Javier Fernandez Riva

| 5/17/2002 12:00:00 AM

Emisión vía deuda externa

La búsqueda por parte del gobierno de una vía indirecta para financiar su déficit de recursos para gastos locales indujo la emisión monetaria más ineficiente que pueda concebirse.

por Javier Fernandez Riva

¿Sabía usted que el Banco de la República emitió $938.000 millones el año pasado, y $4,8 billones en los últimos tres años? Seguro que no, pero eso no tiene nada de raro. Tampoco sabe --y yo, menos-- cuánta lluvia cayó en ese período. Solo un experto o un coleccionista de conocimientos inútiles retendría esa información. Pero, mientras todo el mundo da por supuesto que cayó mucha agua, aunque no sepa ni le importe cuánto, la mayoría reacciona con sorpresa cuando se entera de que también se emitió un montón de plata. Eso ocurre porque durante años las autoridades y muchos técnicos han desinformado al país, presentando la emisión monetaria como cosa de todo o nada, de virtud o pecado, y no como un asunto económico susceptible de debate.



Todos los bancos centrales del mundo, excepto unos pocos a los que les fue amputado el órgano correspondiente, emiten dinero, y usualmente lo hacen «sin respaldo», esto es, sin que medie la adquisición de un activo de valor internacional aceptado, como oro o dólares. Los países les otorgan a sus bancos centrales ese poder singular para apoyar el crecimiento económico pues, si el dinero no aumenta cuando la economía se expande, la producción acaba por estrangularse. Claro que es posible excederse y generar inflación excesiva, pero también es posible quedarse corto. Los países que durante años padecieron de anorexia monetaria, como Japón o Argentina, no son, precisamente, ejemplos de buen manejo económico.



Las preguntas claves sobre la emisión son cuánto, para quién y cómo. Respecto al monto solo diré que la experiencia de los países exitosos confirma que no hay una fórmula rígida: mucho depende de si la economía está operando por debajo de su capacidad o si ya está enfrentando cuellos de botella. En Estados Unidos el saldo de la emisión creció más de 10% en los últimos doce meses, 9 puntos sobre la inflación --y toda esa emisión fue «sin respaldo»-- en medio de la aprobación general pues la economía la necesitaba.



Respecto al destino, la Constitución del 91 estableció que si hay emisión «sin respaldo» debe ser exclusivamente para el gobierno. No siempre fue así. Durante décadas el Banco de la República emitió para particulares, vía los fondos de fomento.



En cuanto al cómo, en la mayoría de los países los bancos centrales emiten pesos al comprar títulos de deuda del gobierno, y esa deuda jamás se amortiza pues el saldo siempre aumenta. Pero en los países subdesarrollados se puso de moda, hace años, y bajo la presión del FMI, que la mayor parte de la emisión se efectúe vía compra de reservas internacionales. Algunos hasta pretenden que atar el crecimiento de la liquidez doméstica al aumento de las reservas internacionales es la única vía correcta, cosa que sería considerada ridícula, con razón, en cualquier país desarrollado.



Lo cómico es que en Colombia el aumento de las reservas internacionales, principal vía para la emisión de pesos, se originó en endeudamiento externo. La deuda externa aumentó, pero no porque todos los dólares se necesitaran para comprar bienes y servicios extranjeros --si así fuera las reservas internacionales no habrían aumentado-- sino para que el gobierno pudiera hacerse a pesos vendiéndole los dólares al Emisor. No directamente, claro: una larga cadena de transacciones previas permitió ocultar el origen primigenio de las reservas compradas por el Emisor. Hubo un verdadero blanqueo de la emisión.



Dije que esa vía para la emisión era cómica, pero para los contribuyentes no resulta divertida. Cuando el gobierno se endeuda en dólares al 10% y luego vende --indirectamente-- esos dólares al Banco de la República para que este los deposite en el exterior al 3%, el costo fiscal excede todos los ahorros logrados con los cierres de hospitales y los despidos del sector público. Y ello sin mencionar el costo indirecto, por el aumento exagerado de la deuda externa visible, que acaba por inducir un aumento general de las tasas de interés pagadas por el país.



¿Será mucho pedir que el Congreso investigue y pida cuentas sobre tales costos al gobierno y a la autoridad monetaria?
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