Empleo en el corto plazo

| 10/22/1999 12:00:00 AM

Empleo en el corto plazo

El desempleo, la pobreza y la destrucción empresarial exigen respuestas de fondo.

por Alvaro Uribe Vélez

El Plan de Recuperación Económica no parece capaz de reducir el desempleo en el corto y mediano plazo. Colombia necesita empleos de emergencia mientras las exportaciones toman celeridad, el ingreso familiar sale de convalecencia y se reconstruye la inversión.



Soluciones anticíclicas, al estilo keynesiano, no crean valor perdurable, pero dan respuesta a la falta de demanda, mientras aparecen los efectos de las acciones de fondo.



Un desempleo en ascenso, la pobreza y la destrucción empresarial son elementos que exigen medidas económicas de resultados de urgencia, de heterodoxia responsable.



El proyecto de reforma del upac es un buen paso. Aunque tenga aspectos criticables, con acierto se propone financiar el alivio de las cuotas con inversiones forzosas y remuneradas de los bancos, muy inferiores a la disminución de los encajes. Se recupera el principio filosófico de utilizar el crédito y la moneda para resolver crisis sociales.



El Congreso, el Gobierno y el Banco de la República deberían definir créditos de este último al presupuesto para pagar subsidios de vivienda social. Sería una manera de orientar la liquidez a la recuperación inmediata del empleo. Superaría la frustración crediticia que se presenta porque los bancos no transmiten los recursos a los sectores reales. La capacidad instalada ociosa evitaría presiones inflacionarias: se requieren 1'200.000 viviendas de interés social, hay capacidad para construir 120.000 por año y en la vigencia fiscal solamente se otorgan 19.000 subsidios, 11.000 por las cajas de compensación y 8.000 por el Inurbe.



La iniciativa del senador Vélez Trujillo de destinar a la vivienda popular parte de los recursos que administrará el fondo de pensiones territoriales es útil. Para que las reservas de pensiones y cesantías entren a titularizar crédito hipotecario, Fogafin, con apoyo del Banco Central, debe ofrecer garantías que den plena seguridad a estas operaciones.



Con decisiones monetarias y crediticias debería ayudarse, de manera más agresiva, a la capitalización de pequeñas y medianas empresas, cuyo dinamismo fortalece la democracia.



El comercio internacional no puede desentenderse de la crisis interna. Bastaría invocar el problema de orden público para que la comunidad internacional entendiera la utilización de cláusulas de salvaguardia, que frenen importaciones de confecciones de Asia, que cuestan mucho más en empleo que en dólares, o de vehículos, a ver si se recuperan las ensambladoras y la industria de autopartes. Hay un buen ejemplo: el arancel adoptado para el maíz, en asocio con la devaluación, permitió que la cosecha interna se vendiera a $300.000 tonelada, en el monte, sin transporte ni secamiento, cuando hace un año el precio fue de $180.000. ¡Qué bueno que los agricultores se congracien con su oficio!
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.