Rodríguez Gacha sobre este tema, por falta de manuales más modernos, fue una vieja biografía de Don Pepe Sierra. Puede ser que el país está por lo menos entrando en el crepúsculo de los carteles ­claro, puede ser que no­ y que ha llegado la hora de preparar un balance de sus capacidades empresariales.



Curiosamente, no es un tema que ocupe a los economistas que han escrito sobre el impacto del narcotráfico. La tendencia dominante en esa literatura es macroeconómica.



Pero ¿cómo actuaban esos personajes como empresarios? Sobre sus inversiones, una conversación típica saca a la tenebrosa luz tres líneas: propiedades urbanas, tierras y droguerías La Rebaja. No tienen, ningún récord de innovación. Tampoco de tomadores de riesgos: es muy acentuado su sesgo mimético, de buscar camuflaje en formas de empresa ya existentes, de "copiar el negocio".



También hay casos notorios, en los estratos menores, de inversión caprichosa y de contabilidad alegre: el ejemplo mejor documentado en la literatura sobre historia empresarial narco está en La Bruja, de Germán Castro Caycedo, cuyo protagonista convierte tierras ganaderas en frutales y frutales en pastos sin ningún criterio racional.



La racionalidad económica de su tendencia de invertir en tierras no es una racionalidad económica como generalmente se entiende, aún menos en la coyuntura de apertura. A veces, recuerda a otras irracionalidades recientes de la región, como ese afán mexicano de los 80 de convertir petróleo caro en acero barato. Aun si uno se come el cuento de la vocación veterinaria, la dedicación de todos los nuevos dueños a mejorar las razas bovinas y caballares ­y debemos aconsejar unos granos de escepticismo, igual que frente a la estadística de sus hectáreas­ esas haciendas no son empresas. Son aún menos empresas que las famosas haciendas 'sin h' de don Pepe.



Parece que se repite el patrón que se nota en otras vidas de empresarios: el talento y la mística centrados en el primer negocio en el cual el protagonista hace gran fortuna, y un relativo fracaso en lo que ensaya después. Verdad sencilla de refrán, que dejo a otros traducir en jerga de MBA.



Desafortunadamente, lo negativo del narcotráfico no se limita a estos fracasos individuales. Acaba con las ganas empresariales de los demás. Lo hace por la competencia desleal y el contrabando, por la inestabilidad e imprevisibilidad que trae a las reglas del juego, los estragos institucionales y peligros que suben los 'transaction costs' de todo el mundo, por todas esas consideraciones ya familiares a los lectores colombianos de Douglas North. La presencia de mafia, como hace poco el juez italiano Franco Roberti expuso con gran lucidez a una audiencia colombiana, resulta en la negación de la libertad personal y colectiva y dentro de esa libertad residen las legítimas libertades económicas. El mezzogiorno, recordemos, es la Italia subdesarrollada.
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